Opinión

La movilidad del futuro pasa por decisiones valientes en nuestro presente

El transporte público y la tecnología, claves en la movilidad del futuro

La pandemia ha impactado de manera muy importante tanto en los hábitos de vida de las personas, al modificar sus necesidades de movilidad, como en los movimientos de carga, que se han intensificado a raíz del crecimiento disruptivo del comercio on-line. Esto obliga al sector de la movilidad y el transporte, como sucede en casi todas las industrias, a acelerar su transformación digital y cultural. Y es en este contexto, donde la tecnología y el desarrollo de los sistemas inteligentes juegan un papel fundamental.

La tecnología es hoy el habilitador principal que permitirá convertir en realidad el paradigma de la ya muy conocida y nombrada "movilidad sostenible". Una movilidad más conectada, segura, accesible y limpia, soportada por un transporte público eficiente que base su oferta en las necesidades reales de los usuarios.

Cabría decir que el sector afronta tres retos principales. El primero de ellos, la integración efectiva de todos sistemas de transporte y de sus datos para conseguir una verdadera oferta multimodal, integrada y eficiente al servicio de los viajeros y los tráficos de mercancías. El segundo, recuperar la confianza de los ciudadanos en el transporte público, impulsando la renovación de flotas con energía "limpia" y garantizando una mayor seguridad, confort y accesibilidad a los usuarios. Y, por último, impulsar la renovación o, en el caso de las carreteras y vías urbanas, la implantación de sistemas inteligentes para la regulación y gestión del tráfico, que permitan una explotación conectada e integrada de la movilidad en ciudades y vías de alta capacidad, al servicio de la mejor experiencia del ciudadano y una mejor gestión de los recursos públicos.

Estos retos no son nuevos; lo que ha cambiado hoy es la urgencia de acometer la importante transformación que requiere su superación. En este contexto y entre otras iniciativas, los fondos europeos Next Generation suponen una oportunidad de financiación para dar respuesta a estos desafíos de la movilidad de hoy en las ciudades y territorios.

Como explicamos en la nueva edición de nuestro ITT Report "Hacia una nueva movilidad", los datos muestran que el transporte público es cuatro veces más eficiente por pasajero-kilómetro que el vehículo privado y ninguna estrategia de movilidad futura puede dar la espalda a este dato. El transporte público debe seguir siendo el elemento vertebrador de la movilidad urbana y ha de ser quien garantice que podamos recuperar las ciudades para las personas.

Desde la industria debemos poder contribuir al desarrollo de ciudades más verdes y habitables para las personas, con el reto de reducir de forma drástica las emisiones contaminantes del transporte, impulsando flujos más limpios en los desplazamientos de los usuarios. La tecnología y sus aplicaciones nos dan las herramientas necesarias para poder crear una nueva movilidad urbana, más integrada, conectada y eficiente, con mejor experiencia para el usuario. Pero la tecnología no lo puede todo; es igualmente necesario huir de ciertos sesgos en la operación y del monopolio del "dato" o del "viajero" a partir de una transformación, o mejor dicho, una evolución cultural del sector hacia un verdadero espíritu colaborativo, nuevas estrategias de operación y modelos de negocio más eficiente en costes.

Compartir todos los datos e integrar los sistemas nos permitirá crear un modelo de planificación y operación integral e integrado que aglutine y ordene todos los medios de transporte, los datos de tráfico y la gestión de infraestructuras, ofreciendo una mejora de la movilidad verdaderamente integrada para los usuarios y una gestión de los recursos públicos más inteligente, eficaz y sostenible.

Tecnologías como las redes satelitales, el 5G, la Inteligencia Artificial, el Big Data, el reconocimiento biométrico, tecnologías de pago NFC y EMV o los vehículos autónomos son hoy una realidad, pero necesitamos impulsar su implantación en los sistemas en operación en las ciudades, así como avanzar en la formación y transformación cultural que exige su aplicación.

Para hacerlo es clave impulsar la inversión y contar con el apoyo de todos los agentes del sector. Necesitamos promover una colaboración público-privada eficaz y los fondos Next Generation y el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia son una oportunidad única para poder impulsar iniciativas verdaderamente transformadoras a largo plazo, resolviendo alguno de los problemas estructurales del hoy.

Además, es importante que seamos capaces de cambiar el foco de nuestras inversiones y que reforcemos el valor y papel fundamental de las estrategias de conservación, renovación y mantenimiento de las infraestructuras y sistemas de transporte existentes. España ha destinado el 80% de la inversión a nueva infraestructura y solo el 20% a mantenimiento, un desequilibrio que sin duda no está alineado con las estrategias de desarrollo sostenible a las que estamos obligados y que debemos poder corregir. Nuestro país puede presumir de las infraestructuras del transporte más desarrolladas en el mundo. Es ahora cuando debemos saber identificar las posibilidades que nos otorga la tecnología para impulsar un nuevo modelo de conservación más inteligente y eficiente, que nos permita dar un salto de gigante en la optimización del uso de las infraestructuras y en la mejora de su capacidad y seguridad. Sin duda, una necesidad de toda política responsable de inversión en infraestructuras.

Pero más allá del impulso que puede dar la colaboración público-privada a la financiación de estas iniciativas, es muy necesario que los Gobiernos apoyen a la industria y al sector en su conjunto con cambios legislativos transformadores y valientes, que permitan afrontar con garantías los retos de inversión y gasto que tenemos por delante.

En España, la nueva Ley de Movilidad Sostenible, impulsada por el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, no debiera perder la oportunidad para convertirse en un referente internacional con un espíritu renovador y trasversal, donde se establezcan, más allá del reparto competencial en materia de transporte, los pilares para una planificación y una gestión de los recursos y servicios públicos más eficiente, integrada y colaborativa, y en el marco de un modelo financiación también más eficiente con el que poder afrontar con solvencia los retos de sostenibilidad y digitalización en los que se encuentra todo el sector.

La movilidad afronta un reto enorme, pero tenemos en nuestra mano las herramientas tecnológicas y, desde luego, la necesaria acción política y legislativa para poder superarlo, creando una nueva forma de movernos más conectada, limpia y segura y con un mejor servicio para los ciudadanos, pero también ayudando a una mayor eficiencia y eficacia en la gestión de los recursos públicos.

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