Bolsa, mercados y cotizaciones

Benjamin Graham, el inversor que fundó la religión de Buffett

Benjamin Graham (izquierda), en una imagen de 1955. Foto: Getty.

El padre de la inversión en valor creó un método para el análisis de compañías que no dejó de ganar adeptos y tiene hoy en Omaha su centro de peregrinación.

A Benjamin Graham se le considera el padre del análisis de valores y del llamado value investing (inversión en valor), concepto que desarrolló junto a David Dodd en la Universidad de Columbia en la década de 1920, lugar en el que estudió y del que llegó a ser profesor.

Tras el desplome de las bolsas en 1929, ambos hombres instaron a los inversores a "centrarse en hechos concretos, como los beneficios pasados de una empresa y el valor de sus activos, en lugar de tratar de adivinar lo que depararía el futuro", escribió David Leonhardt en The New York Times, en 2007. Para ellos, "una empresa con grandes beneficios y un precio de las acciones relativamente bajo estaba probablemente infravalorada".

En el obituario que el diario estadounidense dedicó a Graham cuando falleció en 1976, el periodista Douglas W. Cray recogió una cita que reflejaba la importancia que Graham daba a la relación entre la capitalización bursátil y el valor en libros de las empresas cotizadas. "En la medida en que Wall Street se aleja del valor contable, se adentra en áreas de pensamiento potencialmente peligrosas. Entonces, introduce factores -principalmente la noción de aumento de los beneficios futuros- que son muy difíciles de medir y que por tanto, pueden estar mal medidos."

Para Graham, "usando los factores de una empresa, como sus activos, sus beneficios y el pago de dividendos, se puede hallar el valor intrínseco de una acción y compararlo con su valor de mercado", según parafraseaba un artículo de Investopedia de 2019. "Al comprar una acción infravalorada, el inversor está, en efecto, pagando menos por ella y debería venderla cuando el precio cotice a su valor intrínseco", añadían desde la web de información financiera, puntualizando que este efecto de convergencia de precios solo puede producirse en un mercado eficiente.

El pensamiento de Graham quedó para la posteridad en sus libros Security Analysis (1934), escrito mano a mano con David Dodd, y El inversor inteligente (1949), que inspiraron a inversores como Warren Buffett, quien además fue alumno de ambos en Columbia Business School y se convirtió en un digno sucesor de sus planteamientos. En Security Analysis, trataron de establecer los límites entre apostar e invertir con frases como estas: "Tanto la inversión como la especulación han de someterse a la prueba del futuro; están sujetas a sus vicisitudes y son juzgadas por su veredicto" o "para la inversión, el futuro es algo de lo que protegerse y no de lo que aprovecharse".

En El inversor inteligente, Graham escribe que "la mejor manera de medir el éxito de sus inversiones no es si está batiendo al mercado, sino si ha puesto en marcha un plan financiero y una disciplina de comportamiento que probablemente le lleven a donde quiere ir". Entre sus enseñanzas destacan algunas, como "las valoraciones altas implican riesgos elevados"; "invertir con éxito consiste en gestionar el riesgo, no en evitarlo" o "incluso el inversor inteligente necesitará una considerable fuerza de voluntad para no seguir a la multitud". En definitiva, para Graham, el secreto de una buena inversión cabe en tres palabras: "Margen de seguridad".

En un artículo publicado por Investopedia en enero, se definía el "margen de seguridad" como "el principio de comprar un valor con un descuento significativo respecto a su valor intrínseco, lo que se considera que no solo proporciona oportunidades de alta rentabilidad, sino que también minimiza el riesgo a la baja de una inversión". Y añadían que "la red de seguridad de comprar un negocio subyacente por mucho menos de lo que vale fue el tema central del éxito de Graham".

Asimismo, recalcan que la filosofía de este maestro de la inversión era, en primer lugar, "preservar el capital, y luego tratar de hacerlo crecer". Graham sugirió tener entre el 25% y el 75% de las inversiones en bonos y variar esta cifra en función de las condiciones del mercado.

El año pasado, el columnista de The Wall Street Journal Jason Zweig contaba en el programa WealthTrack de PBS que Graham fue "un psicólogo humano increíblemente perspicaz", que "entendió las finanzas conductuales antes de que existiera el término o el campo". Zweig explicó que se preocupaba mucho por minimizar el riesgo de pérdidas, pero la gran diferencia entre su tiempo y el nuestro, destacó, es que Graham "estaba obsesionado con el valor contable y hoy en día [importan] cada vez más los intangibles", como la propiedad intelectual, las patentes y la tecnología.

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