Opinión

Cuando la cabeza no para y 6 claves para detener los pensamientos anticipatorios

Cada ser humano encierra a un filósofo, a un librepensador. En ocasiones, además, el "atrévete a pensar" kantiano se nos queda corto, pues el razonamiento adquiere vida propia: buscamos explicaciones en conjeturas imposibles, nos cuestionamos principios elementales y nos sumergimos en dédalos irresolubles cuyo único resultado es la obsesión y la pérdida inane de energías.

La reflexión forma parte de la propia experiencia, el análisis constituye una fase fundamental en la resolución de conflictos, pero resulta imprescindible aprender a tamizar los problemas y distinguir entre las preocupaciones cotidianas que dependen exclusivamente de nuestras decisiones de aquellas otras en las que no somos enteros protagonistas y que, por esta razón, entran en el bucle de los asuntos pendientes y se acompañan de insomnio, agotamiento, irritabilidad o tensión.

El género influye: ellas son más propensas al pensamiento en bucle

Todos los seres humanos, en su condición de tales, están expuestos a lo largo de su vida a este modelo de pensamiento obsesivo, si bien está demostrado que la variable género influye sobremanera a la hora de ser proclives a padecerlos.

Las mujeres tienden más a sopesar y a analizar pormenorizadamente cualquier tipo de dificultad, a cuestionarlo y cuestionarse todo, por lo que son más vulnerables a esta clase de interminables reflexiones.

Los esquemas cognitivos en las mujeres son mucho más prolijos y complejos que los que se producen en los varones: ellas tienden a contemplar los problemas bajo numerosísimas ópticas, a través de multitud de prismas, mientras que -ante un estímulo similar- el hombre es más resolutivo, lo toma o lo deja, pasa enseguida a la acción.

Lo que realmente subyace tras ese pesar y sopesar las cosas, dándoles la vuelta del derecho y del revés, es la fantasía ilusoria de que cuanto más se reflexione sobre un mismo tema más eficaz será la solución que se encuentre al mismo.

Obviamente, esto no siempre es así -tal vez ni siquiera la mayor parte de las veces-, sino que en ocasiones resulta más eficiente actuar rápidamente, con el consiguiente alivio derivado de la elusión de tan destructivos pensamientos.

La tecnología que no ayuda

Nuestra mente se ha convertido en un almacén sobresaturado de información, redes sociales, mensajes de móvil, mails pendientes, etc. Muchas personas acuden a las sesiones de coaching con lo que denominamos como síndrome del burn-out, que viene a traducirse como tener la cabeza abrasada con tanta preocupación o proceso incompleto.

Los síntomas que acompañan a este tipo de padecimiento son los relacionados con el TAG (trastorno de ansiedad generalizada) y se deben a una sobreactivación de la mente, acuciada por preocupaciones excesivas e incontrolables (relativas al trabajo, a la salud, económicas, etc). Influyen en la persona física y psicológicamente, produciendo elevados niveles de estrés, mala calidad de vida, enfermedades y deterioro de los vínculos afectivos.

La incertidumbre sana

La naturaleza y la índole de nuestros pensamientos van a ser determinante en nuestra salud emocional. La reflexión debe constituir el procedimiento lógico para llegar a conclusiones, pero enfangarnos en procelosas arenas movedizas consistentes en tantear infinitas opciones y en darle muchas vueltas a las cosas nos conduce al marasmo y a la parálisis.

El primer paso a dar debe ser detectar qué pensamientos tienen que ver con una problemática concreta, como puede ser una situación de desempleo o no poder pagar un alquiler, que requieren una resolución inmediata o a corto plazo, diferenciándolas de lo que son elucubraciones y especulaciones vanas sobre lo que está por venir.

Esta diferenciación es crucial, hay que aprender a volcarse sobre los problemas más apremiantes, así como tolerar la incertidumbre en los casos en los que no se tiene absoluta capacidad de resolución y se depende de factores exógenos.

Debemos asumir el hecho cierto de que la vida no siempre nos pone certezas en el camino, por lo que debemos convivir con el desasosiego de la duda y la indecisión.

Algunos consejos prácticos para soltar los pensamientos en bucle

* La sobreactivación mental no te permite vivir el presente, así que desconecta cada vez que reconozcas esa tendencia.

* Prueba a apuntarte a algún grupo de Mindfulness. Ya son muchos los especialistas que lo recomendamos como una forma interesante de acallar tranquilizar la mente saturada.

* Focaliza en el aquí y ahora.

* Autorregular la atención requiere de entrenamiento. Prueba toda actividad que te ayude a tener consciencia plena.

* Aprende a ajustar el grado de preocupación a la importancia real de los problemas.

* Recuerda que los pensamientos son solo eso, pensamientos, y no la realidad concreta

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