Opinión

Ante un Perú lleno de incertidumbres

Las incertidumbres ante el resultado electoral se agolpan en el país que alberga el Machu Picchu

Se dice que cuando Lula ganó por primera vez las elecciones presidenciales, su predecesor, Fernando Henrique Cardoso, intentando disipar los abundantes recelos que había sobre su figura, dijo que era un sindicalista de largo recorrido. Esto implicaba que, más allá del radicalismo que se le atribuía, estaba acostumbrado a negociar, tanto con la patronal como con el Estado, y sabía perfectamente el significado de una décima de aumento salarial en un convenio colectivo. El tiempo dio la razón a la valoración de Cardoso.

Una duda similar resurge con el cuasi presidente electo del Perú, Pedro Castillo, a quien se suele presentar como un político de fuertes inclinaciones comunistas. Castillo también es sindicalista y aquí podría valer la comparación con Lula. Hay, sin embargo, un matiz a tener presente. Mientras el ex presidente brasileño negociaba con patronos privados, el probable nuevo presidente peruano ha representado a los afiliados de un sindicato docente que únicamente trata con el Estado, un gremio más acostumbrado a chantajear a la Administración que a negociar con ella.

Esta una incógnita más en torno a Castillo y al significado de su gobierno. Poco se sabe sobre sus capacidades, y solemos manejarnos más por suposiciones, deducciones y temores que por datos reales. Dado lo poco que se lo conoce no hay nadie en Perú, comparable a Cardoso, que haya salido en su defensa. Las expectativas ante su triunfo son poco halagüeñas, y más si nos guiamos por sus promesas de la primera vuelta, muchas contradictorias, cuando las esperanzas de obtener un buen resultado eran escasas.

Entonces primaba un discurso antisistema en lo económico, aunque profundamente conservador en lo relacionado con valores familiares e incluso religiosos, dada su cercanía a ciertas iglesias evangélicas. Ya en campaña para la segunda vuelta, y para atraer a la izquierda no tan extrema, comenzando por Verónika Mendoza, moderó su relato. Incluso, una vez despejado el camino a su victoria, se reunió con diversos líderes empresariales intentando aportar tranquilidad a un escenario político y social muy caldeado.

Perú conoció temores semejantes ante la llegada de nuevos presidentes. ¿Cuán radical, especialmente en materia económica, sería la nueva administración? Incluso con Ollanta Humala, los fundamentos del modelo económico se mantuvieron durante más de 20 años, lo que permitió un período sostenido de crecimiento. Paradójicamente, quien primero lo cuestionó de forma frontal, no desde los márgenes del sistema sino desde sus entrañas, fue Keiko Fujomori tras su derrota en 2016 frente a Pedro Pablo Kuczynski.

¿Qué hará Castillo? ¿Respetará la inversión extranjera? ¿Arremeterá contra la producción minera, especialmente la del cobre? ¿Cuánto expandirá la presencia del Estado? ¿Qué políticas redistributivas aplicará? ¿Tendrá en cuenta las recetas chavistas? Para responder a estas preguntas, y otras semejantes, será importante saber varias cosas.

Primero, la composición de sus equipos de gobierno, comenzando por los ministros económicos. Hasta ahora primó la opacidad sobre su grupo técnico, pero el misterio no puede durar eternamente. Segundo, habrá que ver hacia qué sector del progresismo (lo que antes se conocía como espacio bolivariano) se inclinará. ¿Tendrá en cuenta el modelo chavista, el que condujo a Venezuela al desastre u optará por priorizar las líneas maestras que aplicó Evo Morales en Bolivia?

Finalmente, hay una cuestión no menor, casi más importante que las dos anteriores: qué rol jugará Vladimir Cerrón, su mentor político, en el nuevo gobierno. Si tiene un papel central es muy probable que se cumplan los peores temores, pero si, en términos freudianos, Castillo logra matar al padre, hay un cierto margen para la esperanza.

Los retos en el frente económico son hercúleos. Por un lado, deberá afrontar los importantes desafíos que implicará la reconstrucción post pandemia, y más cuando el crecimiento estaba comprometido en los años previos. Para ello necesitará disponer de recursos frescos, esos recursos que aporta el cobre y otros productos de exportación. Sin embargo, se da la circunstancia de que China es el principal socio comercial de Perú y un gran inversor, con un stock de más de u$30.000 millones, lo que será un limitante a la deriva "anti extractivista" e incluso anti capitalista de Castillo.

Por el otro, la coyuntura internacional, geopolítica y económica, no es la misma que la de la primera década del siglo XXI, cuando Chávez y su proyecto bolivariano brillaban en el firmamento y cuando destacaba el súper ciclo de las materias primas. Es verdad que el precio de los minerales se ha recuperado, pero la garantía de un crecimiento sostenido y duradero está prácticamente descartada.

Con todo, y pese a que los mercados comienzan a posicionarse, todavía es pronto para poder aportar mayores certezas. Primero habrá que resolver las reclamaciones en torno a los 200.000 votos observados. Y luego ver cuál será el gabinete y su programa, junto con la respuesta social ante el nuevo gobierno. Las incertidumbres son mayúsculas ante un futuro que no solo se contempla incierto sino turbulento.

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