Opinión

Preocupante división patronal

Antonio Garamendi, presidente de la CEOE

La CEOE y los sindicatos han dado el visto bueno a las líneas generales de la reforma laboral. Pero eso no quiere decir que la patronal acepte por unanimidad la normativa. Tanto es así que en la reunión ha habido destacadas abstenciones, como la de la patronal madrileña CEIM, la catalana Foment, o la de los autónomos UPTA.

 Asaja también se ha negado porque considera que la reforma es genérica y no resuelve los problemas del campo. Dichas asociaciones confirman que sus abstenciones deben valorarse como un rotundo "no" a la nueva legislación. Se trata de una posición adecuada ante un acuerdo que no supone ganancia alguna en la competitividad de las empresas. De hecho, la mejor valoración que se puede hacer del texto es que no dilapida los principales hitos logrados por la reforma laboral de 2012. Así, en puntos clave como los convenios, lejos de la pretensión inicial del Gobierno, el texto mantiene la prevalecía de los de empresa sobre los sectoriales, excepto en el ámbito de los salarios, lo que abre la puerta a trasladar las presiones inflacionarias a éstos. Por contra, se permita el descuelgue respecto a las horas trabajadas. Algunos sectores, como es el caso de la construcción, están satisfechos a priori por la prevalencia del contrato fijo discontinuo para la realización de trabajos de naturaleza estacional.

La nueva reforma laboral del Gobierno no supone ganancia alguna en la competitividad de las compañías

Pero más allá de estos aspectos, la reforma no mejorará la competitividad de las empresas ni su capacidad para crear empleo. Por tanto y aunque se pueda pensar que los empresarios "han salvado los muebles" evitando "el mal mayor" que era la derogación total de la norma de 2012, se echa de menos una mayor ambición de la patronal, lo que ha provocado su división, en la negociación de aspectos como, por ejemplo, el absentismo laboral.

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