Opinión

¿Estamos en el Zombieland empresarial?

La pregunta es si una zombi morirá definitivamente o puede regresar a la vida con ayudas

El término zombi aplicado a las empresas empezó a usarse en Estados Unidos en los años 80 para describir a las entidades financieras que se mantenían vivas gracias a las ayudas y permisibilidad de las autoridades económicas y deambulaban como los zombis de las peores películas de terror sin rumbo alguno y con dificultades para mantenerse en pie, persiguiendo algo de alimento que les permita seguir aferrándose a una especie de vida infame, que les priva de su voluntad y hasta de una muerte digna.

Más tarde se expandió este calificativo a toda clase de empresas identificándose como zombis a aquellas organizaciones que sobreviven sin conseguir beneficios o con ganancias insuficientes para cubrir el coste de sus deudas.

En el año 2018, el Banco de España emitió un informe en el cual cuantificaba en el 8% el número de empresas vulnerables o zombis, justificando que el número había bajado respecto a otros informes, que indicaban que en el año 2013 el porcentaje ascendía hasta el 16%. Por consiguiente, la mejora era substancial en cinco años.

Según el propio informe emitido por el Banco de España referente a la situación de las empresas en el estado español en el ejercicio 2019, es decir, justo antes de detectarse la pandemia por el COVID19, el 25% de las empresas presentaban una Rentabilidad Económica negativa, es decir, todas esas empresas eran, por definición, empresas zombis ya que, evidentemente, con un valor negativo de su rendimiento, no se puede cubrir ningún coste financiero, por bajo que éste sea. Este 25% aumenta si consideramos e incluimos en este cómputo aquellas empresas con una rentabilidad por debajo del 2,2%, que correspondía al coste medio de los recursos financieros aportado por entidades financieras.

Si bien es verdad que se deberían obviar las empresas de nueva creación, las cuales no generan rentabilidades positivas hasta transcurrido un tiempo, éstas no representan más del 3% del total de empresas totales censadas, por lo cual la cantidad de empresas zombis se situaría, antes de la pandemia en mucho más del 8%. En otras palabras, el punto de partida no es muy esperanzador.

Estas empresas, han ido sobreviviendo, gracias a ir pagando el coste de las deudas con más endeudamiento y por la renuncia a retribuir el capital aportado por los partícipes y promotores de estos negocios, a la espera de tiempos mejores, de la misma forma que un zombi cinematográfico aguarda algún sortilegio que le retorne a la vida.

Las ayudas permiten que muchas firmas regresen al mundo de los vivos

La caída de las ventas en una gran mayoría de las empresas durante el 2020 derivadas de la inactividad por las restricciones por el COVID19, ha generado pérdidas en muchas de ellas, a las que no ha bastado la recurrencia a la aplicación de ERTEs y han tenido que cerrar o bien han taponado esta sangría producida por las pérdidas con ayudas, sobre todo en forma de créditos y préstamos baratos, como por ejemplo las líneas ICO. Sin embargo, aunque el coste sea barato, si las empresas generan resultados operativos negativos, ya no solo no podrán devolver el importe del principal de los mismos, sino que ni tan siquiera podrán hacer frente al coste de los intereses, lo que las convertirá en empresas zombi, incrementando el número de las que ya lo eran en el ejercicio precedente.

La pregunta que debemos hacernos es si estas nuevas zombis van a dejar de serlo o van a morir definitivamente. Por ello son esenciales -sobre todo para las más pequeñas, más debilitadas y con mayor dificultad para obtener recursos financieros- ayudas para que sean zombis temporales y puedan volver al mundo de los vivos cuando la bajada de las restricciones y el supuesto aumento de la demanda les permita recuperar su actividad y volver a rentabilidades superiores al coste financiero.

Del coste de los accionistas, ya hablaremos en otra ocasión, pero de momento tendrán que seguir financiando sus proyectos sin recibir compensación alguna y destinar los primeros recursos positivos que obtengan, al pago de los intereses y devolver las deudas.

Probablemente, dentro de algunos meses, algún informe indicará que las empresas vulnerables han disminuido. La correcta lectura de esos datos futuros será si esta bajada se produce a consecuencia de la muerte de muchas de las actuales zombis o bien, y esto sería lo deseable, porque se recuperan y vuelven a la vida.

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Comentarios 2

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VIO
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Entiendo que el profesor Santandreu tiene toda la razón. Muchas Pymes están sobreviviendo gracias al apoyo financiero de sus socios, sin otra ayuda que un crédito ICO que tendrán que devolver, ya que para solicitarlo se han comprometido a avalarlo con todo el patrimonio de la empresa más el suyo personal. De hecho, y aunque es una noticia que no aparece en la prensa, hay pequeños empresarios y autónomos que han fallecido de muerte súbita debido al stress que les causaba esta situación tan anómala. Y hay otros que lamentablemente se han suicidado de desesperación e impotencia. Estas desgracias han pasado desapercibidas, pero en algún momento se cuantificaran. No es fácil acudir a una empresa cerrada teniendo que hacer frente a proveedores, a los gastos corrientes, a los impuestos y a las necesidades de tu familia. No cabe duda que hay que apoyar temporalmente a las Pymes para que puedan sobrevivir y salir adelante, ya que en ello está en juego el tejido empresarial de este país. En este momento es lo que toca.

Puntuación 5
#1
Nicaso
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En Contra

Buen artículo y bastante certero. En lo único que discierno es en que los accionistas tengan que estar aportando recursos para mantener las constantes vitales de una empresa cuyo futuro es incierto. Sólo sería justificable en una situación puntual. En España si creo que hay mucha empresa de dudosa rentabilidad y que cuando le quiten la respiración asistida caerá como hoja de mayo.

Puntuación 5
#2