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China renuncia a la devaluación del yuan para acabar con el 'frenazo' de su economía

  • Un yuan más bajo 'aliviaria' la deflación e impulsaría el PIB...
  • ... pero China lo matiene alto con 'rescates' de sus bancos públicos
  • China se ha 'olvidado' del rol que tendrá su divisa en la Asamblea Popular Nacional

China se encuentra ahora mismo atrapada en una verdadera crisis. Con el sector de la construcción en caída libre, un crecimiento menor de lo esperado y una deflación confirmada, el país está viendo cómo sus perspectivas empeoran. En particular, teniendo en cuenta que se espera una ralentización de la economía mundial que puede limitar una de sus grandes bazas, su músculo exportador. Sin embargo, Pekín tiene un arma muy poderosa que no ha dudado en utilizar en el pasado, el yuan. Sin embargo, durante la Asamblea Popular Nacional, (el evento político más importante del año) se ha impuesto un silencio entorno al rol que tendrá la divisa en los objetivos del Gobierno, que apuntan a un crecimiento del 5% para este año.

La moneda nacional de China, que vio un recorte de tipos de interés este mismo martes para reanimar el crecimiento económico, tiene todos los factores para caer con fuerza frente a un euro y un dólar cuyos bancos centrales están manteniendo el 'precio del dinero' en todo lo alto. Los expertos sólo ven ventajas para una devaluación de la divisa asiática, que abriría la puerta a un incremento de las exportaciones y que, además, ofrecería un repunte de los precios en un momento en el que el gran peligro es entrar en un bucle deflacionario. Sin embargo, China no solo no quiere oír hablar de ver caer su moneda, sino que está interviniendo de forma agresiva en su precio para que no se mueva en absoluto.

Ha quedado totalmente claro tras la Asamblea Nacional Popular celebrada hoy. Este gran evento estaba marcado en el calendario macroeconómico del país, pues dejaría clara su hoja de ruta. El país se ha encomendado a un objetivo de crecer al 5%, a pesar del difícil contexto económico que atraviesa el gigante asiático, gracias a un programa de estímulos económicos financiado a través de déficit. Sin embargo, en ningún momento hacen referencia a una divisa más barata para dinamizar su economía. De hecho, en recientes declaraciones diversos miembros del gobierno y el propio Xi Jinping han abogado por un "yuan fuerte".

Desde mínimos de septiembre, el yuan se ha revalorizado un 2% frente al dólar. Sin embargo, tras una potente subida en noviembre, la divisa se ha mantenido en un rango similar al dólar. A medida que ha ido optando por caídas se han tomado diferentes soluciones para impulsar el yuan. Por un lado, dificultando la compra de dólares y por otro, haciendo que sus grandes bancos estatales comprar divisa nacional para impulsar su precio, vendiendo activos en dólares.

Brad W. Setser, experto de CFR, explica en un reciente informe que "China está controlando de forma activa su moneda". El analista incide en que "a pesar de que no ha habido un rescate al uso, porque el Banco Popular de China no ha usado sus propios fondos", esta institución, "mandó a estas entidades hacer el trabajo sucio, estas firmas controladas por el estado han recibido instrucciones operativas". En ese sentido, Setser concluye que "China ha consagrado durante 2023 un mecanismo de intervención indirecta para evitar caídas en el yuan evitando un rescate".

En un primer momento, todo parecía indicar que, tras dos fuertes caídas desde 2022, China quería evitar una caída muy acelerada de la divisa que terminara dañando la confianza empresarial. Desde RBC Capital señalaban que "la preocupación del banco central es que la debilidad de la moneda exacerbe el sentimiento negativo entre los inversores extranjeros y los nacionales". El yuan llegó a desmoronarse un 12,9% en algunos meses de 2022 (de sus máximos de marzo a mínimos de octubre) y un 8,7% en 2023. Una volatilidad que es veneno para los inversores.

