Opinión

Hacia un sistema alimentario inclusivo y sostenible

Paolo Tafuri, director general de Danone España. EE

Cada año, un tercio de la comida que se produce en el mundo se desperdicia. Esto supone que, a escala mundial, 1.600 millones de toneladas alimentos son desperdiciados anualmente. Esta situación tiene serias implicaciones a nivel social, económico y medioambiental. Actualmente, de acuerdo con los datos de la FAO, se calcula que 795 millones de personas sufren subalimentación y que, con tan solo una cuarta parte de las pérdidas de alimentos a nivel mundial, sería posible alimentar a 870 millones de personas. Al mismo tiempo, el desperdicio alimentario supone la pérdida de 730 millones de euros cada año y es el responsable del 8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

La situación en nuestro país tampoco es mejor. España es el séptimo país de la UE que más alimentos desperdicia. Solamente el pasado año la cifra ascendió a 7,7 millones de toneladas de alimentos. Si a esto se suma el contexto actual generado por el Covid-19, la urgencia por responder a este fenómeno es mayor. Es el momento de actuar y de avanzar hacia un sistema alimentario más inclusivo y sostenible y esto pasa por asegurar la consecución de las metas establecidas en la Agenda 2030. La reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos es una meta importante entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), pero desempeña además un rol clave para la consecución de otros ODS, en especial aquellos vinculados a la seguridad alimentaria, la nutrición y la sostenibilidad del medio ambiente.

Todo el sector debe impulsar la transformación del actual sistema alimentario

Se estima, que el 42% de este desperdicio se genera en los hogares, un 39% en las fases de fabricación, y el 5% durante la distribución. En Danone somos conscientes de esta realidad y, por ello, actuamos con responsabilidad a través de proyectos como el programa Zero Impact Operations, que cuenta con una línea de trabajo para disminuir el desperdicio en toda la cadena de valor desde las fábricas hasta el producto final.

Hemos establecido programas para aumentar la planificación de producción y existencias; reformulado las recetas usando fermentos robustos y avanzados para facilitar la frescura y conservación natural de los yogures; y apostado por la aplicación del ecodiseño en los envases, con formas más redondeadas que permiten el máximo aprovechamiento del contenido del producto. Nuestro objetivo es reducir en un 50% el desperdicio alimentario generado en todas nuestras fábricas y centros de producción para 2030. La implementación de este tipo de medidas en las empresas ha permitido reducir este año en un 45% el número de alimentos desperdiciados, lo que supone el mayor retroceso en los últimos siete años como señala AECOC.

Durante el confinamiento, se ha detectado un aumento de la concienciación de los consumidores en relación al fenómeno del desperdicio alimentario. De acuerdo con los resultados de una encuesta realizada por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), durante el estado de alarma los hogares españoles redujeron el desperdicio un 32%. Tras ese período, el 53% de los encuestados afirmaron que desperdiciarían menos comida si existieran más opciones que permitieran comprar a granel, si se redujera el tamaño de los paquetes o mediante el uso de aplicaciones que permitieran la donación de excedentes a entidades o instituciones benéficas.

Reducir la pérdida y el desperdicio en hogares y empresas es imprescindible para avanzar

El sistema alimentario desempeña una posición de máxima relevancia ante este desafío. Por esta razón, además de la implicación de la sociedad en su conjunto, es fundamental el compromiso del conjunto de la industria: distribuidores, proveedores, empresas, asociaciones e instituciones. Todos debemos trabajar de la mano para encontrar soluciones que aborden este problema de forma global. Iniciativas como la impulsada por Too Good To Good, Marcas Waste Warrior, son un ejemplo. Se trata de una comunidad de empresas comprometidas para combatir el desperdicio alimentario y sus consecuencias, a la que nos hemos adherido junto a otras 11 marcas del sector.

Al mismo tiempo, apostamos por buscar vías para redistribuir los alimentos a entidades sociales como el Banco de Alimentos, con las que colaboramos habitualmente desde hace tres décadas, o Cruz Roja. Una colaboración más necesaria que nunca teniendo en cuenta la coyuntura económica y social que afronta nuestra sociedad y que recientemente se ha concretado con la iniciativa social en la que colaboramos con Cruz Roja, Fesbal y Health Warriors, #UnaGranFamilia.

Reducir la pérdida y el desperdicio alimentario contribuiría a garantizar un sistema de alimentación más sostenible y respetuoso con el entorno, así como más eficiente en el uso de recursos. La población mundial aumentará según diversos estudios de 7.000 a 9.000 millones de habitantes, lo que en la práctica supondrá que sea necesario incrementar como mínimo un 70% el abastecimiento de alimentos en 2050.

Para impulsar y consolidar una transformación en el actual modelo alimentario, las compañías debemos sumar esfuerzo e inspirar, sensibilizar y empoderar a los consumidores y la sociedad en general. A través de nuestra visión reivindicamos que la salud de las personas y la del planeta están interrelacionadas. Como empresa B Corp, contribuimos a que las nuevas generaciones tomen conciencia sobre esta realidad, a través de proyectos y programas como las Escuelas Danone y Alimentando el Cambio.

Estamos en un momento crucial para determinar cómo queremos que sea el modelo alimentario del mañana. La pandemia del Covid-19 añade más complejidad a los retos que ya afrontamos, pero también evidencia la necesidad de acelerar el cumplimiento de los compromisos establecidos en la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Todos estamos llamados a formar parte de la solución. Porque solo juntos, conseguiremos construir un sistema alimentario sostenible e inclusivo.

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Financiero
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Otros pregoneros del capitalismo moralista

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Facior
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¿Comida que se desperdicia? Si te das un paseo por tierras valencianas, verás campos de naranjos abandonados porque los gastos de producción superan los ingresos, mientras aquí estamos importando naranjas de Brasil y Sudáfrica.

Uno de esas parcelas abandonadas de mi propiedad, se la ofrecí gratis a una familia de emigrantes de Europa del Este, muy trabajadora. Al ser zona de regadío, en el podían cultivarse verduras para su consumo particular o para venderlas sin que les pidiera ni un céntimo para mi. Al ver el padre de familia, que cerca había unas alquerías llenas de ocupas, entre ellos gitanos rumanos, desistió. Me dio las gracias y no aceptó usar ese huerto. La razón que me dio fue esta: Yo no voy a trabajar para que se lo coman esos....

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