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El día que Suecia dijo no al euro: por qué tienen su propia moneda estando en la UE

  • Está en un limbo legal, pues ser miembro implica avanzar hacia la convergencia monetaria
Banderas de Suecia y la UE (iStock)

Suecia lleva oficialmente 20 años en un polémico limbo legal en Europa al no usar el euro. El motivo detrás de que el país nórdico pertenezca al 'club de los 27' al tiempo que utiliza su propia divisa viene arrastrado desde hace décadas y supone un punto polémico tanto en Bruselas como en Estocolmo. Oficialmente se unió a la UE en enero de 1995, firmando el Tratado de Adhesión de la mano de Finlandia, Austria y Noruega. Todos fueron aceptados aunque un referéndum en Noruega hizo que este país se bajara del proceso. Con todo firmado y listo, todos estos estados renunciaron oficialmente a sus monedas y se comprometían a usar el euro en virtud del Tratado de Maastricht, cuando cumpliesen las condiciones adecuadas. Casi treinta años después de estos hechos Suecia sigue utilizando la Corona sueca en vez de la divisa europea.

El motivo de esta extraña situación se remonta a 2003. En aquel año, y tras más de una década para desembarcar oficialmente en la Eurozona, el país preparó un referéndum sobre la implementación del euro. El resultado, sin embargo, fue un jarro de agua fría para los esfuerzos europeístas dentro del país, con solo el 41,8% de los votos apoyando al euro frente al 56% que pidieron quedarse con la corona sueca. Desde entonces, Suecia se encuentra exactamente en la misma posición, está dentro de la Unión Europea y, por lo tanto, se le exige oficialmente su adhesión a la moneda, pero el país 'retrasa' su implantación. Un retraso que se mantiene durante décadas por la voluntad de sus ciudadanos en mantener su soberanía monetaria.

Concretando más, actualmente todos los partidos del arco parlamentario, excepto los liberales, están a favor de mantener su divisa y los motivos se han mantenido invariables desde entonces. Los políticos que se muestran a su favor afirman que quieren mantener el control efectivo de su política monetaria para que, en caso de crisis, poder tomar decisiones diferentes a las del Viejo Continente. Además, estos representantes consideran que han logrado un gran desempeño económico, especialmente en tiempos turbulentos, con la fórmula actual, por lo que consideran arriesgado cambiarlo.

El país nórdico no es el único que está en la UE sin implementar su moneda, Dinamarca no utiliza el euro, aunque se trata del único que toma esta medida de manera completamente 'legal' con respecto a los tratados de la UE. El vecino de Suecia negoció con el grupo un acuerdo para no participar del tratado de Maastricht en 1992, por lo que, con su propio referéndum sobre el euro en el que esta opción perdió, se mantienen en su pleno derecho de ser miembro del eurogrupo.

Tampoco están Dinamarca, Bulgaria, Hungría, Polonia, Rumania o República Checa

Diferente situación es la del resto de países, pues se considera que su economía aún no ha cumplido todos los requisitos para convertir al euro en su divisa principal. Este es el caso de Bulgaria, Hungría, Polonia, Rumania o República Checa. Los países del este de Europa se unieron en las ampliaciones de 2004, 2007, y 2013 y, entre medias, se han encontrado con diversas crisis como las de Lehman Brothers o la del covid, que han provocado que el proceso de adaptación del euro se dilate en el tiempo. Aunque ningún caso es comprable al de Suecia, donde no se da el paso porque su población no apoya el cambio, por lo que elude intencionalmente diversas condiciones de ingreso.

Entre las condiciones que exige Bruselas para acceder a la moneda común se suman una inflación concreta, una deuda sobre el PIB y un déficit por debajo de los objetivos que marca la UE. Además, una vez cumplidos estos requisitos macoreconómicos se pide que su moneda se someta al Mecanismo Europeo de Tipos de Cambio (ERM II) durante un periodo de prueba para comprobar que no haya una importante depreciación en sus divisas que afecte al euro. Tras todo esto se debe aprobar un paquete legislativo que garantice la independencia de sus instituciones monetarias para ser homologables a las del resto de países europeos.

En el caso de Suecia, bastaría con su voluntad para poner en marcha la maquinaria e integrar al Riksbank, el banco central más antiguo del mundo (fundado en 1668) dentro de la infraestructura europea. Un debate que parecía enterrado desde hacía más de una década, pero que ahora ha vuelto a resurgir en el país nórdico mientras la inflación aqueja su economía y la corona sueca no para de hundirse frente al euro.

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