Opinión

Un mayor lastre para el consumo

La escalada de los precios supondrá un elevado recorte en el poder adquisitivo de los hogares españoles que, según la consultora Freemarket, llegará a superar el 12%.

Esto supone que las familias españolas dispondrán de 220 euros menos de media al mes que en el año anterior. El comportamiento de la inflación, que volvió a repuntar en mayo, apunta a un cierre del año con tasas muy superiores a las previstas hace tan solo unas semanas, en cotas del 7,5%. Se aviva así el temor a la estanflación, cuya sombra ya asoma en otras grandes economías europeas como Francia y Alemania, tras unos decepcionantes datos de crecimiento. Pero que resultaría especialmente dañina en España, la única economía de la UE que no ha recuperado aún los niveles de PIB previos a la pandemia. En su reciente revisión del cuadro macro, el Gobierno proyectaba un crecimiento económico del 4,3%. Pero el mal comportamiento del sector exterior, que dispara el déficit por cuenta corriente, junto al lastre que para el consumo interno implica la reducción de poder adquisitivo, amenaza con convertir en papel mojado estas previsiones. Con una inflación subyacente que roza el 5%, la capacidad del Ejecutivo para tratar de revertir esta situación es cada vez más limitada. Pero resulta sorprendente que su estrategia vaya en dirección contraria, al defender medidas electoralistas como la subida de las pensiones ligadas a un IPC desbocado, la elevación artificial de la oferta de empleo público, o la interferencia en la negociación colectiva animando a alzas de sueldos sin tener en cuenta la productividad. Decisiones que empeorarán los efectos de la inflación en el consumo y, en consecuencia, reducen el margen para evitar el alto riesgo de estanflación.

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