Opinión

El reto de ahorrar por convicción, no por miedo u obligación

La pandemia incrementa nuestra capacidad de ahorro

Cada país tiene su cultura, y la de España se caracteriza especialmente por la importancia que concedemos al ocio, las celebraciones y la actividad social. Por eso gusta tanto nuestro país a los extranjeros. Por eso muchos no cambiaríamos vivir aquí cuando lo comparamos con otros lugares que visitamos en nuestros viajes. Y por eso los sectores del turismo, el ocio, la hostelería y la restauración lo están pasando tan mal durante la pandemia.

Según los últimos datos disponibles (de 2018), el sector turístico da empleo a 2,62 millones de personas (casi el 13% de la actividad laboral en España), y representa un 12,3% del Producto Interior Bruto. Y los restaurantes, bares, cafeterías y pubs emplean a 1,3 millones de personas, aportando un 4,7% al PIB nacional.

Solo en la Comunidad de Madrid hay 33.000 bares y restaurantes que dan trabajo a más de 220.000 trabajadores. O podríamos decir "había" y "daban", porque los efectos del confinamiento y las restricciones están abocando al cierre a muchos de estos establecimientos: entre marzo y junio, 1.900 bares y restaurantes de Madrid capital tuvieron que bajar definitivamente la persiana.

En el otro lado, los clientes, los ciudadanos, obligados por la pandemia a no salir de casa, o a salir lo mínimo, a dejar de reunirse con familiares y amigos, de quedar a tomar un café o una caña, de ir a comer o a cenar, de asistir a conciertos, de celebrar fiestas, cumpleaños y todo tipo de eventos. Para una cultura como la nuestra no está resultando fácil, ansiamos que llegue el momento en el que podamos deshacernos de la mascarilla y las restricciones para poder recuperar nuestra vida y volver a hacer todo eso que nos estamos perdiendo.

Pero mientras, lo cierto es que haber dejado de llenar nuestro tiempo libre con todas estas actividades está teniendo un efecto positivo en nuestros bolsillos (dicen que, si nos lo planteamos, a casi todo lo malo podemos encontrarle algún aspecto positivo): al no tener ocasión de gastarlo, estamos ahorrando, y eso sí es una novedad.

Porque España no es un país de tradición ahorradora, algo que enlaza directamente con todo lo dicho hasta ahora: preferimos disfrutar hoy, que vete a saber lo que pasará mañana. Carpe diem y que nos quiten lo 'gastao'. De hecho, según Eurostat, somos el segundo país de la Unión Europea, después de Portugal, en el que las familias ahorran menos, un 60% menos que la media de las familias europeas. Pero llega el COVID-19 y lo trastoca todo, y mira por dónde, nos hace ahorrar.

Un sondeo que hemos llevado a cabo en Micappital entre 300 de nuestros clientes (todos ellos con el denominador común de haber conservado su puesto de trabajo en estos meses), revela que el 62% de ellos ha notado cómo sus gastos se han reducido desde el pasado mes de marzo, y de ellos, un 83% ha decidido ahorrar ese dinero en lugar de gastarlo en otras cosas.

A la hora de cómo gestionar ese ahorro, un 44% ha preferido aprovechar las buenas oportunidades que momentos como este ofrecen los mercados financieros para invertir una parte de esos ahorros; y un 39% ha preferido dejarlo en el banco, a la mano, por si pudiera necesitarlo en los próximos meses, en línea con la incertidumbre que nos rodea.

Llama la atención que, mientras los españoles suspendemos en rutina de ahorro y estamos a la cola de Europa, somos de los que mejor lo hacemos cuando vemos las orejas al lobo. España fue uno de los países de la Unión Europea que más ahorraron las familias durante los años de crisis económica. Es decir, vamos al contrario de lo que deberíamos: en épocas de bonanza nos confiamos e incrementamos el gasto, no tenemos la previsión de aprovechar para guardar una parte de ese dinero, y en periodos de crisis, el miedo y la precaución nos llevan a aumentar nuestras reservas.

Debería ser justo al revés, pues de ese modo, cuando llegara una crisis (que son cíclicas, y siempre llegan, aunque esta, la verdad, nos ha pillado por sorpresa) estaríamos mejor preparados para hacerle frente. Por eso, reivindicamos la necesidad de inculcar en nuestra sociedad una mayor cultura del ahorro para llegar a practicarlo no por miedo o por obligación, sino por convicción. Disfrutar hoy sí, pero que también podamos seguir haciéndolo mañana.

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