Opinión

Estado de la nación: demagogia y populismo

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El actual Gobierno sigue sin darse cuenta o no quiere reconocer que no tienen los votos suficientes para gobernar. Lo mejor sería convocar elecciones anticipadas y lo antes posible para así resolver el embrollo actual, aunque parece que ni el barómetro del CIS sobre intención de voto le anima a ello. ¿Será verdad, entonces, lo que nos dice el barómetro?

Aquella moción de censura ganada por Pedro Sánchez con el apoyo de la izquierda que odia el modelo que surgió del 78, así como otra amalgama de siglas e ideas, configuran una forma de gobernar espuria. El uso abusivo del real decreto del que nos alertan los juristas, temas abordados que obedecen a técnicas de mercado más que a necesidades, campañas de imagen cuestionadas incluso entre los suyos... No, no se crean que en el terreno económico es diferente, aquí la tónica general es el populismo de la izquierda bolivariana, los cambios de rumbo constantes, los desmentidos, por supuesto nuevos impuestos, el odio a todo lo que sea ahorro y fórmulas para ciudadanos que con su esfuerzo contribuyen al desarrollo del país y a su bienestar en un ejercicio de previsión.

En el terreno del populismo tenemos la cuestión de las sicav. Desde hace mucho tiempo, por la marcada inquina que existe en este país sobre el ahorro, se ha generalizado la crítica a un instrumento de inversión colectiva denominada sicav. La crítica deformada de la realidad es que esta figura es la utilizada por las grandes fortunas para no tributar, afirmación que es una mentira absoluta. Si los que esto manifiestan saben de lo que hablan entonces es una manipulación extrema de la realidad.

Las sicav son una figura de Institución de Inversión Colectiva regulada desde Bruselas y que existen en todos los países de Europa. En España su legislación es de las más restrictivas, por ejemplo en cuestión del número de accionistas mínimo, donde es necesario reunir al menos a cien. No desde luego en Venezuela, donde no existe.

Pues bien hay que decir que este vehículo de inversión para ricos, según los populistas y demagogos, desde la reforma del año 2010 sobre la tributación de las reducciones de capital, tiene el mismo tratamiento fiscal que los fondos de inversión. Perdón, no es así, para alguien que es accionista de una sicav de derecho español que ostente más del 5% de su capital, es más restrictiva, pues no está exenta la reinversión en otra institución de inversión colectiva. La manipulación sobre este instrumento de ahorro llega hasta tal punto que cuando hablan de que ser accionista de una sicav es para ricos, desconocen, o por mala fe silencian, que la mayor parte de todos los que tienen en un fondo de inversión extranjero, lo que realmente tienen es una sicav no un fondo de inversión. Odian absolutamente todo lo que no dependa de su poder, es decir, todo lo que sea privado. El ejemplo, las Instituciones de Previsión Voluntaria conocidas como los fondos de pensiones, estos demagogos son tan incultos que no saben que además están los Planes de Previsión Asegurados y las Entidades de Previsión Social Voluntaria de Euskadi.

El tema de la Previsión Voluntaria es muy rico y daría para confrontar la amalgama de siglas que aglutina el presidente no votado por los españoles de forma mayoritaria, el Sr. Pedro Sánchez. Fíjense si es curioso que el Elkarkidetza, la EPSV sin ánimo de lucro que tiene como objetivo complementar las pensiones de la Seguridad Social Pública Vasca, se creó en 1986 y si hoy van a Euskadi su popularidad es máxima. Repito, es el complemento a las pensiones de los funcionarios vascos, ¿dónde está la visión esa de que los fondos de pensiones son para ricos?

No debe ser tan mala idea cuando el propio Pedro Sánchez tiene un fondo de pensiones al igual que la mitad de sus ministros. ¿Cuál es la razón para renegar de los planes de pensiones cuando ellos también hacen uso de ellos? Últimamente vamos un paso más allá de verter estiércol a espuertas para envenenar a la opinión pública, también lo que quieren es comprometer el futuro de nuestro país. La última ocurrencia es cargarse el techo de gasto y las limitaciones de déficit público. En una visión espuria de mercadotecnia populista de cara a las votaciones argumentan las bondades del déficit público. Uno se pregunta donde está la maravilla de incrementar una deuda, ya en línea de un 100 por cien sobre el PIB. Habría que recordarles que esos niveles llevaron a Grecia a la intervención por parte de la troika, donde Tsipras comulgó con ruedas de molino. Es curioso que hoy los de Podemos no saquen en prensa ni alardeen de las fotos con el primer ministro griego, ni de su hermanamiento con Syriza.

Un aumento descontrolado del gasto público llevaría a un aumento de la ratio de endeudamiento del Estado sobre el PIB. Ese aumento, precisamente cuando estamos a punto de ver cómo el BCE va a dejar de comprar deuda pública, sería suicida. ¿Recuerdan la prima de riesgo? Hoy está controlada gracias a las compras del BCE. Un aumento de la misma es más que posible el día que deje de comprar, donde además si se descontrolan las emisiones públicas, nos conduciría a una bajada de rating con las implicaciones de coste que eso tiene. Me pregunto si la ministra de Economía, Nadia Calviño, antigua Directora de Presupuestos de la CE, no debería pronunciarse sobre el tema y no estar silenciosa y sin decir nada.

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