Opinión

Grave equivocación de Trump con Irán

Hace tres meses EEUU abandonaba el acuerdo nuclear de 2015 con Irán. Como ya escribí en mayo la Casa Blanca carecía de pruebas de que Teherán hubiera faltado a las obligaciones estipuladas. Irán insiste en que su programa nuclear es pacífico y el cumplimiento de sus compromisos ha sido verificado por la Agencia Internacional de Energía Atómica. Lo que mueve a Washington es su alianza con Israel y Arabia Saudí, archienemigos de Irán. Argumenta que el acuerdo nuclear permitió a este país adoptar una política regional más activa fortaleciendo su presencia militar en Siria. Además las monarquías del Golfo acusaron a Irán de apoyar a los rebeldes hutíes de Yemen con dinero y armas.

La economía iraní está severamente afectada. La presión interna es enorme. Casi a diario hay acciones de protesta en el ámbito doméstico. La Administración Trump busca enfurecer a la ciudadanía para presionar al Gobierno de Hasan Rohani. Está imponiendo fuertes sanciones a sectores clave como el petrolífero (es uno de los mayores productores del mundo, con exportaciones que representan miles de millones de dólares al año), el automovilístico o el financiero. Esta política va acompañada de la presión norteamericana sobre sus aliados para que sigan sus pasos, pese a que el resto de signatarios del acuerdo se ha mostrado siempre en contra de su cancelación.

Incluso antes de que las sanciones financieras estadounidenses entren en vigor esta semana, la caída de la moneda iraní ha sido masiva. El rial se debilita por la inflación y la falta de divisas. El desempleo aumenta. El objetivo del castigo aparece cada vez más claro: forzar un cambio de régimen.

En medio de la tensión geopolítica provocada, Trump sugiere -como siempre vía Twitter- un encuentro con su homólogo Rohani "sin condiciones previas" y "en cualquier momento que lo desee". Si el encuentro llegara a producirse, sería el primero entre los mandatarios de ambos países desde antes de la revolución iraní de 1979. De modo brusco y súbito el veleidoso Trump ha variado su discurso. Algo que recuerda al periodo previo a su reunión con el norcoreano, Kim Jong-un. Un encuentro que tuvo lugar tras intercambio de insultos y amenazas. Puede que el magnate considere que este juego mezcla de intimidaciones y concesiones funcione. Si de verdad lo pensó con respecto a Corea del Norte se está viendo que poco ha logrado y que es el dictador Kim quien sigue manejando la situación.

Por otro lado, los casos de Teherán y Pyongyang son muy distintos. Por una serie de razones, las posibilidades de éxito para Trump en el caso de Irán no son muy buenas. Primero porque ya trató de entablar conversaciones con Rohaní en el pasado. Según informaciones iraníes, lo intentó ocho veces al margen de la Asamblea General de Naciones Unidas. En se-gundo lugar, parece haber diferentes puntos de vista al respecto en la misma Administración estadounidense. El Secretario de Estado, Mike Pompeo, sin ir más lejos, sí nombra condiciones para un encuentro de ese tipo. El consejero de Seguridad, John Bolton, parece querer obligar a Irán a capitular. Es más, hace casi un año, Bolton que entonces aún no ocupaba el cargo, ya presentó un plan detallado para abandonar el acuerdo.

El tercer elemento diferenciador es, acaso, el más importante. Irán no está tan aislado como Corea del Norte. Rohani acaba de concluir una gira por Europa. No depende de imágenes en una cumbre para fines propagandísticos. Es más: teniendo en cuenta los diferentes centros de poder y la postura escéptica del poderoso líder religioso Alí Jamenéi, una reunión con Trump podría ser incluso contraproducente para el mandatario reformista. Sin olvidar que Rohani no tendría ningún motivo para negociar un nuevo convenio nuclear con EEUU, al ser precisamente los norteamericanos los que abandonaron el pacto existente. En todo caso Teherán exigiría que EEUU volviera a declarar a favor del acuerdo. Es lo que Hamid Abutalebi, asesor del presidente Rohani, tuiteó en respuesta a Trump: que "volver a lo estipulado" y "respetar los derechos de la nación iraní" sentaría las bases para el diálogo. En general, en las esferas políticas iraníes, las reacciones han sido muy negativas. Se pueden resumir en la frase "EEUU no es fiable". El vicepresidente del Parlamento, Ali Motahar, llegó a afirmar que hablar con Trump "sería una humillación". En el actual ambiente envenenado un mal paso en los múltiples conflictos regionales (Siria, Irak, Yemen…) o un cálculo erróneo en el estratégico estrecho de Ormuz llevarían a la catástrofe.

La burda táctica de Trump es un desatino que solo conseguirá que los reformistas pierdan terreno ante los halcones. Salir del acuerdo nuclear fue un error. Humillar a los iraníes lo agrava.

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