Opinión

Sé que estarás a la altura

El autor critica el uso clientelar de los fondos públicos por parte del Govern independentista

Los que conocen bien la figura de Jordi Pujol cuentan que en su época dorada era un hombre que dominaba a la perfección el arte de la manipulación. Él no necesitaba pedir las cosas explícitamente, le bastaba con poner la mano en el hombro del aspirante a paniaguado y susurrarle un cálido "sé que estarás a la altura". Con eso conseguía que esa alma cándida, interiorizara, nítidamente, el sentido del mensaje y pasara a la acción como súbdito al servicio de la causa, una causa que más tarde se demostró que era compartida con toda su familia; la corrupción. El nuevo súbdito lo hacía, no por una cuestión mística, sino por puro interés, a sabiendas de que sería recompensado por su señor con el maná de las arcas públicas. Algún cargo, contrato, subvención o prebenda le caería en suerte y pasaría a formar parte de los vividores a costa del contribuyente, actuando siempre con la certeza de que si se comportaba progresaría. Esa es una de las características estructurales del pujolismo.

Las subvenciones en Cataluña deben ponerse al servicio del bien común, no del 'procés'

En el registro de Subvenciones de la Generalitat (RAISC) constan el detalle de más de 1.400 millones en subvenciones y ayudas del 2018. Esa enorme cantidad de recursos públicos (hablamos de más del 5% del gasto no financiero de la Generalitat) es una de las herramientas que permite a los partidos en el Govern configurar redes clientelares alrededor del poder, algo de lo que tampoco se salvó en su día el desastroso tripartito. Y como en Cataluña poder e independentismo van de la mano, les permite sobredimensionar en los medios el teórico apoyo al procés. Con ello no quiero dar a entender que todas las ayudas forman parte del entramado, pero alguna de ellas nos ayudan a dar sentido a la aparente unanimidad en favor de la independencia de las entidades civiles, asociaciones y fundaciones, y que hace que muchas justifiquen y defiendan una ideología del siglo XIX, de lo más insolidaria, que pretende levantar una frontera en pleno siglo XXI. De hecho, vemos en prensa multitud de declaraciones, comunicados y manifiestos que son claras muestras de fidelidad obligada. Cosa que chirría, porque no se corresponde con la pluralidad catalana, donde más de la mitad de la población no comulgamos con el régimen. ¿Se imaginan, por ejemplo, la libertad de expresión que tiene una asociación empresarial o un medio de comunicación que recibe más de 3 millones anuales en ayudas concedidas según los parámetros cocinados por un partido independentista? ¿O la capacidad crítica que tiene una entidad consciente de que si se mueve no saldrá en la próxima foto? ¿Se imaginan el poder de los partidos que utilizan esas subvenciones a la hora de copar y enchufar a sus amiguetes para configurar los chiringuitos?

Pero no solo hablamos de clientelismo, ya que las subvenciones del Govern también están salpicadas por la corrupción de los del 3%. Están bajo investigación, entre otras, subvenciones al deporte por el presunto desvío de dos millones de euros y también las concesiones de ayudas sociales del exdirector de la Dirección General de la Infancia y Adolescencia (DGAIA). Como en todas las áreas de la administración, es imprescindible una reforma para poner las subvenciones y ayudas al servicio del bien común. Es necesario dotar al sistema de una mayor transparencia, estableciendo medidas eficaces y eficientes de control y seguimiento, con una programación plurianual y estable que garantice su previsibilidad. Estableciendo procedimientos de concesión abiertos, de concurrencia competitiva y de fácil acceso, eliminando en lo posible las trabas burocráticas y agilizando los trámites. La información de los beneficiarios debe ser pública y al alcance de la ciudadanía, incluyendo en el caso de que sean personas jurídicas la identificación de las personas responsables. Los objetivos políticos deben establecerse de forma clara en cada una de las convocatorias para que sean cuantificables y permitan una evaluación continua que mejore la toma de decisiones y el resultado de esas evaluaciones debe ser fácilmente accesible para la ciudadanía.

Pero, sobre todo hacen falta políticos honestos al frente del Govern. Desde Cs vamos a trabajar para superar esta etapa negra. Por eso en el Parlamento de Cataluña hemos impulsado un pleno monográfico sobre la lucha contra la corrupción y para el buen uso de los fondos públicos. Es urgente que las ayudas y subvenciones del Govern dejen de ser esa mano en el hombro que imponía Pujol a sus súbditos, dejen de ser un "sé que estarás a la altura", para pasar a ser un verdadero instrumento de política social al servicio del interés público.

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