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El año más agresivo de los bancos centrales en cuatro décadas

  • El BCE termina con un tono duro el año de mayores subidas de la Fed en décadas
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El trabajo de la Reserva Federal es hacer lo correcto, asumir el interés a largo plazo de la economía en su corazón, y a veces esto significa ser impopular. Pero tenemos que hacer lo correcto". Ben Bernanke definió así la responsabilidad que tienen los bancos centrales, ya sea la Fed estadounidense, o cualquier otro, como el Banco Central Europeo.

Esta frase, pronunciada por quien tuvo las riendas del banco central más importante del planeta entre 2006 y 2014, es un buen reflejo de lo que ha ocurrido en 2022 en los principales bancos centrales del mundo. La Fed y el BCE han tenido que sacar sus herramientas y pelear contra la inflación, algo que se traduce en la subida de tipos más agresiva de la historia del organismo europeo, y la más fuerte de la Fed de los últimos 40 años, desde la década de 1980, cuando Paul Volcker presidía la institución. Lo han hecho siendo conscientes del daño que van a provocar en el crecimiento económico, incluso a expensas de meter de lleno a la economía en una recesión.

"Hacer lo correcto" ha supuesto incrementar los tipos de interés en 425 puntos básicos en 10 meses, en el caso de la Fed, y 250 puntos básicos en 5 meses en el BCE. El primero ha dejado el precio del dinero en el 4,5%, mientras que el organismo que preside Christine Lagarde termina el año con una tasa de referencia del 2,5%.

El camino que siguieron

La Reserva Federal dio el paso primero y acometió la primera subida de tipos en marzo. Fue un incremento de tipos de 25 puntos básicos, una primera subida de bajo calibre, y a las que se sucedieron fueron todas más agresivas: 50 puntos básicos en mayo y luego cuatro consecutivas de 75 puntos básicos, con un último incremento, a mediados de diciembre, de 50 puntos básicos.

El BCE tardó más en reaccionar. El organismo no tenía nada claro a finales del año 2021 y principios de 2022 que el incremento de la inflación fuese a mantenerse en el tiempo. "Es transitorio", repetía Lagarde en aquel momento, hasta que se vio obligada a asumir la realidad. La espiral inflacionista tomaba fuerza, en tasas de entre el 5% y el 7,4% durante el primer trimestre, hasta llegar a alcanzar el 10,6% en el mes de octubre. En estos meses, no fue hasta julio cuando el BCE se decidió a coger el toro por los cuernos y empezar a subir tipos. Primero lo hizo en 50 puntos básicos, y posteriormente en dos subidas consecutivas, en septiembre y noviembre, de 75 puntos básicos. En diciembre terminó el año volviendo a subir a un ritmo de 50 puntos básicos, pero con un tercio de los miembros del Consejo de Gobierno, según se explica desde Bloomberg, abogando por aumentar los tipos de forma más agresiva.

Esta última reunión de los bancos centrales supuso un cambio de paradigma frente a los meses anteriores. El mensaje del BCE de diciembre ha reflejado un compromiso mucho más firme en la lucha contra la inflación. El discurso de Lagarde fue muy contundente, y el mercado así lo percibió, en una jornada en la que las ventas de los principales activos de renta fija fueron muy fuertes. "Los tipos de interés tienen que subir significativamente"; "debemos esperar más subidas de 50 puntos básicos durante un periodo de tiempo"; o "el techo de tipos del BCE que descontaba el mercado no es suficiente para que la inflación vuelva a nuestro objetivo del 2%, se tiene que hacer más", fueron algunas de las frases que la banquera central pronunció en su comparecencia, intentando convencer a los mercados de que el BCE no dará tregua en la pelea contra la inflación.

Al mismo tiempo, solo un día antes, la Reserva Federal cerraba el año con una subida también de 50 puntos básicos, un peldaño menos de lo que venía subiendo en los meses anteriores, pero haciendo hincapié en que, a partir de ahora, la clave del proceso de endurecimiento de la política monetaria ya no era tanto el ritmo de subidas, como el techo que alcanzarían los tipos al final de este ciclo, y el tiempo en el que se mantendrían en este nivel.

Los inversores, sin embargo, no compraron el mensaje de Powell como sí lo hicieron con el de Lagarde, y desde la reunión el mercado ha ampliado en 40 puntos básicos el techo de tipos de interés que espera para el BCE el año que viene, hasta el 3,5% en el mes de septiembre de 2023, mientras que para la Fed las expectativas se han mantenido sin cambios, esperando el techo de la subida de tipos en el 4,9% para el mes de mayo. Quienes esperasen que los bancos centrales fuesen a frenar el endurecimiento de su política por el miedo a una recesión, parece que tendrán que esperar más de lo previsto.

Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad de la Abogacía, explica cómo "las curvas de renta fija seguirán tensas en tanto en cuanto los bancos centrales no den signos de comenzar una progresiva normalización en términos de política monetaria, algo que no ocurrirá mientras no existan claras inferencias de reducción en inflación general y subyacente". Con la inflación todavía por encima del 7,1% interanual en Estados Unidos, y en el 10,10% en la zona euro, los señores del dinero todavía no pueden cantar victoria.

Reducción de balances

Los tipos de interés no son la única herramienta de la que han echado mano los bancos centrales en los últimos años. Durante la última década se han sucedido distintos programas de compras de deuda que han inflado los balances de activos de estos organismos, hasta niveles que ningún analista pudo esperar. La crisis del Covid generó el crecimiento más fuerte que se ha visto en los balances, y ahora ha llegado el momento de empezar a desinflarlos. Es, igual que la subida de tipos, un proceso necesario para intentar meter a la inflación en cintura.

En la zona euro, el balance de activos del BCE ha llegado a alcanzar los 8,8 billones de euros, el pasado mes de junio, pero en noviembre el adelgazamiento del balance cogió velocidad. Desde el día 18 de ese mes, el balance se ha reducido con bastante velocidad, casi un 9%, hasta los 7,98 billones de euros. Esta es otra prueba de que, en los últimos meses, el BCE parece haber cogido el toro por los cuernos, incluso con más decisión que la Reserva Federal, que está reduciendo su balance a un ritmo mas lento, apenas un 4,6% desde los máximos históricos que se tocaron el 13 de abril. Ahora, el balance de la Fed todavía se mantiene en los 8,55 billones de dólares.

Otro de los mensajes de Lagarde para cerrar el año tuvo que ver con la reducción del balance del BCE. De forma inesperada, la presidenta del organismo dio una guía detallada de cómo será el proceso de adelgazamiento del balance: un descenso de 15.000 millones de euros mensuales a partir de marzo, que se prolongará hasta el cierre de junio.

Esta retirada se hará dejando de reinvertir vencimientos de la deuda que el BCE compró con el programa APP (el plan de estímulos que Mario Draghi le dejó en herencia cuando dejó la presidencia del banco central) y, aproximadamente, esta cantidad supondrá dejar de reinvertir el 50% de los vencimientos que tendrán lugar en este programa. La devolución de los fondos que los bancos europeos consiguieron con las operaciones de refinanciación (TLTRO) será otra vía de adelgazamiento del balance, anunciada en diciembre.

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