Opinión

¿Qué España queremos?

Apostar por la industria farmacéutica es hacerlo por la innovación y el empleo de calidad

Estas semanas hemos leído repetidas veces que las grandes crisis son también grandes oportunidades. No es la primera vez que lo leemos, y estamos convencidos de que es así, pero la realidad es que pocas veces sabemos aprovecharlas. Como en otros órdenes de la vida, una cosa es decirlo y otra hacerlo.

Muchos creemos que es el momento de preguntarnos qué España queremos para los próximos años y próximas décadas, qué modelo productivo queremos para el futuro de nuestro país. ¿Queremos reconstruir nuestra economía para volver a donde estábamos antes de la crisis de la Covid-19 o queremos ir más allá?

Es necesario apostar por sectores capaces de crear empleo de calidad

A veces nos tienen que golpear fuerte para darnos cuenta de que no caminábamos por el mejor de los caminos. Esta crisis nos ha golpeado fuerte en lo sanitario y en lo económico. Demasiado fuerte. Es el momento de tomar conciencia de que tenemos que caminar por otros derroteros y ser más ambiciosos. Es el momento de ir más allá. Hay que decir sí a nuestros sectores tradicionales, que nos han dado, nos dan y nos darán mucho; hay que apoyarlos al máximo, pero también tenemos que ser conscientes de que con eso no es suficiente. Ya hemos visto que no es suficiente, y lo hemos sufrido: en nuestro país, incluso en épocas de bonanza tenemos más paro y más temporalidad que otros países en épocas de crisis.

Y eso me lleva a concluir –como muchos otros en estos días- que es el momento de apostar por los sectores que generan riqueza sostenida en el tiempo y afrontan mejor las épocas de crisis. Sectores que crean empleo de calidad, empleo altamente cualificado, indefinido, igualitario y bien remunerado. Empleo como el que existe en esos países del norte de Europa de los que tanto hablamos. Ese es el tipo de empleo que paga valiosos impuestos y que permite mantener el estado de bienestar sin endeudarse excesivamente.

Políticos y agentes sociales deben aunar fuerzas para trabajar en generar riqueza

Uno de esos sectores es el sector farmacéutico y biomédico, que se caracteriza por generar ese tipo de empleo de calidad en sus centros de investigación básica, en sus grupos de investigación clínica, en sus plantas de producción y en sus departamentos científicos. Al sector farmacéutico y de la biomedicina se le relaciona con la salud y la enfermedad, con lo sanitario, y no con la economía, y eso, cuando solo es así, es un error, porque es un sector que genera mucha riqueza en muchos países del mundo.

Los medicamentos que desarrolla la industria curan enfermedades, y esa curación tiene un impacto sanitario, social y económico muy positivo. El enfermo se cura y vuelve a tener una vida normalizada y a ser productivo. Vuelve a sumar. Lo anterior cobra más importancia, si cabe, en estos momentos de lucha contra la Covid-19; la incertidumbre y el miedo desaparecerán y la confianza volverá cuando tengamos medicamentos y vacunas eficaces frente a esta enfermedad. Eso tendrá un impacto muy positivo en la economía y es lo que sí nos ayudará a volver a la normalidad, esa situación que ahora echamos tanto de menos. Muchos pensamos que la vacuna es el único camino que nos llevará a la vida anterior, y la que nos dará la opción de aplicar aquellas lecciones que hemos aprendido de esta crisis.

Pero, además, el sector farmacéutico tiene un impacto muy relevante en las economías modernas al generar riqueza a través de la I+D, la innovación y el conocimiento. Es un sector que los países desarrollados desean tener fuertemente implantado en su territorio. Basta pensar que moviliza una alta inversión en investigación (en algunos países, como España, representa en torno al 20% de toda la inversión en I+D industrial), dinamiza la investigación pública biomédica gracias a la estrecha colaboración que mantiene con hospitales y centros de I+D (la mitad de la inversión en I+D es en contratos con terceros), y dispone de un empleo altamente cualificado (más del 60% son titulados superiores).

Hoy, innovar no es una opción, sino una obligación. Es el gran reto de los países y los Gobiernos: la forma de generar riqueza sostenida en el tiempo para poder dar respuesta a las demandas sociales y a los estados de bienestar. Sin duda, situaciones de crisis como la que vamos a vivir pueden exigir soluciones como el ingreso mínimo vital, pero eso no debe distraernos de nuestra obligación de crear riqueza y empleos de calidad para que las personas puedan ganarse la vida mejor y para que el Estado disponga de medios para atender las necesidades sociales.

El Gobierno y los agentes sociales tienen la oportunidad de optar por un camino diferente al que hemos elegido en las últimas décadas. Una oportunidad para desarrollar un modelo productivo más basado en la innovación, en la I+D, en el conocimiento. Un modelo productivo que permita que más españoles abandonen la precariedad laboral y encuentren un empleo de calidad y, de esta forma, un futuro mejor para ellos y sus familias.

Todos los partidos políticos y los agentes sociales tendrían que aunar fuerzas para, juntando a los mejores profesionales y las mejores ideas, trabajar en la generación de riqueza, porque eso es lo difícil y eso es lo que quieren y nos exigen los ciudadanos. La industria farmacéutica está preparada para ayudar a alcanzar ese objetivo.

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