Opinión

Oportunidades en bolsa pese al virus

El autor augura un buen desempeño bursátil tras la pandemia

En España se ha vivido un clima de miedo debido a la cifra de fallecidos, el desborde de los hospitales en Madrid y Cataluña y el confinamiento de la mayoría de la población que ha traído la Covid-19. Primero de todo, quisiera expresar mi solidaridad y afecto en estos momentos tan aciagos. Ante este panorama, parece lógico que los inversores españoles pasen por horas bajas, pero hay que evitar caer presa del pánico del mercado. Conviene abstraerse de la tragedia humana y separar las perspectivas bursátiles de las económicas. Y, cuando lo haga, recuerde la célebre frase de Warren Buffett: "debemos tener miedo cuando reine la codicia y ser codiciosos cuando reine el miedo".

En mi artículo anterior señalé que un brote infeccioso jamás había desatado un mercado bajista. Hasta ahora. ¿Y por qué esta vez es diferente? Porque la respuesta de las empresas, los gobiernos, los sistemas educativos y otras instituciones a escala planetaria, en la medida en que frena en seco la expansión económica, no conoce precedentes. Una contracción económica grave está asegurada.

La renta variable alcanzará nuevos máximos si se el virus se controla durante el verano

Si el contagio del coronavirus disminuye cuando termine la temporada de gripe en verano y se mantienen ciertas restricciones para reducir su propagación, la renta variable alcanzará nuevos máximos mucho más rápido de lo que casi nadie puede prever. De lo contrario, si sigue expandiéndose y se prolonga el parón de la actividad empresarial, la contracción se agudizará y se dilatará en el tiempo, aplazando así la recuperación. De cualquier modo, el consejo de Buffet conserva su vigencia. Durante los ciclos bajistas, la renta variable registra sus puntos mínimos trazando en gráfico un patrón en V o W, pero después se revaloriza asombrosamente en lapsos de 6, 12 y 18 meses. Olvídese del mínimo y empiece a pensar en el brillante futuro que vendrá después. Los que estén esperando a que el mercado toque fondo para volver a entrar seguramente se perderán dicha revalorización.

Desgraciadamente, los recuentos de víctimas e infectados copan los titulares. La dinámica de las acciones, a pesar de todo, es algo más fría: su caída se debe a las repercusiones económicas de las iniciativas de aislamiento decretadas a nivel institucional. La historia juzgará las implicaciones sanitarias de la tragedia, pero me temo que la propagación del virus en actividades básicas como el suministro de alimentos o la sanidad por parte de portadores asintomáticos no hará sino prorrogar las prohibiciones. Algunos científicos estadounidenses culpan a estos contagios "silenciosos" del grueso de la transmisión.

El pánico bursátil terminará de la misma manera que como empezó, sin previo aviso

Pese a todo, hay buenas noticias que han pasado desapercibidas. Por ejemplo, el demostrado efecto Peltzman que sigue en pleno vigor en todas partes, según el cual tomar precauciones frente a un riesgo sirve como protección frente a peligros similares. En España, la gripe estacional, la neumonía y otras enfermedades respiratorias fueron responsables de la muerte de más de 53 000 personas en 2018; más del 96 % eran mayores de 60 años. Dado su similar comportamiento, los esfuerzos para luchar contra la Covid-19 están contribuyendo a reducir sigilosa pero drásticamente el número de víctimas de esas otras enfermedades. Los datos actuales muestran que esta tendencia empezó en febrero.

Sin embargo, los mercados reaccionaron a tales medidas estrangulando la economía mundial como nunca antes en una recesión. Es por esto por lo que precisamente se desplomaron tan abruptamente, porque anticiparon correctamente dichas restricciones. Con las vistas puestas en un plazo de entre 3 y 30 meses, las bolsas siempre se adelantan al futuro, poniéndole precio de antemano. ¡Siempre! Más tarde o más temprano, pero siempre lo hacen. En esta ocasión ha sido más pronto a consecuencia del brote repentino de políticas inéditas por doquier adoptadas en cuestión de días.

A parte de esto, no hay nada económicamente mal. El final de esta crisis internacional del coronavirus llegará de la mano de una vacuna (se hará de rogar, pero llegará). A la carrera para lograrla, seguida con lupa, se le dedicará una amplia cobertura. Aun así, los mercados, como siempre, descontarán su consecución antes de que se produzca. Entonces, por más que la coyuntura se haya deteriorado durante mucho tiempo, la renta variable se pondrá por las nubes (como siempre suele hacer en este tipo de contextos, sembrando confusión entre la mayoría de los expertos e inversores), mientras que la economía seguirá hundiéndose en la recesión. La renta variable recobra su tendencia alcista antes siquiera de que empiece a vislumbrarse una señal clara de recuperación económica. No espere a que los mercados toquen fondo a menos que pueda predecir el futuro y adivinar el momento óptimo para volver al mercado: lo más seguro es que no tenga una bola de cristal.

Los detalles difieren, pero la afirmación de Buffet es universal. Las próximas semanas nos pondrán a prueba a todos, pero aguarda un futuro prometedor, por increíble que parezca ahora. Las actuales circunstancias empresariales y sociales se revertirán como un muelle que vuelve a su forma original, y los parqués, como es habitual, anticiparán este futuro más halagüeño. El pánico ha empezado sin previo aviso. Seguramente terminará de la misma manera, en V o W. Ahora que reina el miedo, es tiempo de ser codicioso.

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