Opinión

Dificultades que parecen ignorarse

El alza del gasto que promete Sánchez es inasumible

Es necesaria una transformación estructural en España para convertirse en una potencia exportadora. ¿Es fácil efectuar esa transformación? El obstáculo fundamental radica en que, en España, se ha producido, a partir de 1959, una impresionante aproximación a la denominada 'sociedad opulenta'. No quiere decir esto que se haya originado una marcha hacia una sociedad con un alto nivel de renta, sino hacia una sociedad con una peligrosa proclividad hacia el desastre, por la dinámica económica que posee. Algo se relacionan estos peligros, y por ello es necesario tener en cuenta, lo que aparece en el ensayo de Keynes, La economía de nuestros nietos, y en La rebelión de las masas de Ortega.

Basta para ello observar lo sucedido tras 1959. Basándonos en las cifras del PIB por habitante, vemos que el español saltó de percibir, en 1959, 3.050 dólares, a 15.659 en 2001, o sea, en 42 años se alcanzaba esa cifra. Gran Bretaña precisó para este avance un poco más de 118 años. Empleando el mismo método, vemos que Francia lo logró desde 1921 a 1983, por lo que tardó 62 años. Alemania, con el mismo modelo, logró este avance en 65 años. Los siempre potentes EEUU precisaron 88 años. No es necesario aducir más realidades para que se comprenda por qué las generaciones españolas que siguen al año de 1959, creen que es muy fácil un rápido desarrollo. Por eso, acaban por adoptar una actitud de buscar consumos crecientes, porque todo lo acabará resolviendo un desarrollo rápido, como sucedió en el pasado.

La sociedad pide bienes y servicios que el crecimiento económico no puede suministrar

Incluso, por ello, se acabó por tener como lógico el endeudamiento. Existían, y existe, algo así como una convicción de que se encontraba dentro de la realidad nacional disfrutar de cantidades crecientes de bienes y servicios, y además en rápida progresión. Keynes, en Madrid, en 1930, en su conferencia en la Residencia de Estudiantes comenzó a llamar la atención sobre esta realidad. En el caso español, la observación de lo sucedido -recordemos aquella declaración del presidente Zapatero de cómo, con rapidez, íbamos a sobrepasar la renta individual media de los franceses- parecía garantizar ese futuro. Claro que esto tiene sus consecuencias sociales, que engendran crisis económicas. En el libro de Robert William Fogel et al., Political Arithmetic. Simon Kuznets and the Empirical Tradition, in Economics, se lee cómo en los procesos de rápido crecimiento, se provoca en los jóvenes una alienación. El motivo es que se trata, de modo creciente, de personas que, "desde que fueron niños de familias minúsculas se encontraron con unas madres que estaban ya, por lo que sucedía en lo económico, espiritualmente vacías, y por consiguiente, incapaces de transferir a sus escasos hijos, activos espirituales vitales", tales como "una mente a favor de proyectos de autoestima, de un sentido de la disciplina, así como que posean un sueño de oportunidades y un anhelo de conocimientos".

Agreguemos a esto las consecuencias de la menor natalidad, por factores sociales, lo que entre nosotros, planteó por primera vez Vandellós en su famoso ensayo Catalunya, poble decadent, y que hoy, si leemos, los trabajos de Macarrón, tenemos que ampliar al título de España, pueblo decadente. Y en ese contexto, ¿tiene sentido facilitar el aborto?

Por lo señalado en relación con el rápido crecimiento del PIB por habitante en España en su pasado, esta nueva sociedad comienza a enraizarse entre nosotros, y pasa por ello a exigir, incluso al Sector Público, que llegue a sus manos una corriente muy amplia que contenga una serie variada de bienes y servicios que la productividad de nuestra economía es incapaz de suministrar. Al intentar atender tales demandas, se hunde la buena marcha económica futura. Sobre la capacidad de atender estas exigencias derivadas de la opulencia pasada, se dicen cosas agudas en el libro de Joseph Stiglitz, Amartya Sen y Jean-Paul Fitoussi, Medir nuestras vidas. Las limitaciones del PIB como indicador del progreso. Se muestra en él que el PIB ofrece datos brutos, por definición. No se tiene en cuenta la depreciación, por lo que es preciso ocuparnos del Producto Interior Neto. Como esta nueva sociedad opulenta se adhiere a bienes que tienen una vida útil esperada más corta que la que antes era la habitual -se ansían novedades-, ello "implica que el Producto Interior Neto puede estar creciendo más despacio que el Producto Interior Bruto". Estas preferencias de la sociedad opulenta complican la posibilidad de "seguimiento de la calidad y cantidad de los servicios en las economías modernas".

Continuar sin cesar por el sendero que se observa en estos momentos, a causa de la política económica que defienden el PSOE y sus aliados lleva sucesivamente, a la ruina social y a la crisis económica. Pero, ¡cuán difícil es alterarlo en una sociedad crecientemente masificada, en la que, como decía Ortega, el pecado supremo es ser diferente!

Esa explosión de medidas erróneas derivadas de buscar la satisfacción de esta sociedad masificada y opulenta, tuvo lugar, a partir de 2003 con el modelo Solbes-Zapatero. La economía española mostraba, a finales del periodo 1996-2003, señales evidentes de que era precisa una remodelación. Se hizo todo lo contrario a partir de 2004, cuando se inicia a estos efectos el Gobierno de Zapatero. A partir de 2008, los síntomas derivados de este abandono, comienzan a sentirse, ligados a la situación europea y norteamericana, y la crisis se hizo evidente. Conviene señalar cuándo esto se evidenció. Y a continuación, qué motivos se encontraban detrás, para convertir en especialmente seria, la depresión económica que surgió en España. Volvamos al mensaje de Capitalismo, socialismo y democracia de Schumpeter, debido a que esta realidad queda ratificada, porque se buscó, de modo incansable, lograr el aplauso popular. Un proceso que actualmente ha heredado Sánchez, y que por ello es necesario cortar.

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De alguna manera al masificarse la sociedad se vulnera la democracia, ya que el presidente de turno solo piensa en conceder aquellos beneficios sociales que le acarrean votos. Si me van a subir la pensión, quien piensa en lo que ocurrirá después. Si se van a bajar las 40 horas semanales de trabajo, ya se ocuparán los empresarios, etc. Estamos en una sociedad hedonista que favorece el populismo más infame, de modo que Iván Redondo, como buen experto en mercadotecnia, lo explota al máximo. No es algo nuevo, como decía el Rey Sol Luis XIV, "después de mí, el diluvio". Y así le fue a la monarquía francesa.

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