Opinión

Retos que Draghi deja en herencia

Christine Lagarde (izda) y Mario Draghi (dcha)

Mario Draghi protagonizó ayer su última comparecencia como presidente del BCE, antes de ceder el puesto la semana próxima a la exdirectora gerente del FMI, Christine Lagarde.

Como cabe esperar de un acto meramente protocolario, Draghi sólo hizo un somero balance de su gestión y evitó pronunciarse sobre el futuro inmediato de la institución, más allá de un muy genérico "nunca rendirse". El economista italiano no será recordado por estas palabras, sino por la declaración mucho más contundente que hizo en 2012, cuando se mostró dispuesto a hacer "lo que sea necesario" para acabar con la peor crisis de la historia del euro.

Lagarde tendrá que afrontar una inédita división en el Consejo de Gobierno del BCE ante los últimos estímulos monetarios

Desde entonces, Draghi es apodado el "salvador" de la moneda única en un sentido incluso más amplio. Muchos economistas elogian su rol en los sucesivos rescates a Grecia, su contribución a que la divisa sea más competitiva (lo que permitió al sector exterior europeo superar la recesión de principios de esta década) e incluso su ayuda a elevar la capacidad de crear empleo del PIB europeo. Con todo, sin demérito de esos hechos, debe también considerarse que, en lo que respecta al principal mandato del BCE (situar la inflación en un nivel cercano pero inferior al 2 por ciento), nunca se logró en los ocho años de mandato de Draghi, pese a anular los tipos de interés y anegar en liquidez al mercado.

Es más, Draghi deja tras de sí un Consejo de Gobierno afectado por una ruptura inédita en su historia, con más de un tercio de sus componentes (Francia entre ellos) preocupados por los efectos de los estímulos aprobados en septiembre y contrarios a implantarlos. Será tarea de Lagarde afrontar esa división y manejar el difícil retorno de la eurozona a la normalidad monetaria.

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