Opinión

Sánchez ante el destello de la disculpa

Cada votación de prórroga del estado de alarma está siendo un suplicio para el presidente Pedro Sánchez

Diez semanas después de decretado el estado de alarma y con cinco menguantes autorizaciones parlamentarias de prórroga, el presidente del gobierno asumió la petición de disculpas a los ciudadanos por los errores cometidos en esta crisis. Puede que en el fragor de la confrontación política y los golpes de pecho se menosprecie y descalifique a los españoles que están aprovechando su hora de paseo a las ocho de la tarde para protestar y pedir responsabilidades, pero a cualquier gobernante ese clamor, por muy parcial y sesgado que sea, no le agrada en absoluto. Eso ha movido a Pedro Sánchez a tener un mínimo rasgo de la humildad que tantos han echado de menos en su forma de conducirse ante la pandemia, despreciando a la oposición con constantes ninguneos y eludiendo el diálogo a no ser que fuera para convocar vistosas videoconferencias con la pantalla llena de participantes.

De poco sirvió el destello de la disculpa. Tras la larga sesión de ayer en el Congreso ha aparecido la duda de si el gobierno realmente quería una prórroga de un mes para poder así rebajar su expectativa a dos semanas dando la sensación de plegarse a las exigencias de su nuevo apoyo parlamentario, el grupo de Ciudadanos que busca un nuevo espacio político a costa de rasgar sus propias filas.

Existe alternativa al estado de alarma para restringir los movimientos

Sánchez tiene un alto concepto de sus decisiones: "El estado de alarma es plenamente legal". Un presidente que se ve obligado a decir eso es que no arrostra una capacidad de convicción plena ante la opinión pública. Para a continuación añadir que el estado de alarma ha sido respetuoso con todos y cada uno de los derechos individuales, olvidando que el derecho a la libre circulación está limitado desde hace más de dos meses con el beneplácito y aceptación de la ciudadanía que no ha cuestionado su legalidad aunque sea cuestionable. Sí que existe alternativa al estado de alarma para restringir la libertad de movimientos, pero es muy impopular recurrir a ella. Se llama estado de excepción, y el problema de la actual alarma es su prolongación en el tiempo con acumulación total de poderes especiales para el gobierno. O su comparación con el estado de alarma que decretó Rodríguez Zapatero en 2010, que no restringió libertad alguna ni siquiera la de circulación.

Cada votación desde que ha decretado esta situación especial es un suplicio para el presidente y el resto de legislatura será un calvario, según Pablo Casado ¿Seguro?. Si nos atenemos a la nueva aritmética creada con el apoyo de Ciudadanos, eso pude no ser así. El bloque que apoyó la investidura hace sólo cuatro meses no se ha mantenido unido en los primeros envites importantes que sacuden al investido, el espíritu de aquella mayoría recosida se ha volatilizado mucho antes de lo que Sánchez hubiera imaginado, pero la situación desesperada del sexto grupo de la cámara puede oxigenar lo suficiente al enfermo para garantizarle una cierta estabilidad. Su portavoz ayer, Edmundo Bal, aclaró varias veces que ellos no son un socio de legislatura, razón por la cual puede pensarse lo contrario. Su tarea fue la más compleja, al intentar distraer que su grupo ha incumplido la promesa a sus electores de que no apoyarían a un gobierno que incluyera a Podemos, y que mucho menos lo harían si el gobierno negociara con independentistas. ¿Alguien puede asegurar que no habrá próximamente mesa de negociación sobre Cataluña?.

El bloque de la moción de censura ha muerto mucho antes de lo que el presidente pensaba

Rufián, con su oratoria impostada pausada y su tono siempre amenazante, auguró que el acuerdo de la investidura ha muerto y avisó que la legislatura puede peligrar. En un doble juego que sólo el tiempo acabará haciendo comprender, el presidente repitió a su interlocutor republicano que piensa mantener los compromisos de aquella investidura de la que ya se ha caído hasta Compromís. Y volvió a insistir en la cuestionable afirmación de que gracias a las medidas adoptadas se han podido evitar 300.000 muertos y 30 millones de contagios por coronavirus en España. La pregunta es cuántos podrían haberse evitado con una reacción más competente y temprana como las de Portugal o Grecia. Pero a desahogos es difícil vencer al jefe del ejecutivo, que comenzó ayer su intervención en la tribuna de oradores presumiendo de la suspensión del Mobile World Congress de Barcelona como ejemplo de decisión ejemplar antes de estallar la pandemia, cuando fue su propio gobierno el que se declaró abiertamente en contra de la cancelación. En ese momento de la sesión del miércoles se confirmó que el sesgo de retrospección puede ser imputado incluso a quien lo denuncia.

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