Bolsa, mercados y cotizaciones

Los mercados esperan un manguerazo mínimo de 200.000 millones del BCE

  • Mario Draghi desvelará mañana su programa de compra de activos

¿Una tercera recesión en Europa en 6 años? Los brotes verdes y las raíces vigorosas de la recuperación de la eurozona son pasto de las llamas a medida que se deterioran los indicadores adelantados del tercer trimestre del año. ¿Por qué el BCE se siente forzado a inundar a la banca?

El índice de expectativas de crecimiento económico que realiza el instituto ZEW es uno de los indicadores que han tenido mayor correlación con la evolución del PIB. En los tres meses del tercer trimestre este índice se mantuvo a la baja, hasta marcar en septiembre mínimos desde diciembre de 2012 (trimestre en el que la economía europea se contrajo un 0,5%).

Pero este es sólo un indicador de todos los que reflejan la debilidad de la recuperación en el Viejo Continente. Sin demanda interna, inversión y estímulos fiscales, los diferentes motores de crecimiento no tienen combustible. Por eso todas las miradas se vuelven hacia el Banco Central Europeo (BCE) en busca de algún actor que consiga revertir esta situación, o, cuanto menos, ganar tiempo.

Una vez más, el presidente de la entidad, Mario Draghi, tendrá que salvar a la eurozona, esta vez de las llamas que amenazan con acabar con todos los brotes verdes. La entidad monetaria tiene un doble objetivo: activar el crédito a la economía real y animar la inflación, que en septiembre cayó al 0,3%, su dato más bajo en 59 meses.

Alemania pisa la manguera

Las expectativas que Draghi había creado de cara a la reunión de octubre, que se celebrará en Nápoles, fueron muy elevadas hace un mes: un programa de compra de valores respaldados por activos (ABS), una tercera ronda de compra de cédulas hipotecarias (CBPP3) y, lo más heterodoxo y polémico, el debate para adquirir deuda soberana de los estados miembro. Sólo para el primero de estos programas, el consenso de mercado esperaba una dotación de 500.000 millones.

En definitiva, más liquidez en el sistema financiero y (esto está por definir) algo de riesgo en el balance del BCE. ¿Riesgo? Esta es la palabra prohibida para Alemania, que en las últimas semanas se han encargado de matizar, e incluso, contradecir, las declaraciones de Draghi. Al fin y al cabo, comprar activos significa asumir un riesgo, que puede ser más o menos limitado.

Tanto han conseguido enfriar las expectativas que, según la última encuesta de Reuters, las casas de análisis esperan ahora un programa de compra de ABS de sólo 200.000 millones de euros. "Las expectativas del mercado parecen bajas", explican desde Bank of America, "además, en términos del tamaño total de estos programas y duración, el BCE podría ser ambiguo al no tener todos los detalles preparados".

"El BCE probablemente se mantendrá ambiguo en muchos aspectos, ya que podría ir en detrimento ser demasiado explícito", advierte César Fernández, gestor de renta fija de Deutsche Asset & Wealth Management.

En definitiva, los miembros del Consejo de Gobierno tendrán que convencer a los representantes alemanes de la necesidad de dar un paso más para intentar recomponer un canal de transmisión de la política monetaria que está roto.

Tres halcones de Berlín ocupan una silla en la institución: Jens Weidmann, como presidente del Bundesbank y Sabine Lautenschläger y Peter Praet, como miembros del Comité Ejecutivo. El propio Weidmann ha reconocido que "hay que tener cuidado de transferir riesgo a los bancos centrales de la eurozona". También se ha sumado a sus reticencias el ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble.

¿Podrán los bomberos del BCE apagar el incendio de la economía de la eurozona si Alemania pisa la manguera? Los expertos creen que 200.000 millones son claramente insuficientes: hay que recordar que el sector financiero europeo tiene un tamaño de 30 billones.

La entidad está dispuesta a elevar su balance hasta niveles de 2012, esto es, inyectar en el mercado un billón de euros (o lo que es lo mismo, un montante igual la economía española). Pero los bancos no necesitan más liquidez. Y así lo demostraron en la última subasta de financiación condicionada (TLTRO), que resultó decepcionante por el montante reclamado por la banca: apenas 82.600 millones de los 400.000 millones disponibles.

Las entidades necesitan eliminar riesgo de su balance y liberar capital, pero alguien tiene que hacerse cargo de estos activos.

Qué es un ABS

ABS son las siglas de valores respaldados por activos. Dentro de la complejidad de su estructura, a grandes rasgos, se trata de titulizaciones de flujos de caja que recibirá el banco, como pueden ser créditos hipotecarios o a empresas.

El banco hace un paquete con estos activos que irá cobrando en el tiempo y los coloca en el mercado para que otros inversores lo compren, lo que supone una transferencia del riesgo de impago. Las titulizaciones pasan por el filtro de las agencias de rating, que determinan los tramos con mejor perfil de crédito de los de dudoso cobro. Y es en este punto donde surgen las dudas.

Si el BCE no quiere asumir riesgo, comprará sólo las partes con mejor calificación, pero la medida no tendrá apenas impacto para reactivar el crédito, porque la banca necesita liberar la parte de mayor riesgo. El BCE ha advertido que quiere ABS "sencillos y transparentes".

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