Opinión

Ensayo general

El coronavirus va a llevar a replantearse muchos planteamientos económicos

El coronavirus se expande por España y en consecuencia el Gobierno ha decretado el Estado de Alarma. Una parte dela ciudadanía ha asumido que debe seguir las instrucciones de las administraciones públicas y de las instituciones. Sin embargo muchos otros han creído que era la ocasión para tomar unas vacaciones y se han ido de casa hacia lugares de descanso; huían del virus y tal vez lo hayan difundido. Las fuerzas políticas de la oposición se han sumado -con alguna reticencia- al mensaje gubernamental de que estamos ante una situación excepcional corroborada por las calles vacías y que exige acopio de fuerzas y sintonías operativas.

Hay una especie de estupor ¿cómo es posible algo que parece retrotraernos a la peste medieval y a otras catástrofes que creíamos ya desterradas de nuestro mundo? La ciudadanía de a pie -pero también políticos y creadores de opinión- se han dado cuenta de que la benaventina "ciudad alegre y confiada", puede ser tan vulnerable como otros mundos exóticos, lejanos y oficialmente retrasados.

Obviar hambruna, guerras y dolor porque ocurre lejos se puede volver en nuestra contra

Súbitamente y para una parte de la opinión pública, el Estado cobra un protagonismo que en tiempos de bonanza económica o seguridad sanitaria habría sido contestado y criticado. El pequeño empresario, el trabajador precario, el sector turístico, claman por inmediatas compensaciones en esta hora de inquietud. ¿Se han dado cuenta de que en las horas de vacas gordas hay que prevenir éstas de vacas flacas? De ser execrado y responsabilizado de todos los males, el Estado aparece como la tabla salvavidas con medios, responsabilidad y apoyatura legal para afrontar un problema que afecta por igual a toda la ciudadanía con independencia de ideologías, estatus social o nivel cultural.

El coronavirus ha puesto ante los ojos de todos una evidencia que molesta por lo que implica de asunción de responsabilidad colectiva: sin la cooperación y esfuerzo de la población, las medidas ven reducido, más que notablemente, su grado de eficacia. Una sociedad civil fuerte, conjuntada con un Estado fuerte, constituyen los mecanismos más eficaces para afrontar emergencias como la actual.

La Globalización ha construido un mundo más pequeño e interdependiente; las pandemias otrora lejanas y radicadas en los confines del planeta, pueden llegar hasta aquí con facilidad. La conclusión es obvia: el egoísta, irracional y temerario desentendimiento de epidemias, hambrunas, guerras y dolor, se puede volver en contra nuestra. Y no es sólo una cuestión de justicia, caridad o filantropía sino de seguridad planetaria, de nuestra seguridad. Ya no hay lugar en la Tierra que pueda vivir o sentirse aislado.

Para mí, lo que está ocurriendo no es otra cosa que un ensayo general no previsto en el guion político, ni tampoco en los imaginarios colectivos que, hasta ahora, han cohesionado a la sociedad occidental: consumismo, individualismo exacerbado pero coexistente –paradójicamente– con una cultura y unos valores de uniformidad cultural y social. ¿Ensayo general de qué?

Segura y probablemente el Covid-19 pasará, pero ante nuestra narices se está gestando un problema global y de consecuencias letales para la vida en el planeta: el cambio climático. Afrontar ese problema, cada vez más perentorio no es una exclusiva del Estado y sus administraciones. La economía, el transporte, la agricultura, la industria, las megalópolis, el turismo, la energía: su origen y consumo, la subida del nivel del mar, etc. son cuestiones que exigen, desde ya, una nueva actitud, unos nuevos valores y una sociedad civil fuerte. Viviremos momentos de excepcionalidad, que sólo podrán ser superados si –junto con Administraciones democráticas y fuertes- hay una sociedad civil capaz de afrontar, incluso con sacrificios, los cambios necesarios. Sirva como ensayo lo que estamos viviendo.

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