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El día que cambió la banca: 15 años del colapso de Lehman Brothers

El escritor austrobritánico Stefan Zweig en sus Momentos estelares de la humanidad cuenta en varios relatos cortos los hitos que cambiaron el transcurso del mundo, aquellos momentos que modificaron el rumbo de la Humanidad. Si Zweig hubiera vivido el año 2008 hubiera incluido el 15 de septiembre de ese año entre esas fechas decisivas en la historia contemporánea, un día que significó un importante hito en la transición del mundo industrial al nuevo mundo digital, al igual que ocurrió anteriormente con otros hitos como el 11-S en 2001 o el confinamiento a causa del Covid-19 en 2020.

La historia de la caída de Lehman comienza años atrás, en 2001. Tras el ataque a las Torres Gemelas el 11-S, la Reserva Federal estadounidense bajó los tipos de interés para estimular una economía que ya estaba atravesando dificultades tras el estallido de la burbuja puntocom. La economía estadounidense entró en recesión, comenzó la guerra de Afganistán y los bajos tipos de interés empezaron a inflar la burbuja inmobiliaria. La innovación financiera que dio lugar a productos que pocos entendían, que se expandía a la velocidad de Internet, en combinación con la ambición humana, provocó el salvaje crecimiento del mercado hipotecario y, poco después, el de sofisticados productos derivados de estas hipotecas. En junio de 2004, con el interés al 1%, la Fed comenzó a subir los tipos de interés, encendiendo con ello la mecha de la bomba que estallaría apenas unos años después.

En julio de 2006, cuando el tipo de interés alcanzó el 5,25%, las hipotecas y sus respectivos instrumentos financieros derivados se convirtieron, en gran medida, en activos tóxicos. El desastre estaba servido. En este contexto, Lehman Brothers, con más de 150 años de historia y gestionando más de 650.000 millones de dólares en activos, vio cómo su cotización perdía en apenas unos meses más de un 75% de su valor. El viernes 12 de septiembre, solicitó el rescate a la Fed, que denegó el rescate. Por ello, el lunes 15 de septiembre, la compañía no tuvo más remedio que declararse en concurso de acreedores y acogerse al capítulo 11 de la ley de quiebras estadounidense.

Ahora sabemos que Lehman Brothers, en aquel momento, era "demasiado grande para caer" pero cayó, y eso provocó la materialización de lo que, años más tarde, se conocería como riesgo sistémico. Todo el sistema financiero está interconectado y se basa en la confianza. Al quebrar Lehman Brothers, esta confianza se rompió y el mercado interbancario se secó prácticamente de inmediato. Ben Bernanke estaba al frente de la Fed y, gracias a su trabajo académico sobre el crack de 1929 –trabajo que le permitió ganar el premio Nobel de Economía en 2022–, sabía que si el gobierno no actuaba, la crisis financiera podría convertirse en una gran depresión. La Fed bajó los tipos de interés al 0% y, de forma inaudita, en apenas unos meses multiplicó por dos la base monetaria, inundando los mercados con liquidez.

En septiembre de 2008, la Fed comenzó a inyectar liquidez en el sistema, y lo que en origen fue un mecanismo de emergencia, se ha convertido en habitual durante los últimos quince años. Tras el confinamiento provocado por la pandemia, los bancos centrales de todo el mundo han respondido con la misma herramienta, que se empleó por primera vez tras la quiebra de Lehman Brothers.

Después de septiembre de 2008, nada volvió a ser igual. Islandia quebró apenas un par de meses después y la crisis de deuda de los países europeos fue también una consecuencia. Aunque Islandia se recuperó gracias al apoyo del Fondo Monetario Internacional, la banca europea todavía no ha levantado cabeza. El sistema financiero se rompió, lo cual también provocó la aparición del bitcoin en enero de 2009. La regulación bancaria, con la implementación de los acuerdos de Basilea III, ha fortalecido el sistema, pero también ha frenado la innovación y la capacidad de adaptación.

Esto ha llevado a la proliferación de la banca en la sombra (shadow banking), los procesos de descentralización y el aumento de las transacciones fuera del mercado regulado (OTC).

Quince años después, el legado de Lehman Brothers todavía persiste. Nos recuerda la importancia de la regulación, la vigilancia y, sobre todo, la necesidad de un sistema financiero con capacidad de adaptación a un mundo en constante cambio.

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