"La gran esperanza es que baje el yuan, porque podría elevar lo suficiente sus propios precios, rompiendo esa psicología deflacionaria"

Sin embargo, desde el verano, los precios se han mantenido en un rango similar, sin bajadas importantes. A esto se le suma que el propio presidente, Xi Jinping, ha hablado públicamente este 2024 diciendo que China, en estos momentos, "necesita más que nunca una moneda fuerte". Por lo que se espera que el gobierno siga apoyando al yuan para que, como mínimo, mantenga sus niveles actuales frente al dólar y que incluso suba cuando la Fed comience con sus recortes de tipos. El consenso del mercado apuesta por un primer movimiento en ese sentido para junio.

Una situación que, según apuntan diversos expertos, es negativa para su economía. David Lubin, ex investigador de Citigroup y actual experto de Chatham House, explica en su último informe que "China está a las puertas de un bucle fatal: los precios caen ante una demanda débil y, con una deflación del 0,8%, los hogares siguen retrasando el gasto a la espera de que los bienes y servicios se vuelvan más baratos". En ese sentido, su gran esperanza para romper esa mentalidad "es que baje el yuan, porque podría elevar lo suficiente sus propios precios, rompiendo esa psicología deflacionaria antes de que se establezca (y mientras ganas más por exportaciones en el progreso impulsando al PIB)".

Con la última caída, el IPC de China vivió este mes su mayor caída desde 2009. Con la subyacente un 0,4% negativo. Aunque el problema, más allá de la extensión de la caída, es el hecho de que ya encadena cuatro meses consecutivos de contracción de los precios. Esta situación está sucediendo en paralelo a una desaceleración de su PIB que, a pesar crecer en 2023 un 5,2% (el objetivo era el 5%), está muy lejos de las esperanzas que había en un despertar poscovid y de su propia media histórica que se situaba en el entorno del 10%.

El problema es que el futuro pasa por una ralentización hacia el 4,6%, según el FMI que cree que la economía del gigante asiático irá decreciendo "por la debilidad de su sector inmobiliario y la débil demanda externa". Esto se suma a un ratio de deuda elevada en su economía (286% del PIB según datos de Bloomberg) y un envejecimiento de la población. Ante todas estas amenazas, el gobierno se ha empeñado en reflotar el crecimiento y, para lograrlo, ha emprendido una sucesión de estímulos económicos y su banco central lleva recortando tipos desde julio en los diferentes tipos de interés. Sin embargo, el mayor desafío es la caída de los precios.

No solo son los expertos los que no entienden por qué Pekín no deja caer su moneda. En el último informe del FMI sobre la economía China defiende que "una mayor flexibilidad del tipo de cambio sería una gran ayuda frente a las presiones desinflacionarias". De hecho, este problema puede agravarse con un yuan en alza a partir del ecuador del año, un escenario que todas las casas de análisis contemplan, aunque creen que tendrá un impacto limitado.

Lubin cree que se trata de un problema de ambición por parte de China, que quiere evitar cortar la expansión del yuan como moneda de uso internacional en medio una de sus mayores ofensivas en toda su historia. "China quiere convertir su moneda en una referencia financiera a nivel mundial y está claro que sus socios comerciales estarían menos dispuestos a aceptar pagos en esta divisa si sigue perdiendo valor".

"China tiene que ser una potencia financiera de primer orden y para ello debemos impulsar una moneda fuerte"

El propio Xi Jinping explicó en un reciente discurso ante el Comité Permanente del Politburó que el yuan aún está infrarrepresentado en el número de operaciones financieras del mundo. "China tiene que ser una potencia financiera de primer orden y para ello debemos impulsar una moneda fuerte, una economía sólida y unas instituciones estables". El mandatario concluyó alegando que "es necesario acelerar la construcción de un sistema financiero moderno con características propias".

