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¿Por qué el inversor minorista aún dice 'no' a la sostenibilidad? Los expertos opinan

Imagen: Istock.

Hace ya más de año y medio -desde agosto de 2022- que las entidades financieras españolas empezaron a preguntar a sus clientes si tenían "preferencias de sostenibilidad" a la hora de realizar sus inversiones. A aquello se le denominó en la industria green MiFID, ya que implicaba añadir preguntas sobre inversión verde o responsable al test de idoneidad que ya había introducido MiFID (la Directiva europea de los Mercados de Instrumentos Financieros). Se esperaba que este fuese un paso crítico para que la inversión ESG (aquella que se realiza en base a los criterios ambientales, sociales y de gobierno corporativo) aterrizase en las carteras de los inversores retail. Todas las noticias sobre inversión sostenible en elEconomista ESG.

Veinte meses después, la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores) ha publicado un análisis sobre las respuestas recabadas hasta la fecha por parte de las entidades financieras. Entre otras conclusiones, destaca que sólo un 23% de los clientes dicen tener dichas preferencias de sostenibilidad. Un porcentaje que, según se señala en el documento publicado por el regulador, "no es todavía elevado", aunque " estaría alineado con las respuestas de la industria europea a la consulta de ESMA [el regulador a nivel europeo]".

En contraste con ese dato, las encuestas publicadas hasta la fecha revelaban un gran interés de los inversores por los criterios ambientales, sociales y de gobernanza. El pasado mes de enero, un sondeo de Nordea AM señalaba que, incluso después de un 2023 que no fue positivo para los activos verdes, casi el 60% de los inversores españoles seguía interesado en la ESG. Este estudio, eso sí, se realizó entre 300 asesores y banqueros, no minoristas. Anteriormente, en el periodo 2020-2021, una amplia encuesta realizada a 2.000 inversores por Afi, FinReg360 y Allianz GI mostraba que casi el 89% de los inversores "desearían que en la gestión de su patrimonio se utilizaran criterios sostenibles" y el 63,4% consideraba "muy probable" o "bastante probable" que empezaran a preguntar por productos de inversión sostenible. ¿Qué ha pasado para que 'a la hora de la verdad' se registre sólo un 23%?

"Es cierto que, si me hubieran preguntado hace año y medio, habría esperado un porcentaje más elevado", reconoce Úrsula García, socia en FinReg360, "pero a día de hoy ese 23% no me sorprende, porque es lo que nos han ido trasladando los clientes; no ya las entidades financieras, sino también las personas que han realizado el test a título individual. Ya nos habían hecho saber que no se están recibiendo tantas respuestas afirmativas como en un primer momento se podía esperar". En opinión de esta experta en regulación, ese resultado tiene que ver con que las preguntas son "bastante complejas" y en ocasiones el cliente ni siquiera entiende bien lo que le preguntan. "El excesivo tecnicismo en las preguntas puede ser una de las razones de ese porcentaje tan bajo, algo que, por otro lado, se está viendo a nivel europeo, no es algo que ocurra sólo en España", enfatiza García.

El MiFID verde incluye preguntas complejas al inversor acerca de cómo quiere -si es que lo quiere- realizar esa inversión ESG; por ejemplo, les plantea si quieren invertir en base a la taxonomía verde europea (la clasificación de la UE de las actividades económicas consideradas positivas para el clima y el medio ambiente), o en base a las llamadas PIAS (productos de inversión que tienen en cuenta las principales incidencias adversas, es decir, que gestionan los impactos negativos que puede tener dicha inversión sobre cuestiones climáticas o sociales). ¿Es esto fácil de digerir por un inversor de a pie? No.

Un cliente de banca privada, buen conocedor de la regulación de finanzas ESG, relata a elEconomista.es su experiencia cuando, hace unos meses, realizó este test en una de las grandes entidades financieras españolas: "Creo que muchos bancos se limitan a hacer el cuestionario como un mero compliance. No solo no explican el qué y el porqué del objeto de la inversión verde, sino que además, como previamente suelen hacerte el análisis de perfil de inversor (conservador, moderado, riesgo), suele asociarse la inversión con criterios ESG a perfiles más conservadores (y, por tanto, de menor rentabilidad). Lo que suele ocurrir es que los fondos de menor rentabilidad también suelen generar menos comisiones para las gestoras", advierte. Este cliente añade que "una buena práctica sería que las instituciones financieras hicieran pedagogía y explicase el qué y el porqué".

Andrea González, directora general de Spainsif, plataforma sin ánimo de lucro dedicada a promover la inversión responsable en España, considera que es "prematuro" valorar si ese 23% "es un dato más o menos positivo, dado que estamos en las primeras etapas de despliegue de la estrategia de comercialización de productos sostenibles". Está de acuerdo en las dificultades de la terminología: "El marco introduce un lenguaje relativamente nuevo y peculiar al que es necesario que se adapte tanto la oferta como la infraestructura tecnológica, la red de asesoramiento financiero y el propio cliente", señala.

"Creo que a nadie le sorprende ese porcentaje tan bajo; incluso demasiado alto es, si se tiene en cuenta lo tediosa que es para los clientes la forma en la que las entidades deben consultar esas preferencias de sostenibilidad", lamenta Tomás Conde, ESG & Sustainable Finance director en N-World. Conde añade a esto "lo confusa que es la generación de producto sostenible según SFDR", en alusión a la Sustainable Finance Disclosure Regulation, la normativa para los fondos sostenibles lanzada en 2021 por la Comisión Europea, que diferencia entre productos artículo 8 y artículo 9 y que ahora se está revisando en aras de una posible simplificación.

Esa complejidad, aclara Úrsula García, de FinReg360, no es algo que haya generado la CNMV. "La propia norma no deja mucho espacio para simplificar las preguntas, ya que no hay muchas formas de decir taxonomía, y dado que lo que se busca es evitar el greenwashing [ecopostureo] es lógico ir hacia definiciones normativas de lo que es ser sostenible. De ahí que no sean preguntas friendly para los inversores". A esto se suma la falta de cultura financiera: "Quizá a la gente todavía le cuesta mezclar sostenibilidad y productos financieros; todavía consideran que son productos filantrópicos, en los que no prima el componente de inversión, cuando, obviamente, no es el caso. Esto irá cambiando con el tiempo, los inversores irán viendo que es perfectamente posible tener un instrumento financiero que te dé rentabilidad y que además tenga esas características adicionales de sostenibilidad", anticipa esta experta.

Por otro lado, una lectura positiva tras la entrada en vigor de este MiFID verde es que, destaca Andrea González, "que no se estén ofreciendo productos que no se correspondan con las preferencias de los inversores", así como el hecho de que España no va retrasada, "sino en línea con otras regiones europeas", enfatiza la directora general de Spainsif.

¿Ha pesado la 'ola anti ESG' en estas respuestas de los minoristas? La socia de FinReg360 no lo cree, ya que "ese rechazo está más bien en las gestoras de activos, que están dando un cierto paso atrás ante la carga administrativa y la complejidad regulatoria"; García también pone de relieve, para explicar ese resultado, que el público más sensibilizado con estos temas es el más joven, "que probablemente no es el perfil del inversor habitual en España".

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