Opinión

Un mes perdido para las bolsas sin visos de mejora

Los mercados de valores están nerviosos. El oro ve subir bruscamente su precio. Los inversores están huyendo hacia los mercados de bonos, y los expertos, con aspecto sombrío, debaten ahora sobre las amenazas a la economía global y a la tendencia alcista que los mercados mostraban en los últimos meses. Pero, ¿qué esperábamos exactamente? Después de todo, es agosto.

La sabiduría tradicional sobre el comportamiento de las bolsas recomienda "vender en mayo y desaparecer". Sin embargo, durante la última década, ha quedado claro que es necesario actualizarla. Agosto es el mes realmente terrible para los mercados, con caídas en esas cuatro semanas en cada uno de los últimos diez años, y a veces colapsos importantes. Pueden debatir por qué es así. Pero una cosa es indiscutible. Para los inversores, el final de este mes nunca llega con la suficiente rapidez.

Todavía no hemos llegado al punto en el que las agencias de noticias distribuyan fotos de brókeres que se asoman desesperadamente a las terminales de Bloomberg, o en el que los gráficos rojos alarmantes copen las noticias de los informativos de televisión. Pero puede que no esté muy lejos. Después de que Donald Trump anunciara una nueva ronda de aranceles sobre China, ha habido pesimismo en todas partes, ya que parecía que habría una guerra comercial permanente entre las dos economías más grandes del mundo, con todo el daño que ello implicaría para las cadenas de suministro y las ganancias de las empresas. En la primera semana del mes, el índice de referencia S&P 500 bajó un 3,1 por ciento, y en Reino Unido el FTSE se vio lastrado por el nerviosismo ante las posibilidades de un Brexit duro. Durante las próximas semanas, es posible que veamos más olas de ventas a medida que Trump acelera la guerra comercial con China, mientras que Gran Bretaña y Alemania se acercan a una recesión; a medida que, insistimos, aumentan las posibilidades de un Brexit sin acuerdo que será un desastre para ambas partes; y a medida que los bancos centrales se tambalean tratando de encontrar cualquier cosa que pueda rescatar a la economía mundial de una recesión. Nadie se sorprendería ahora mismo de ver más caídas bruscas en los mercados en las próximas semanas.

Agosto ha sido el peor mes en cuanto a pérdida de dinero y colapsos en los mercados

Y sin embargo, aunque no se hubieran dado estos factores, no nos habríamos librado de un agosto difícil. Si no hubiera sido por los trastornados tuits nocturnos de Trump que hicieron que la renta variable entrara en barrena, habría sido otra cosa. Es el mes característico de las correcciones. Según un estudio de LPL Research, agosto ha sido el peor mes para la renta variable en los últimos diez años, con el S&P 500 bajando un promedio del 0,7 por ciento. En agosto de 2015 fue China de nuevo, con una crisis del yuan que hizo que el Dow cayera 1.000 puntos en una sola sesión de ventas salvajes. En agosto de 2011, fue una rebaja de la calificación de la deuda de EEUU por parte de S&P, lo que provocó una caída del 5,7 por ciento en el S&P500 a lo largo del mes. Pero esos fueron sólo los hitos más sobresalientes. A veces es por mucho, y a veces sólo un poco, pero los mercados han bajado durante cada uno de los últimos diez meses de agosto. No hay muchas cosas en las que se pueda confiar cuando se trata de prever el comportamiento de Wall Street y la City. Pero parece que estamos ante uno de ellos.

Es un mes bastante malo considerado en un lapso de tiempo más largo también. Desde 1950, el promedio mensual de movimientos en agosto ha sido de menos del 0,5 por ciento. Por si acaso alguien esperaba una rápida recuperación, sólo septiembre ha sido un mes peor en ese período. Agosto es ahora el único mes con caídas en los promedios de 10, 20 y 50 años (los meses realmente buenos, por si acaso alguien pregunta cuándo empezar a comprar, son marzo y julio). Dentro de ese marco de tiempo, ha habido algunos accidentes realmente graves en agosto. En agosto de 1990, por ejemplo, Irak invadió Kuwait y el índice cayó un 9 por ciento, y en agosto de 1998 la crisis de Rusia lo redujo en 15 puntos porcentuales. Es, con mucho, la página más propensa a los accidentes en el calendario, y la que tiene más probabilidades de perder dinero.

Pueden debatir las razones por las que agosto es tan malo. La más obvia es que con tanta gente de vacaciones, no muchos se quedan negociando, así que sólo se necesitan unas pocas órdenes de venta para bajar los precios drásticamente (aunque, por supuesto, es igual de probable que esto haga que los precios suban drásticamente también, pero, curiosamente, eso nunca parece ocurrir). Podría ser que los banqueros de más alto rango, los administradores de fondos y los ministros de finanzas estén todos ausentes, por lo que los becarios quedan a cargo de la oficina y es más probable que estropeen las cosas, haciendo que un asunto menor se convierta en una crisis. Podría ser el calor también...

Más probablemente, podría ser que las tensiones que se han ido acumulando durante meses, ya sean disputas comerciales, en las relaciones entre países o en el sistema financiero, tengan más probabilidades de llegar a un punto de ruptura cuando la gente se distrae de mantener todo en calma. O puede deberse a que los mercados bursátiles tienden a tener un mejor rendimiento en los primeros meses del año, de modo que para el octavo mes ya todo está sobrevalorado y es hora de una fuerte corrección. Diablos, podría incluso ser una pura coincidencia. Probablemente nunca lo sabremos con seguridad. Pero la razón puede que no importe tanto como la tendencia tan clara que se detecta. Es cierto, puede que no nos quede una frase hecha tan redonda (y que además, en inglés, rima), pero sell in August debería tomar el relevo del tradicional sell in May and go away. Y todavía faltan tres semanas para que los mercados vuelvan a la normalidad, por lo que los inversores deberían o bien apagar sus teléfonos e intentar olvidarse de ello mientras se sientan alrededor de la piscina, o bien abrocharse el cinturón para enfrentarse a un viaje muy movido.

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