Opinión

La tardía dimisión de Francisco González en BBVA

Francisco González dimite "temporalmente" de la Presidencia honorífica de BBVA. En la renuncia, hace gala de un inaudito sarcasmo al asegurar que se aparta con el fin de evitar que su persona se use "para dañar a la entidad".

Sólo pueden chocar estas palabras cuando provienen del único responsable de que la credibilidad de BBVA sufra un desgaste extremo. Fue González quien pisó todo, incluido el prestigio del banco, para atrincherarse de forma cerril en su puesto y desoír la ingente acumulación, en múltiples frentes, de indicios y llamamientos en su contra.

Así ocurrió en el ámbito periodístico.Los hechos que el ya expresidente honorífico se permite descalificar como "agresión mediática" equivalen, en gran parte, a la publicación en elEconomista de pruebas veraces que apuntan a González como instigador de las relaciones de BBVA con el excomisario Villarejo.

Esas informaciones lo señalan igualmente como pleno conocedor de la ilegalidad de los espionajes del expolicía y, de hecho, impulsaron a las más altas autoridades financieras (BCE, AEB, Economía, CNMV...) a reclamar al banco que actuara contra un directivo carente de presunción de honorabilidad.

Con todo, el exprimer espada de BBVA siguió velando sólo por su propio interés, aun cuando el juez que instruye el caso Villarejo incluyó su nombre en el sumario y empezaron a presentarse las primeras denuncias (la última, del exvicepresidente de la CNMV, Carlos Arenillas). Hizo falta que BBVA llegue a las puertas de una junta de accionistas decisiva, en la que se ha puesto en riesgo la ratificación de Carlos Torres como consejero, y que González esté abocado a la imputación para que ceda. Una dimisión tardía y que ya ha salido muy cara a la reputación del banco.

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