Opinión

Bolivia: elecciones cruciales

Evo Morales, expresidente de Bolivia.

Tras la traumática y confusa renuncia de Evo Morales y la anulación de unas elecciones fraudulentas que hubieran originado un nuevo mandato del líder del MAS, Bolivia se enfrenta a unos comicios trascendentales. Estos tendrán lugar el 3 de mayo y decidirán no solo la identidad del nuevo presidente, sino también la composición del Parlamento. Su importancia radica en el hecho de que podrán corregir el rumbo de los últimos 15 años manteniendo la mayor parte de las reformas realizadas y reparando sus excesos, o bien abrirán la puerta a la revancha, echando por tierra toda la obra de Morales, o le permitirán regresar al poder, aunque sea por interpósita persona.

Las últimas encuestas coinciden sobre las tendencias generales para las elecciones. Según el último estudio publicado, la candidatura del MAS, encabezada por Luis Arce y David Choquehuanca, tiene una ventaja apabullante sobre sus rivales inmediatos, con más del 32% de los votos. Por detrás de Arce están el expresidente Carlos Mesa, de Comunidad Ciudadana (CC), con un 23%, y la presidenta interina Jeanine Añez, de Juntos, con un 21%.

El revanchismo del Gobierno interino podría propiciar una nueva victoria del partido de Morales

Estas cifras le permiten a los estrategas políticos del MAS ilusionarse con una victoria en primera vuelta. En realidad es su única posibilidad de ganar las elecciones, ya que de otro modo sus opciones se reducen considerablemente. Si bien el piso electoral del MAS es muy sólido, superior al 30%, su techo es bastante limitado y más sin la presencia de Evo Morales, ni en la fórmula electoral ni directamente en la campaña.

En caso de una segunda vuelta, la unión de todas las fuerzas de derecha y centro derecha, sumado al voto anti MAS, que expresa la desilusión creciente de una parte importante de la sociedad tras los largos años de Gobierno de Morales, implicaría una derrota casi segura para los seguidores del líder cocalero.

Esta situación se vería acompañada por la obtención por los candidatos masistas de una clara mayoría en las dos cámaras del Parlamento. ¿Como se llegaría a un escenario semejante? La respuesta se vincula con la división de la derecha y el carácter extremo y revanchista de ciertas medidas implementadas por el Gobierno interino. La división de la derecha podría facilitar la añorada victoria masista. Para eso, a Arce le bastaría obtener más del 40% de los votos y una diferencia superior a 10 puntos con el segundo candidato más votado. En Bolivia y otras partes de América Latina, como Venezuela o Nicaragua, donde la oposición se enfrenta a gobiernos populistas con marcadas pulsiones autoritarias, la división partidaria es el mayor obstáculo que impide un recambio en el poder.

Si bien las credenciales democráticas de Morales y algunos de los principales dirigentes del MAS son cuestionables, esto no debe ser la excusa para impedir la expresión y la participación políticas de una parte destacada de la sociedad boliviana. Las expresiones vertidas por Morales desde Buenos Aires sobre su intención de crear unas milicias militarizadas para imponer sus objetivos políticos es el mejor ejemplo del escaso compromiso del máximo dirigente del MAS con la democracia y sus procedimientos. Esto también queda atestiguado por la utilización indiscriminada de los recursos públicos durante la última elección. Todavía quedan dos meses de campaña y mucho por clarificar. De continuar por este camino, la derecha boliviana marcha directamente hacia el precipicio, un precipicio que marcaría su suicidio político. Por tener, todavía tienen margen para organizar unas elecciones primarias, u otro proceso de negociación, que le permita presentar un único candidato presidencial y unas listas parlamentarias comunes. Sin embargo, me temo que las tendencias cainistas existentes en su seno impidan el acuerdo y terminen trabajando a favor del MAS.

El centro y la derecha boliviana emprende camino directamente hacia su suicidio político

Luego llegará el momento de llorar sobre la leche derramada y entonces no habrá ni espacio para rectificar ni tiempo para enmendar los errores. Parecería que un exceso de protagonismo, inicialmente no buscado, le provocó a la presidenta Jeanine Añez el mal de altura, tan temido en el Altiplano.

Quien estaba llamada a cumplir el rol histórico de convocar unas elecciones caracterizadas por la limpieza y la plena vigencia de las libertades, de pronto decidió recubrirse con un manto de mesianismo similar al empleado por numerosos líderes populistas latinoamericanos.

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