Opinión

Latinoamérica, clave en la transición energética global

  • Este sector es responsable de casi el 50% de las emisiones de efecto invernadero de la región
La transición energética plantea un cambio de época a escala global en el que América Latina puede tener un gran peso.

"Si no actuamos de forma contundente, el cambio climático y el aumento del nivel de los mares va a acabar con uno de los tesoros más grandes que tiene Dominicana, sus playas". Estas palabras de Luis Mejía, CEO de EGE Haina, en el V Congreso empresarial iberoamericano CEAPI, celebrado en Punta Cana el 1 y 2 de junio, y que reunió a más de 300 empresarios con el presidente dominicano, Luis Abinader; su ministro de Industria y Comercio, Ito Bisonó y el secretario general iberoamericano, Andrés Allamand, aluden a uno de los grandes retos que tiene por delante la región. Me refiero a la apuesta por las energías renovables como herramienta para combatir el cambio climático. Y como vector para impulsar un crecimiento sostenido y sostenible en un mundo que avanza hacia la transformación energética.

El mundo en general e Iberoamérica en particular afrontan un cambio de época, un tiempo de incertidumbre y, por ende, grandes desafíos. De entre esos muchos retos, el energético es uno de los más importantes.

Lo es en una doble dimensión: primero porque la región necesita apostar por las energías renovables para reducir su huella de carbono, la deforestación y la agresión al medio ambiente. El sector energético de América Latina es responsable de casi el 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la región, y en torno a un cuarto de estos provienen de la generación de electricidad con combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas). El transporte y la agricultura también representan una parte significativa de estas emisiones relacionadas con la energía.

Y, en segundo lugar, los países iberoamericanos están llamados a tener un rol protagónico en la actual coyuntura mundial de crisis e incertidumbre energética acelerada por la invasión rusa a Ucrania y las sanciones a Rusia. Esta coyuntura ha provocado tensiones inflacionistas, alza de precios e interrupción en las cadenas de suministro.

"La crisis energética y el desafío renovable" fue abordada en una de las mesas de debate del V Congreso iberoamericano CEAPI, donde personalidades y expertos como Luis Mejía, Gilberto Marín, presidente de Alquimara (México); Altagracia Gómez, presidenta del consejo de Grupo Minsa (México); Rafael Vélez, presidente de Atabey Capital LLC (Puerto Rico) y Juan María Nin, presidente de Morabanc (Andorra) llegaron a cinco grandes conclusiones, claves para afrontar el reto de la transición energética a la que está abocada Iberoamérica si no desea quedar al margen de la revolución tecnológica y de un desarrollo sostenible socialmente y sustentable medioambientalmente.

En primer lugar, está claro que el cambio climático ya es una realidad y no una especulación teórica o a largo plazo. El mundo ya no se plantea si va a haber o no subida de temperaturas, sino de qué magnitud va a ser: un incremento que puede rondar un grado y medio o, incluso alcanzar los 2 o hasta los 5 grados. Según Nin, "en cualquiera de los escenarios futuros la situación es muy delicada a no ser que hagamos algo rápido. Aún estamos a tiempo, pero cada vez tenemos menor margen".

Potencia mundial

Ante ese amenazante panorama, una de las formas de combatir el cambio climático es apostar de forma decidida por las energías renovables, terreno donde Iberoamérica tiene potencial para ser potencia mundial. América Latina tiene muchos de los ingredientes necesarios para llevar adelante la transición hacia las energías renovables: un enorme potencial solar y eólico e industrias locales en creciente desarrollo. Sin embargo, su talón de Aquiles se sitúa en la financiación para completar tal transición ya que ésta es todavía insuficiente y afronta numerosas barreras a superar para revertir la situación.

Por eso, en tercer lugar, la apuesta por las energías renovables implica grandes inversiones y necesidades de financiación. Por ese motivo, los países que aspiran a ser receptores y a recibirlas deben crear marcos regulatorios basados en la seguridad jurídica para captar inversiones de largo plazo. Sin esa condición previa, el acceso a capital, crédito y liquidez no podrá tener lugar. La Agencia Internacional de Energía calcula que los países emergentes, donde se halla gran parte de la región, necesitarán un billón de dólares por año de ahora a 2050 para financiar su transición energética.

En cuarto lugar, el rol de las políticas públicas debe estar basado en promover el acceso al crédito y al capital para desarrollar inversiones de impacto social y medioambiental. Y este compromiso de los gobiernos para impulsar una transición energética, movilizar y atraer la financiación en América Latina para ello requerirá superar una serie de obstáculos. El inicial, el coste de capital, que es superior al de los países desarrollados y a otras regiones emergentes por la volatilidad de la economía, la inestabilidad política y la existencia de sistemas financieros poco desarrollados.

La meta final

El objetivo final es que esas inversiones sean sostenibles social y medioambientalmente. Como señala Altagracia Gómez, "vivimos un momento de preeminencia de los Derechos Humanos de tercera generación que incluyen temas globales como el del ´medio ambiente. La pandemia ha demostrado que ninguno estamos seguros hasta que todos lo estamos".

Finalmente, la sociedad civil, sector privado empresarial incluido, y en especial los jóvenes deben organizarse y movilizarse a fin de presionar a las administraciones para lograr que se pongan en marcha este tipo de políticas públicas. En palabras de Gilberto Marín, "lo más positivo que yo veo es la juventud y nosotros como empresarios debemos preocuparnos por esas nuevas generaciones como agentes de cambio a largo plazo" para superar la visión cortoplacista de algunos políticos, más preocupados por las próximas elecciones.

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