Opinión

Sin freno real para el gasto público

La ministra de Economía Nadia Calviño

El cuadro macroeconómico del Gobierno, en el que se basarán los nuevos Presupuestos, dibuja dos escenarios dispares para 2020 y 2021. En este año, el empeoramiento de la crisis delata el optimismo de las previsiones presentadas antes del verano.

 Entonces, se esperaba una caída de la economía del 9,2% que ahora se agrava en dos puntos porcentuales más. El déficit público presenta un deterioro semejante, ya que el 10,3% del PIB calculado en abril quedará finalmente en el 11,3%. Ahora bien, el Gobierno augura un 2021 diferente, en el que ese desequilibrio se reducirá hasta el 7,7%. No se trata de un objetivo, ya que las reglas de estabilidad presupuestaria están suspendidas, sino de una mera estimación. Esa cifra implica que el desequilibrio de las Administraciones seguirá situado en niveles históricos. No en vano nada indica que se vaya a producir un esfuerzo real de contención del déficit. Todo se fía al efecto automático que tendrá sobre esa variable el aumento esperado del PIB en 2021, situado en el 7,2%, por encima del 6,8% previsto hasta ahora. Ese crecimiento, como reconoce la vicepresidenta Calviño, es fruto de la inercia ganada por la economía (tras su desplome de 2020) y aún podría elevarse por el efecto de las nuevas ayudas europeas. Por el contrario, el ritmo del desembolso público continuará sin moderarse, después de que el techo de gasto para los Presupuestos presente una subida inédita, del 54%. Se dibuja así un escenario muy negativo para el medio plazo.

El déficit conitnuará en 2021 por encima del 7% debido a la resistencia a moderar el desembolso de las Administraciones

El alto gasto público, y las alzas de impuestos con las que el Gobierno busca sostenerlo, actuarán como un gravoso lastre para la economía una vez que la inercia alcista del PIB se disipe.

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