El billete asiático ha vivido uno de los mayores auges en su presencia internacional este 2023. Numerosos países, viendo los riesgos de depender demasiado del dólar en Rusia, tras las sanciones internacionales, han diversificado sus movimientos y el yuan ha sido uno de los grandes beneficiados. Según datos del Sistema Financiero SWIFT, el yuan ya se utiliza en un 4,61% de las transacciones frente al 1,9% en el que se encontraba en enero de este mismo año. Estas cifras no amenazan en absoluto el dominio de más del 47% que ostenta el dólar pero sí supone un punto de inflexión para empezar a llevarse una parte más amplia del pastel. Alicia García-Herrero, analista en Asia-Pacífico de Natixis, explica que "estamos en medio de un nuevo impulso de la internacionalización del Renminbi". A pesar de que Pekín lleva desde 2009 inmersa en este empeño "no había logrado ningún avance hasta el momento y, de hecho, tuvo que abandonarse este objetivo en 2015 ante, precisamente, un colapso del yuan".

El impulso actual, según García-Herrero "viene principalmente de una 'militarización' del dólar tras la invasión rusa de Ucrania que ha dado al renminbi un valor estratégico". Aparte de eso, "la internacionalización del yuan también se ha beneficiado de las elevadas tasas estadounidenses desde 2022. Dados los mayores costos de endeudamiento del dolar, muchos deudores han recurrido al Renminbi para financiarse o refinanciarse".

¿Por qué no deja caer el yuan?

China cree en el yuan como una vía de desarrollo económico a largo plazo. Según explica la Oficina de Presupuesto del Congreso de EEUU, el estatus internacional del dólar genera una "fuerte demanda" que ha dado un apoyo clave para su economía. Esa situación "fomenta una mayor demanda de activos financieros, aumentando la disponibilidad", además de "ahorro clave por los costes de transacción". Unos beneficios que Xi Jinping quiere para la superpotencia asiática en el futuro, al menos en parte. Debido a ello, desde Pekín no están dispuestos a sacrificar un plan que lleva años en marcha para aliviar su crisis actual.

En cualquier caso, hay otros motivos secundarios por los que a China le interesaría mantener alta su moneda, pese a que bajarla pueda ser el antídoto al mayor riesgo que atraviesa su economía. Por un lado, calmar a unos inversores internacionales en retirada. "En el pasado una debilidad general provocó una pérdida de confianza que derivó en salidas de dinero del país", defienden desde ChathamHouse. Aunque esto sería solo ante una caída contundente. Por otro lado, los expertos avisan de que un renminbi más débil "podría incrementar las sospechas de los reguladores comerciales de EEUU y Europa, sus principales socios comerciales".

Respecto a la pérdida de confianza, esta una preocupación muy importante para China que está viendo como la incertidumbre sobre el país está haciendo caer a marchas forzadas. Según los datos de la Administración Estatal de Divisas, la inversión directa aumentó en 2023 en unos 33.000 millones de dólares. Se trata del menor crecimiento que ha vivido el país desde 1993, tras caer más de un 82% en solo un año.

¿Puede subir el yuan y prender más la deflación?

En cualquier caso, las dudas son máximas respecto al rumbo que tomará la moneda y si se fortalecerá, echando más gasolina sobre la deflación. Desde Goldman Sachs explican que "si bien los ajustes diarios que se han producido por la acción política de Pekín han reducido la depreciación, vemos un repunte limitado debido a que haría falta un crecimiento consistente de los datos económicos que, ahora mismo, no parece sostenible". Lo mismo creen desde Comercial Bank, donde explican que "la economía de China todavía tiene que ganar una base firme y esto seguirá ejerciendo presión a la baja sobre el yuan en el corto plazo.

ANZ, por su parte, defiende que "esperamos que un cambio de rumbo en 2024 dé lugar a una moneda más fuerte. Los efectos acumulativos de las medidas de estímulo que se han anunciado, incluidas las recientes en torno al sector inmobiliario, deberían empezar a reflejarse en mejores datos económicos".

Aunque el sentimiento general es que las alzas del yuan no serán muy extensas. Desde Commercial Bank explican que "es poco probable que el yuan se fortalezca sustancialmente ya que los obstáculos estructurales, incluidos los problemas inmobiliarios, seguirán planteando riesgos para las perspectivas de crecimiento de China". Resumiendo, los expertos apuntan a que el dólar acabará el año cambiándose por un rango de 6,8 a 7,45 yuanes, frente a los 7,2 a los que cotiza actualmente.

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