Opinión

A la inversión ESG le falta el Nebrija del castellano

Foto: iStock

Llevo semanas dedicando muchos minutos de bastantes horas a hablar de la inversión ESG. Es la mayor veta en años de mercado que, según Bank of America, absorberá 20 billones en la próxima década. Cuanto más empiezas a saber algo, te das cuentas de que no entiendes mucho y que nos va a costar tiempo poner negro sobre blanco para separar qué importa de lo mediombiental, social y buen gobierno (esta última pata es a la que se le da más importancia).

Ya he estado en muchos encuentros en los que alguien saca el palabro taxonomía. La taxonomía, para mí, es al ESG como el evangelio a los católicos, o Nebrija al castellano. El problema es que el número de evangelistas o profetas es tan alto como las colecciones de Zara y para sintetizarlos nos hace falta un catálogo simple, como el de Uniqlo.

Otra de las cosas que empiezo a detectar es que las compañías que no tienen una buena recomendación de los analistas logran muy buenas puntuaciones en ESG. Naturgy, último clasificado de la Liga Ibex de elEconomista, es el ejemplo más claro. Y no es porque sea una compañía que haya manejado el marketing de forma brillante, cambiando su nombre de Catalana de Gas a Gas Natural y ahora Naturgy. Con tanto natural y una mariposa en el logo, acabamos pensando que uno lleva el ecologismo por bandera y el gas no contamina.

Iberdrola, en máximos históricos gracias a la elevación a los altares del ESG y de que su presidente fue el profeta que tuvo la revelación de la nueva religión Ignacio Sánchez Galán ha tenido la audacia de dar la vuelta a la compañía en la que menos se creía de la bolsa española a finales del siglo pasado, para convertirla en la que más creyentes tiene y la única que genera realmente valor a sus accionistas- también tiene pecados. La eléctrica verde, que hoy es el título español que está en más carteras de gestores internacionales, en México no crece tanto con molinos de viento y sí lo hace con ciclos combinados, que algo deben contaminar. Para expiar su pecado, Iberdrola cuenta con la indulgencia de que México es un país con muy poca hidraulicidad, mucho petróleo y muy pocas refinerías.

No toda la inversión nueva de Iberdrola es verde, aunque en la cabeza de los inversores esté que es la proa del buque del ESG. Ni toda su cuenta de resultados, muy parecida a la de Enel, no contamina. Menos del 25% del 'ebitda' de los dos gigantes de la electricidad español e italiano procede del viento y solar.

La única compañía que puede presumir que el 99% de su capex tiene cero huella de carbono es Acciona. Precisamente, esa condición de empresa con altísima puntuación en ESG es la que ha propiciado que sufra mal de alturas en su cotización y que sean muchos los analistas los que aconsejen vender o solo mantener.

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