Opinión

Perjuicio extra al tejido industrial

Altos precios de la energía y pérdida de competitividad para la industria

La vicepresidenta Teresa Ribera se reunió con los representantes de la gran industria española para explicarles las medidas que el Gobierno ha tomado ante la escalada del precio de la electricidad desde el pasado junio.

No es mucho lo que la también ministra de Transición Ecológica puede transmitir hasta ahora a los responsables de tan importante actividad económica. Desde la semana pasada, la medida estrella del plan de acción energético del Gobierno es la futura reforma de la tarifa eléctrica regulada (el llamado PVPC). Este cambio aún se demorará meses y, lo más importante, no afecta a la industria ya que es ajena a ese régimen tarifario. Ante la falta de paliativos reales, el sector afronta un horizonte muy preocupante, dominado por la expectativa de que su tarifa eléctrica se encarezca un 70% en 2022 con respecto a los ya muy altos niveles actuales. Es cierto que las fábricas recibieron este año la buena noticia de la aprobación del tan anhelado Estatuto del Consumidor Electrointensivo. Ahora bien, meses después de recibir el placet, el reglamento tiene todavía pendiente su desarrollo en aspectos clave, en especial el funcionamiento de las subastas de energía primaria. Como resultado, nada se avanzó en el gran problema que supone el alto precio de un suministro fundamental en comparación con el que afrontan los grandes consumidores en Alemania y Francia.

Las fábricas españolas sufren los altos precios de la energía y la pérdida de competitividad respecto a sus rivales

Los elevados costes de la electricidad ya suponen un grave problema que obliga, en varios casos, a detener la producción, como se puso de manifiesto en la reunión de la vicepresidenta con los grandes industriales. A tan grave perjuicio se sumará, además, la pérdida de competitividad de las fábricas españolas.

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