Opinión

La guerra de las togas y el problema de Cataluña

En ningún momento los antiguos líderes independentistas creyeron que podrían llegar a proclamar la República catalana

El enfrentamiento entre Gobierno y oposición por el nombramiento de Dolores Delgado como fiscal general del Estado; el rifirrafe ente el vicepresidente Iglesias y el Consejo del Poder Judicial; y la desautorización de la Justicia por parte de los tribunales europeos para que Puigdemont y Comín puedan ejercer como eurodiputados son simplemente la continuación del juicio del procés. Esto solo es el principio, aún queda por conocer la decisión del Tribunal de Estrasburgo, donde puede pasar de todo.

Por su parte, los independentistas catalanes no han salido mejor parados. Sus dirigentes están en la cárcel o fugados como si de delincuentes se tratase. Las instituciones se han debilitado, la democracia ha sufrido y el problema catalán está donde estaba. Como afirma Carlota Guindal en su libro "Ni vencedores ni vencidos" aquí no ha ganado nadie, de hecho hemos perdido todos.

En el procés no ha ganado nadie. Ni los independentistas han avanzado en sus pretensiones ni los constitucionalistas han terminado con el problema

Ni Rajoy ni Sánchez querían este juicio. Los ministros de Justicia lo han intentando evitar y los jueces del Supremo encabezado por su presidente Manuel Marchena son conscientes de que así no se iba a poner fin al procés sino todo lo contrario. Tampoco Carles Puigdemont y Oriol Junqueras querían ir tan lejos. Al final fue una conjunción de astros la que provocó la tormenta perfecta. Como se describe en la citada obra, todo fue un monumental equívoco.

Parece que nadie quería hacer lo que hizo: ni los independentistas querían proclamar la República catalana con menos de la mitad del censo ni los constitucionalistas querían apalear a los electores que acudieron a votar aquel nefasto primero de octubre del 2007.

El caso es que España se encuentra metido en un gran embrollo del que Sánchez trata de sacarla a través del pacto y de la negociación. Como en la película de Stanley Kramer cabe preguntarse ¿Vencedores o vencidos? (1961). Como ocurrió en el Juicio en Nuremberg donde se juzgaron el genocidio que tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial contra cargos militares, políticos y judiciales del Tercer Reich nadie se siente culpable de haber inculcado el odio en la población.

Enfrentar a un pueblo entero como ha ocurrido en Cataluña es un error imperdonable que descalifica a los dirigentes independentistas y constitucionalistas que lo provocaron. Algunos ya han dejado la política como Rajoy y su Gobierno; otros como Junqueras están inhabilitados o fugados como Puigdemont y aunque no lo estuvieran se tendrían que ir a sus casas para facilitar un cambio generacional que permitiera abrir una etapa sin odios ni rencores.

Pero para que la reconciliación sea una realidad, PP y PSOE deben dejar de utilizar la Justicia como arma arrojadiza. El Gobierno de las togas que provocó el enfrentamiento entre jueces y fiscales progresistas contra los conservadores tiene que tocar a su fin y volver a los juzgados.

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JonS
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Guindal, la conclusión lógica y justa que se deduce de tu artículo, pero que tu no te atreves a sacar es que el problema de Catalunya es 100 % político y así se debe tratar. No en los tribunales. Por ejemplo, por lo menos aceptar, con todas las consecuencias la plurinacionalidad en este Estado (lo de la España nación única es una ficción franquista). Eso como mínimo. Y muy probablemente tener que negociar un referendum de autodeterminación a un plazo más o menos lejano. Y por supuesto, todos los presos políticos catalanes a la calle. Si no, esto no tiene remedio.

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