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El cobre está condenado a dispararse: no hay minas suficientes para cubrir la demanda

Mina de cobre en Rio Tinto, España. Foto: Dreamstime
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La historia que ha llevado al precio del cobre a los 10.000 dólares la tonelada por primera vez desde 2022 es sencilla: los pronósticos para la demanda en los próximos años apuntan a un fuerte crecimiento y la producción del metal no va a ser suficiente para cubrir el aumento del consumo. Los analistas tasan en 150.000 millones de dólares el dinero que tendrá que invertir la industria en los próximos años para poder atender esta nueva demanda un esfuerzo titánico para las mineras, que sufren el proceso de extinción de los yacimientos de cobre más productivos. La oferta de BHP para comprar Anglo American es un ejemplo de cómo las empresas del sector quieren conseguir aumentar su oferta del metal, cada vez más preciado, a toda costa.

Las mineras de cobre son conscientes de la necesidad de aumentar la oferta, después de varios años en los que los presupuestos de exploración de nuevas minas han sido bajos. Según los datos que publica S&P Global, el sector ha vuelto a superar los 3.000 millones de euros en 2023, en su conjunto, en dinero presupuestados para exploración de nuevos yacimientos, una cantidad que no superaba esta cota desde el año 2013. Aunque el dinero que se utiliza para la búsqueda de cobre ha alcanzado máximos de una década, todo apunta a que no va a ser suficiente para cubrir el incremento de la demanda que se va producir en los próximos años.

CRU Group, una empresa dedicada al análisis e investigación de mercado, tasa en 150.000 millones de dólares la inversión que se va a tener que acometer en los próximos 8 años para poder equilibrar el consumo con la oferta, y evitar que el mercado se mantenga en una situación de déficit de producción.

Los motivos detrás del incremento de la demanda tienen mucho que ver con la transición energética, un proceso en el que el cobre va a tener un papel protagonista, ya que se necesitarán grandes cantidades del metal industrial para la producción de coches eléctricos, y también para las redes de transporte de energía hacia las nuevas electrolineras. Además, la construcción de nuevos centros de datos por parte de las empresas tecnológicas, unas infraestructuras que van a ser clave para continuar con el desarrollo digital y también para poder continuar los avances de la inteligencia artificial, serán otra fuente de incremento de la demanda en los próximos años.

"La demanda va a acelerarse durante los próximos años debido al desarrollo de los centros de datos en todo el mundo y los planes de inversión en infraestructuras -sobre todo verdes- presentados en EE. UU. y Europa", explica Enguerrand Artaz, gestor de fondos de La Financiere de l'Echiquier.

En el pasado, China ha sido capaz de cubrir el déficit de producción de algunos materiales, y a día de hoy todavía es un gigantesco productor de cobre y almacena una enorme cantidad del metal. Sólo en la última década, las mineras chinas han sido responsables del 40% de los aumentos de producción que se han producido, pero, según los cálculos de McKinsey, este porcentaje va a caer hasta el 16% en los próximos cinco años. Las necesidades de inversión son tan enormes que los analistas descartan que el gigante asiático vaya a tener capacidad suficiente para cubrir el déficit de oferta por sí solo.

¿Por qué se ha invertido tan poco en buscar cobre?

La falta de inversión en nuevos yacimientos de cobre ha pillado con el pie cambiado a la industria, y ha generado las subidas de precio del metal de los últimos años (los futuros sobre cobre han subido un 115% desde los mínimos que se tocaron en 2020, en plena pandemia de coronavirus), y hay varios motivos que explican la poca reacción que han tenido las empresas del sector en la búsqueda de nuevos yacimientos del metal.

El principal problema es que el ser humano ya ha agotado los yacimientos más productivos de cobre. Las minas de cobre de mayor calidad ya son cosa del pasado, y cada vez es más costoso para las compañías desarrollar una mina que les asegure años de producción continua. Así, esta causa natural reduce los márgenes de beneficio de las empresas mineras, pero no es el único motivo que ha hecho que la búsqueda de nuevo cobre sea cada vez menos rentable y atractivo para la industria.

"Las reservas mundiales de cobre son muy bajas y la capacidad de producción se ha visto sensiblemente mermada estos últimos años, sobre todo después del cierre a finales de noviembre de la gigantesca mina a cielo abierto explotada en Panamá por el grupo canadiense First Quantum", explica Artaz.

Otro motivo que ha generado este problema tiene que ver con el propio coste de los materiales y los equipos necesarios para la extracción. La inflación que se está produciendo en los últimos años no sólo castiga a los consumidores de bienes, y en este caso también está afectando a las empresas que necesitan material para abrir nuevos yacimientos de cobre. Para minar metal se necesita metal y otras materias primas y, en este caso, se está produciendo un círculo vicioso que contribuye a incrementar los precios.

"Los proyectos pueden existir, en términos geológicos. Lo que se necesita es el dinero," explica Bernard Dahdah, analista senior de materias primas de Natixis, e insiste en el problema de la falta de inversión durante años: "La última vez que los precios estaban en 10.000 dólares la tonelada, las empresas mineras no aumentaron sus inversiones, si no sus dividendos", recuerda.

Además de lo anterior, el enfoque ESG (medioambiente, social y de gobernanza) que ha utilizado la industria de la inversión en los últimos años, que se basó en muchos casos en criterios de exclusión, y vetó las inversiones en ciertas industrias, también ha contribuido al problema. Las minas de cobre no son, por norma general, un proyecto amable con el medio ambiente, y parte de la falta de inversión que se ha producido ha tenido que ver con el intento de evitar participar en procesos que pudiesen empeorar el enfoque ESG de la industria.

Un rally que llevará al metal hasta los 12.000 dólares la tonelada

Después de la subida de precios vertiginosa que se ha producido, la gran pregunta es hasta dónde puede llegar el incremento de los precios del metal. Los contratos de futuro en la Bolsa de Metales de Londres por el momento no dibujan una tendencia especialmente preocupante, y que el cobre se está pagando al mismo precio que el actual para el año 2027, pero hay analistas que avisan de que los precios van a continuar aumentando durante los próximos años.

BlackRock ofrece un dato significativo: según sus estimaciones, el precio del cobre debe llegar hasta los 12.000 dólares la tonelada, más del 20% por encima de los precios actuales, para que se empiece a incentivar a la industria a llevar a cabo grandes inversiones en nuevas minas. "Necesitamos nuevas fuentes de cobre, y en este momento no veo esos grandes bloques de nueva oferta llegando al mercado", explica Olivia Markham, gestora del fondo BlackRock World Mining. "Si miramos los precios actuales, creo que están muy por debajo de los que necesitamos ver para que la industria tenga suficientes incentivos para volver a invertir", explica.

Si sus cálculos son correctos, parece inevitable que el precio de la tonelada de cobre continúe subiendo, y alcance los 12.000 dólares la tonelada. De ocurrir, será el precio más alto que se ha visto nunca, por encima de los 10.674 dólares que se llegaron a ver en 2022 y que, a día de hoy, son los máximos históricos del metal.

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