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Soros advierte del "duro despertar" al que se enfrentan los inversores en China: "No conocen al país de Xi"

  • Cree que ninguna gran empresa china cumple los requisitos de gobernanza
George Soros. Foto: Getty

El inversor George Soros ha lanzado este martes un mensaje de advertencia a todos los inversores, desde minoristas a grandes fondos de pensiones, que apuestan por las empresas chinas: no saben lo que les espera. "La China de Xi no es la china que conocían. Xi Jinping está creando una versión actualizada del partido de Mao Zedong", afirma, en un artículo en el que alerta del riesgo que corren sus inversiones. "En los años de Mao no había mercados, por eso ningún inversor tiene experiencia. Y por eso el duro despertar que les espera" a los que se fíen de sus empresas, asegura.

En el texto de opinión, publicado en el Financial Times, Soros explica que los problemas que sufre el país actualmente se deben a las políticas aplicadas por los Gobiernos anteriores. Por ejemplo, la caída de la natalidad -que el inversor cree que es mayor aún que la que reconoce Pekín- va a reducir la demanda de vivienda, lo que ha llevado, entre otras cosas, a la inminente quiebra del conglomerado inmobiliario Evergrande.

Y la política del hijo único, aunque ya haya sido eliminada, ha hecho que las últimas generaciones de chinos opten por tener un solo retoño, al que intentan armar con todo lo necesario para tener éxito en el competido mercado laboral del país. El resultado ha sido la proliferación de escuelas privadas y tutores extraescolares, llenos de niños que compiten entre sí para ser los mejores, llegar al examen de acceso a la universidad y salir con vida de él. Un estrés que Pekín ha intentado ahora limitar prohibiendo hacer exámenes a los niños de los dos primeros cursos de primaria y endureciendo los requisitos para abrir escuelas privadas, prohibiendo que paguen dividendos a sus inversores.

El resultado de esta medida, afirma Soros, es una señal clara de alerta a los mercados. Los principales afectados han sido inversores estadounidenses que se habían lanzado a este rentable sector. Pero este año, los movimientos del Gobierno de Xi no cesan: los ataques a las tecnológicas, las prohibiciones sobre los videojuegos o, especialmente, la obligación de dejar que el Partido Comunista supervise y controle a las firmas privadas más importantes del sector indican que Pekín quiere tener todo el control posible sobre la economía y los ciudadanos. Xi "no entiende cómo funcionan los mercados", concluye Soros.

Por ello, la decisión más razonable para los inversores extranjeros que se hayan sentido atraídos por las bolsas chinas es salir de ahí cuanto antes, dado que las grandes empresas del gigante asiático no cumplen los estándares de gobernanza que se exigirían en cualquier otro sitio. "El Congreso de EEUU debería aprobar un proyecto de ley bipartidista que requiera explícitamente que los administradores de activos inviertan solo en empresas donde las estructuras de gobierno reales sean transparentes y estén alineadas con las partes interesadas", reclama.

Y recuerda que "el presidente de la SEC, Gary Gensler, ha advertido repetidamente al público de los riesgos que asumen al invertir en China. Pero a los inversores extranjeros que optan por invertir en China les resulta muy difícil reconocer estos peligros". La amenaza está clara: "Xi considera a todas las empresas chinas como instrumentos de un estado de partido único. Los inversores que compran el rally se enfrentan a un duro despertar".

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