Opinión

El aliado perfecto para las inversiones

  • Las nuevas plataformas deben ser sencillas y claras en sus comisiones
Conviene ser selectivo ante el auge de los neobrokers.

El 2020 y lo que llevamos de 2021 ha marcado un antes y un después en la relación de los españoles con sus finanzas y, en concreto, con el mercado bursátil.

Estar confinados en casa y con limitaciones en el ocio han provocado que nuestras tasas de ahorro marquen máximos históricos. Sin embargo, esta situación no se ha traducido en una mayor participación en el mercado. Según un estudio de JP Morgan, en comparación con 2020, un 64% más de españoles optan por no invertir.

La razón detrás de esta falta de interés por el mercado no es la ausencia de recursos, solo 3 de cada 10 españoles ven la liquidez como un impedimento. El rechazo por invertir tiene una razón más sencilla: los nulos rendimientos que ofrecen los productos bancarios como depósitos o fondos de renta fija.

Unos escasos beneficios que, sumados a la incertidumbre actual existente en el mercado inmobiliario, han provocado que cada vez sean más las personas que vean la bolsa como la mejor opción para sus ahorros. Un mercado en plena fase de recuperación, tras tocar mínimos en marzo del año pasado, desde el que batir la inflación y no perder poder adquisitivo.

Este contexto más las altas comisiones y escasa innovación tecnológica que ofrecen los brókeres de los bancos tradicionales ha provocado que haya un boom de plataformas de inversión extranjeras que ofrecen acceso al mercado bursátil con precios supuestamente competitivos y una interesante tecnología detrás.

Primer desafío

Sin embargo, como ocurre con los bancos, estas plataformas tienen puntos fuertes muy interesantes y algunos débiles que, quizás, son desconocidos para la mayoría de la población. El primer desafío al que se enfrentan estas compañías es su localización y, en consecuencia, la diferente regulación respecto a las entidades bancarias tradicionales. Hoy en día, sigue sin ser lo mismo estar supervisado por la CNMV que por la normativa de algunos países que han decidido ser más laxos en su control sobre las nuevas entidades. Lo ocurrido con Binance en Reino Unido o con ForexTB en España son dos claros ejemplos del valor y seguridad que ofrece para los usuarios invertir a través de una plataforma respaldada por una sociedad de valores española y que opera con un banco custodio español.

Este punto fuerte de los actores tradicionales y débil de las neobrokers tiene su cara b. Los bancos cuentan con comisiones excesivamente altas mientras que, por el contrario, estos nuevos jugadores ofrecen unas comisiones extremadamente bajas, pero con cierta letra pequeña y costes implícitos. Quizás, el mejor ejemplo de esta letra pequeña es la controversia que ha rodeado a uno de los brókeres más conocidos, Robinhood y su pago por flujo de órdenes (Payment for order Flow). También en Europa la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA por su siglas en inglés) ha advertido recientemente sobre la proliferación de plataformas que operan con un modelo similar y que no están realmente ofreciendo el mejor precio a sus clientes.

Ocultación de datos

Al final, nada es gratis y cuando alguna compañía se publicita como gratuita está ocultando algo. Solo hay que ver de dónde proceden sus ingresos para conocer cómo de cierto es esta supuesta ausencia de comisiones. Por último, el tercer problema que tienen estos neobrokers y que tiene cierta relación con el primero es su procedencia.

Al ser compañías sin presencia en nuestro país las inversiones se encuentran fuera de España y, por lo tanto, el inversor debe cumplir con numerosas obligaciones. En definitiva, este año y medio ha provocado que los ciudadanos entiendan el valor de la inversión pero que, cuando busquen dónde hacerlo, se encuentren con distintas dificultades que provocan un rechazo inmediato en gran parte de los ahorradores.

Los usuarios están reclamando una plataforma de inversión de nueva generación adaptada al siglo XXI pero que sea segura, sencilla, con comisiones claras y sin letra pequeña.

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