Opinión

Pilares de la estrategia digital europea

Los cimientos que necesita la digitalización europea

El 9 de marzo, la Comisión Europea publicó una hoja de ruta para avanzar en la transformación digital de la UE.

Las propuestas se basan en cuatro puntos: 1) garantizar que un mayor número de ciudadanos y profesionales dispongan de competencias digitales básicas, 2) proporcionar una infraestructura sostenible, 3) promover la transformación digital de las empresas privadas y los servicios públicos y 4) fomentar un sistema de cooperación entre los Estados miembros para supervisar y promover estos objetivos.

¿Cómo encaja esto en una estrategia global? El proceso de digitalización aporta enormes beneficios a nuestras sociedades, ya sea por la conectividad, la comodidad o el acceso amplio y rápido a los servicios. Pero también ha planteado retos para las opciones que tenemos como individuos: qué compartir y qué mantener en privado, qué son datos y qué es información, qué debe monetizarse y qué no. La digitalización es inevitable e irreversible. Pero nuestras sociedades se esfuerzan por comprender las consecuencias de la profundidad del cambio que conlleva, regularlo y dirigirlo.

Cualquier intento de comprender los límites y aprovechar los beneficios de la era digital en una estrategia coherente debe construirse sobre cuatro pilares: la ética, el tejido social, la economía y la seguridad.

Empiezo por la ética porque la era digital nos enfrenta a la esencia de la elección humana, si somos libres de elegir y si somos responsables de estas elecciones. ¿Cómo programar un coche autónomo para que elija quién morirá ante un accidente de tráfico inevitable? Esta es la pregunta que se hace en el experimento de la 'máquina moral' del MIT, en el que se pregunta a los participantes a quién salvarían entre una joven atleta y un indigente, o entre un bebé y un ejecutivo.

Ética, tejido social, economía y seguridad, fundamentales de la nueva era digital

¿Aceptarías que un algoritmo de inteligencia artificial determinara tu solvencia, o si eres culpable de un delito, o si la mancha oscura de tu pecho es cáncer? ¿Quién diseña este algoritmo y qué cuentas se le pueden pedir por sus acciones? ¿Cuál es el futuro de la humanidad cuando se le exime de responsabilidad?

El aumento de la conectividad también cambia el tejido de nuestras sociedades. Cada ciudadano tiene ahora una huella digital, un registro de su actividad en línea: desde el entretenimiento, hasta las compras, nuestra administración pública y los impuestos, y quizás incluso el voto en el futuro. ¿Qué opciones tenemos para preservar la privacidad y el anonimato, y estamos debidamente informados?

Al mismo tiempo, la conectividad y la facilidad de acceso en el mundo digital refuerzan los prejuicios, ya que elegimos interactuar con quienes son similares a nosotros. Esto nos proporciona sólo la información que nos interesa escuchar y nos hace vulnerables a la desinformación. Nuestra incapacidad para distinguir lo que es real y lo que son noticias falsas supone una amenaza para nuestras democracias.

También cuentan las implicaciones económicas. La economía digital necesita mucho menos capital para desarrollarse y, por lo tanto, puede crecer más rápido en comparación con las industrias tradicionales. Esto ha dado lugar a empresas globales monopolísticas y que son difíciles de controlar y regular.

La era digital también hace que los mercados multilaterales sean la norma, en lugar de la excepción, donde la "moneda" de las transacciones no es el dinero sino los datos. Datos que pueden convertirse en información, lo que anima a algunos a argumentar que es el nuevo petróleo, o que debería ser un insumo más en la función de producción clásica. La abundancia de datos y la búsqueda de formas de monetizarlos es una característica definitoria de la economía digital que ofrece oportunidades de crecimiento pero desafíos a la privacidad y la elección.

Por último, la era digital cambia la orientación de la seguridad y la defensa. La mayor parte de nuestras actividades cotidianas dependen de los servicios en línea: desde el funcionamiento de los hospitales, pasando por las redes eléctricas y los servicios financieros, hasta el almacenamiento de información privada. Las perturbaciones cibernéticas e híbridas malintencionadas (como el corte de los cables de alta mar o las campañas de desprestigio en las redes sociales) pueden poner en peligro el funcionamiento de países enteros. Es difícil que seamos ambiciosos en cuanto a nuestra presencia digital, si no garantizamos al mismo tiempo que esta presencia sea segura.

Nuestra incapacidad para distinguir lo real de lo falso amenaza las democracias

Estos cuatro pilares deben construirse sobre fundamentos sólidos, que proporcionen la base de la digitalización: buenas infraestructuras (almacenamiento en la nube, 5G, cables físicos), competencias digitales actualizadas, condiciones para la innovación y cooperación europea.

Una estrategia creíble requiere erigir estos pilares, pero también comprender las conexiones entre ellos: cómo las decisiones éticas que tomemos repercutirán en la economía, o cómo los efectos de la regulación económica alterarán el tejido social. ¿Cómo podemos tener un supervisor único para nuestros bancos a través de la unión bancaria de la UE, pero confiar en la seguridad nacional para protegerlos de los ciberataques? La seguridad será decisiva para permitir o impedir el desarrollo de la economía digital.

La hoja de ruta de la Comisión intenta establecer unos fundamentos sólidos. Es un comienzo. Sin embargo, una agenda digital ambiciosa requiere una estrategia que lo abarque todo y sea coherente.

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