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Wall Street ve riesgo de más inflación y crecimiento que fuerce a la Fed a cambiar su plan

  • Bank of America contempla al bono americano en el 4,75% al finalizar el año
  • JP Morgan ha movido la estimación para el cierre de año del 3,85% al 4,20%
  • La pausa esperada para los tipos se puede ir al traste por este escenario
Jerome Powell, presidente de la Fed
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El ejercicio actual en renta fija no está siendo el que se esperaba cuando dio comienzo, y todavía puede ser peor. La posibilidad de que la inflación se revuelva en EEUU, en un contexto de crecimiento más fuerte de lo esperado, puede forzar a la Fed a endurecer su política más de lo previsto. Y esto, sin duda, se dejará sentir en la deuda soberana del país.

Después de un año 2022 en el que el bono estadounidense con vencimiento a 10 años sufrió pérdidas del 17% por precio, las perspectivas para 2023 eran de recuperación. Sin embargo, a 3 meses de terminar el ejercicio el bono americano deja pérdidas del 3,3%, y hay grandes casas de análisis que avisan del peligro de que estas todavía profundicen más en los próximos meses. Incluso, hasta casi alcanzar el 7%.

Es el caso de Bank of America. El equipo de estrategia del banco ha retirado su recomendación de mantener posiciones largas en el bono estadounidense, con un nuevo posicionamiento neutral y avisa del peligro de que las rentabilidades a vencimiento del título alcancen el 4,75% en los próximos meses.

No es su escenario base, pero los riesgos los han llevado a retirar la positiva recomendación para este activo. Si se cumpliese este escenario tan negativo, las pérdidas en 2023 alcanzarían el 6,85% por precio, en un año en el que el bono comenzó con una rentabilidad a vencimiento del 3,87%.

Más inflación, más crecimiento

¿Cuáles son los riesgos que han llevado a BofA a revisar su recomendación? Para los estrategas del banco el peligro es que la política monetaria de la Reserva Federal no sea lo suficientemente restrictiva según los datos macroeconómicos que se están conociendo. Estos son evidentes: el primero, que la inflación se resista a seguir cayendo y vuelva de nuevo a alejarse del objetivo de inflación de la Fed, el 2%.

El otro está relacionado con esta última cuestión: con la economía estadounidense dando señales de fortaleza en los últimos meses, algo que avala un crecimiento de la inflación más fuerte de lo que se podía esperar, la Fed podrá permitirse subir los tipos de interés sin miedo a hacer descarrilar la economía. A tipos más altos, mayores ventas de bonos, ajustando sus rentabilidades a vencimiento al nivel en el que la Fed establezca el precio del dinero.

Este es el mismo argumento que ha llevado a los estrategas de JPMorgan a revisar su previsión para el bono americano a final de año, pasando del 3,85% hasta el 4,20%, además de retirar su recomendación de comprar bonos del país con vencimiento a 5 años. Es un cambio que "refleja un crecimiento más fuerte, y también el riesgo de que la Fed sea más agresiva de lo que estamos esperando", señalan desde el banco estadounidense.

Ahora, esperan que haya "movimientos modestos en las rentabilidades de la curva estadounidense, y no esperamos que se produzca el tradicional rally de los bonos por el final de las subidas de tipos de la Fed hasta el año que viene, cuando haya más claridad sobre la próxima bajada de tipos", indican.

Como se ha vuelto habitual en los últimos años, lo que haga la Fed es la clave para los mercados, y en la inflación está el quid de la cuestión. El próximo 13 de septiembre, este miércoles, se publicará el dato de inflación de agosto en Estados Unidos, y el consenso de analistas espera un repunte hasta el 3,6%, por encima del 3,2% del mes anterior, algo que está volviendo a despertar los fantasmas de la inflación.

Una semana después, el miércoles 20 de septiembre, la Reserva Federal estadounidense se reunirá para decidir si toca los tipos de interés, y actualizará su cuadro de previsiones macroeconómicas, además del famoso dot plot. Con este último gráfico, los mercados podrán ver cómo está evolucionando la perspectiva de tipos de los miembros del Consejo de Gobierno, un indicador que tiene potencial de volver a generar las ventas de renta fija que están temen los grandes bancos de inversión.

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