Opinión

¿Un paso real hacia una UE más fuerte?

La UE dio a conocer el 1 de diciembre su plan de apoyo al desarrollo de infraestructuras en todo el mundo: el Global Gateway. El plan pretende movilizar 300.000 millones de euros entre 2021 y 2027 en proyectos de conectividad en todo el mundo, y especialmente en los ámbitos digital, climático y energético, de transporte, sanitario, educativo y de investigación.

La justificación de esta iniciativa es clara: el mundo necesita grandes inversiones en infraestructuras. El Banco Mundial estima que para alcanzar objetivos globales clave -como la protección del clima y el medio ambiente; el acceso universal a la energía, el agua y el saneamiento; una mayor movilidad; la mejora de la seguridad alimentaria- el mundo debe invertir en infraestructuras alrededor de 1,3 billones de euros al año.

China comprendió la importancia estratégica del desarrollo de las infraestructuras mundiales hace una década y lanzó en 2013 la conocida Belt and Road Initiative (Iniciativa de la Franja y la Ruta). Con el fin de ofrecer una alternativa al enfoque chino para el desarrollo de infraestructuras mundiales, los líderes del G7 se comprometieron en junio de 2021 a poner en marcha nuevas asociaciones de infraestructuras "impulsadas por valores, de alto nivel y transparentes". Mientras Estados Unidos lanzaba su Build Back Better World y el Reino Unido su Clean Green Initiative, la UE presentaba su Global Gateway.

La Comisión Europea presentó la iniciativa como "un modelo de cómo Europa puede construir conexiones más resistentes con el mundo", pero los críticos no tardaron en rechazar la iniciativa, alegando que representa un reempaquetado de los instrumentos existentes en lugar de dinero fresco de la UE.

Sin embargo, este punto de vista no tiene sentido. La UE y sus Estados miembros son ya el primer donante mundial de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). En equivalente de subvención (una metodología en la que sólo se informa de los elementos de subvención de los préstamos, en lugar de sus valores totales), desembolsó 66.800 millones de euros en 2020, es decir, el 46% del total mundial. Así pues, lo que realmente necesita Europa no es principalmente añadir nuevos recursos, sino utilizar los existentes de forma más estratégica.

Para poner las cosas en perspectiva, entre 2014 y 2018 la UE y sus Estados miembros proporcionaron alrededor de 350.000 millones de euros en equivalente de subvención de la AOD, mientras que la Belt and Road Initiative -a la que de alguna manera pretende enfrentarse Global Gateway- se estima que ha proporcionado alrededor de 200.000-400.000 millones de euros en préstamos en el mismo período. Dado que una subvención representa un esfuerzo financiero mucho mayor que un préstamo, el esfuerzo de Europa como donante es, por tanto, muy superior al de China, y al de cualquier otro país.

El problema de la acción de la UE es que tradicionalmente se ha fragmentado en innumerables iniciativas, emprendidas tanto a nivel comunitario como nacional. Una fragmentación que ha provocado solapamientos, lagunas, ineficacia y falta de posicionamiento geopolítico.

La UE ha tomado recientemente dos medidas para reducir esta fragmentación y aumentar la coherencia y de su acción exterior.

Por un lado, la Comisión Europea ha combinado recientemente su financiación para la vecindad y el desarrollo internacional en un instrumento único, el Instrumento de Vecindad, Desarrollo y Cooperación Internacional (NDICI), dotado con 79.500 millones de euros para el periodo 2021-2027.

Por otro lado, ha puesto en marcha el paquete Team Europe, que combinando recursos de la UE, sus Estados miembros, el Banco Europeo de Inversiones y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, está proporcionando alrededor de 40.000 millones de euros a los países socios para hacer frente a las consecuencias sanitarias y socioeconómicas de la pandemia.

Global Gateway representa otro paso importante en este proceso de consolidación de la financiación del desarrollo en Europa, y uno importante debido a su enfoque en la cuestión estratégica del desarrollo de infraestructuras y la conectividad.

También es importante subrayar que Global Gateway se centra en la experiencia, junto con la asistencia financiera. Esto es importante, porque la creación de un entorno propicio para atraer inversiones en los países socios -con acciones como el apoyo a la reforma de los marcos normativos, o el apoyo técnico para el desarrollo de proyectos de infraestructuras- representa un factor vital para garantizar la escala y la durabilidad a largo plazo de las acciones de desarrollo, más allá de los proyectos individuales de infraestructuras.

Las inversiones en infraestructuras representan la forma material de llevar a la práctica los objetivos de desarrollo sostenible. La acción climática requiere plantas de energía renovable, redes eléctricas e infraestructuras de recarga de vehículos eléctricos, exactamente igual que la salud requiere hospitales, la educación requiere escuelas o la conectividad requiere puertos. Al promover los valores de Europa en el mundo, el Global Gateway puede convertirse también en el brazo exportador de una nueva política industrial de la UE.

Por un lado, ayudaría a cumplir los compromisos internacionales de la UE, como el de la financiación del clima, apoyando a los países socios en la aplicación de sus programas de desarrollo sostenible. Por otro lado, permitiría a la industria de la UE entrar en nuevos mercados de rápido crecimiento, lo que supondría una victoria para la política industrial de la UE. Además, contribuiría al desarrollo económico de los países socios de la UE, proporcionando un inestimable dividendo en política exterior para la UE.

En términos geopolíticos, Global Gateway puede ayudar a la UE a posicionarse mejor en la carrera mundial de las infraestructuras y la conectividad. Una cooperación basada en normas y centrada en un conjunto claro de prioridades podría representar una alternativa atractiva a la Belt and Road Initiative china en varios países socios, empezando por África. Al ampliar la cooperación en proyectos de infraestructuras económicas y sociales, la UE tiene así la oportunidad de promover sus valores y su visión de la sostenibilidad de forma tangible y duradera.

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