Opinión

Trump, ¿más cerca del 'impeachment'?

  • Pese a todos los escándalos, mantiene el apoyo de su base electoral
Un ciudadano estadounidense muestra su apoyo a la reelección de Trump en 2020. Imagen de EFE

Ha sido una semana de noticias pésimas para Donald Trump. Su exjefe de campaña, Paul Manafort, condenado por fraude fiscal y estafa bancaria. Su exabogado, Michael Cohen, admite haber violado la Ley Electoral por orden de Trump con el objetivo de influir en las elecciones.

Dos casos consecutivos aunque separados. El de Manafort involucra la investigación del fiscal especial Robert Mueller de una interferencia rusa en las elecciones de 2016 y una potencial obstrucción a la Justicia. En círculos demócratas se argumenta que la condena de Manafort demuestra que la investigación de Mueller "está lejos de ser una caza de brujas". Por su parte, Cohen reconoce que él y Trump habían arreglado un pago para silenciar a la estrella porno Stormy Daniels y a una exmodelo de Playboy para influenciar las elecciones.

Fiel a su estilo Trump contraataca negándolo todo. Parece seguir convencido de poder indultarse a sí mismo. Acusa a su exabogado de mentir sobre el encubrimiento del pago de sobornos a dos examantes para conseguir un acuerdo con la Justicia. Niega asimismo haber incurrido en una violación de las leyes electorales. Pero Cohen continuará cooperando con los investigadores (Manafort, presionado, acabará haciéndolo para suavizar la sentencia). Otros hechos -como poco, indecorosos- verán la luz.

Prácticas ilegales durante la campaña y adulterio negado vehementemente. Nada nuevo en la historia política norteamericana. Vienen a la memoria los casos Watergate y Lewinsky.

Si bien es cada vez más evidente que hizo trampa, sobornó y mintió durante la campaña de 2016, Trump sigue contando con el apoyo incondicional de su base electoral

La pregunta es pues cómo afectará lo sucedido a Trump. Si bien es cada vez más evidente que hizo trampa, sobornó y mintió durante la campaña de 2016, el magnate sigue contando con el apoyo incondicional de su base electoral. Pese a todo lo argumentado contra el presidente, buena parte de la población sigue respaldándolo. Reportajes sobre los despropósitos y desvaríos del mandatario son rechazados por sus simpatizantes como propaganda y campañas de desinformación. Las difamaciones contra la "prensa mentirosa" bautizada por Trump como "su enemigo público número uno" acuñando el término fake news son alentadas a diario por el propio dirigente con sus tuits incendiarios.

Trump también desafía la capacidad de los medios de "separar lo grave de lo sensacionalista". El riesgo es grande y se llama Síndrome de fatiga de Trump, (TFS, por sus siglas en inglés). Sobornos y corrupción, escándalos sexuales, tormentas de furia presidencial por Twitter, ataques directos a la prensa nunca vistos... Hace apenas unos años cualquiera de esos supuestos hubiera sido suficiente para un impeachment o proceso político de destitución. Si su objetivo era precisamente el de confundir lo está logrando. Una encuesta de Pew difundida a principos de verano reveló que siete de cada 10 norteamericanos se sienten agobiados por la avalancha de noticias.

El magnate, en su acostumbrado tono bravucón, advirtió en una entrevista con el canal conservador Fox News que si le someten a impeachment los mercados se desplomarán. Aseveración vacía que solo puede interpretarse habida cuenta de la fatuidad del personaje: "No sé cómo puedes hacer un juicio político a alguien que ha hecho un trabajo excelente".

Más peso tiene el aviso de Rudy Giuliani, abogado del presidente, de que "el pueblo estadounidense se rebelaría" si el mandatario fuera destituido a consecuencia de un impeachment. EEUU es un país profundamente dividido. El exalcalde de Nueva York ha afirmado que "no hay motivo" para una acusación formal y considera "inevitable" que cualquier intento de juicio político fracase.

Cualquier miembro de la Cámara de Representantes del Congreso puede poner en marcha el impeachment si sospecha "traición, soborno u otros delitos de alto nivel". Si una mayoría simple de la Cámara Baja aprueba las acusaciones el proceso pasa a juicio. Preside el magistrado principal de la Corte Suprema, mientras los miembros de la Cámara actúan como fiscales y el Senado como jurado. El presidente puede designar abogados defensores. Al final del juicio, el Senado vota. Si al menos dos tercios le consideran culpable se produce la destitución del acusado y su inhabilitación para desempeñar otros cargos públicos.

Los republicanos son fuerza mayoritaria en ambas Cámaras. De momento, es impensable que se rebelen contra su líder. Sin embargo, en noviembre se celebran las midterm elections (elecciones a mitad de mandato). Los reveses judiciales de personas cercanas al gobernante han encendido las alarmas entre los republicanos que temen un serio revés político. Si los demócratas les arrebatasen la mayoría, cosa improbable hasta ahora, el juicio político volvería a ser una posibilidad real. De hecho, en estos meses el impeachment se convertirá en el tema que defina los cruciales comicios legislativos.

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