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¿Burbuja de las criptomonedas? Estos son los motivos por los que no se parecen a las suprime

  • En cuestión de meses, su valor se ha reducido en más de 2 billones
A diferencia de las suprime, las criptos no están ligadas a la deuda. Foto: Dreamstime

El desplome de las criptomonedas vivido durante las últimas semanas ha llevado a muchos a temer que se repita lo ocurrido en la crisis económica de 2008. En cuestión de meses, el valor de estos activos digitales se ha reducido más de 2 billones de dólares y muchos comerciantes minoristas han perdido los ahorros de toda su vida por una inversión que se consideraba segura. No obstante, hay que tener en cuenta que la capitalización de este mercado de las criptomonedas es inferior a 1 billón de dólares, prácticamente nada si se compara con el PIB de EEUU, que asciende a 21 billones de dólares. Pero, sobre todo, la principal diferencia con respecto a la burbuja de las suprime es que las criptos no están ligadas a la deuda.

Es indudable que se ha creado toda una cultura a nivel mundial en torno a estos activos digitales, con estrellas anunciándolos o plataformas de intercambio patrocinando eventos deportivos. En el caso de EEUU, los hogares de este país poseen un tercio del mercado global de criptomonedas, según estimaciones de Goldman Sachs, mientras que un 16% de los adultos estadounidenses ha invertido o realizado algún tipo de transacción con estos activos digitales. Como resultado, EEUU podría estar más expuesto que otros estados ante una posible venta masiva en el mercado de las criptomonedas.

Sin embargo, las criptomonedas no son como la mayoría de los activos clásicos. No se espera que mantengan estable su valor durante un determinado periodo de tiempo y, por consiguiente, no se utilizan como garantía para solicitar un préstamo.

Como mucho, lo que hacen los inversores es utilizar una criptomoneda "para pedir préstamos para comprar otro activo digital", señala Joshua Gans, economista de la Universidad de Toronto, a CNBC. Se trata de algo "más o menos contenido en el mundo de las criptodivisas", añade Gans. Una teoría que respalda la reciente investigación realizada por Morgan Stanley, de la que se desprende que los principales solicitantes de préstamos de criptomonedas son inversores y empresas de este mismo sector. Además, pese haber expresado su interés por las criptomonedas, los tenedores de activos digitales no son instituciones, apunta el inversor de capital riesgo Kevin O'Leary.

Por todo esto, los expertos consideran que el nivel de exposición del sistema bancario de EEUU al mercado de las criptomonedas no es como el visto en otras crisis financieras y una hipotética venta masiva supone solo un riesgo "limitado".

Lo mismo ocurre con la exposición de los hogares estadounidenses. Su patrimonio neto alcanza los 150 billones de dólares, de los cuales solo el 0,3% se corresponde a tenencias de criptomonedas, lejos del 33% que representan las inversiones en acciones, según la nota de Goldman Sachs publicada el mes pasado. Unas cifras que llevan a la entidad a esperar que el gasto agregado consecuencia del desplome de estos activos digitales sea "muy pequeño".

Asimismo, algunos analistas de Wall Street ven el actual criptoinvierno, más que como un problema, como una oportunidad para depurar el sector. Es decir, una prueba de estrés para eliminar criptomonedas débiles o defectuosas. Para Alkesh Shah, experto en criptomonedas y activos digitales de Bank of America, parte de esa debilidad se debe a la inflación y a las subidas de tipos de interés de la Reserva Federal de EEUU, que han golpeado duramente al sector tecnológico.

El consumo de la minería de bitcoin también cae

Mucho se ha hablado en el último año sobre la ingente cantidad de energía que consumen los ordenadores diseñados para minar esta criptomoneda. En concreto, antes del desplome, el sistema entero gastaba más de 200 TW/h anuales, lo mismo que toda Tailandia. 

Con los precios de la energía disparados, minar criptomonedas se ha convertido en una actividad muy cara tanto para empresas como para usuarios. Esto, a su vez, ha llevado a una caída de los ingresos, pero también a que el consumo de energía esté cayendo por primera vez desde el comienzo de la pandemia, hasta los 130 TW/h, el equivalente a lo que gasta un país como Argentina.

Kazajstán es el principal responsable de esta caída, señala el economista holandés Alex de Vries a Quartz, donde los márgenes de los mineros han caído en picado. En términos de emisiones de gases de efecto invernadero, el criptoinvierno hará que se reduzca el consumo de carbón, principal fuente de energía de este país.

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