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Busca el mejor grafiti para encontrar el piso que más sube de precio

Las pintadas denuncian el impacto del arte urbano, en Lavapiés. (Ana Morales)
Madrid.

Cuando el arte urbano se extiende en un barrio de una gran ciudad anuncia que un proceso de gentrificación y de incremento del precio de la vivienda está en marcha.

Las pintadas reinvidicativas sirven para tomar el pulso a los barrios y a las ciudades, para escuchar las voces que no encuentran más interlocutor que las paredes, los cierres de los locales o los postes de luz. "Tu street art (arte urbano) me sube el alquiler" es uno de esos mensajes que los vecinos, quizá los más jóvenes y precarios (o no), de las castizas calles que serpentean entre las plazas de Cascorro y Lavapiés, en el distrito Centro de Madrid, han lanzado en las últimas semanas, paradójicamente encima de grafitis de estética elevada, con firmas prestigiosas, al menos de la cultura underground.

Artistas como Okuda, cuyo famoso mural de un simio pop en la Travesía de Cabestreros, en la esquina con la calle Embajadores, que posteriormente completó el lisboeta Bordalo II con una obra en relieve, luce un sello protesta que espeta: "Sí, el mono gentrifica".

La reclamación tiene que ver con el proceso de cambio que históricamente, pero especialmente desde la crisis de 2008, han vivido ciertas zonas de las grandes capitales occidentales por décadas abandonadas por las instituciones, públicas y privadas, de una vida humilde, asequible y tradicional a un contexto de modernidad que alimenta la especulación inmobiliaria y el desarrollo del alquiler turístico. La denuncia de las pintadas viene a identificar el arte urbano como un elemento clave de este proceso, la gentrificación, que se convierte en señal de un incremento de los precios de la vivienda, lo que expulsa a los vecinos de siempre, los de menor poder adquisitivo, y atrae a personas de clase media, media-alta, con profesiones liberales.

Estas protestas encuentran sustento en los datos de las cinco ciudades más pobladas de España. En el distrito Centro de Madrid, el que más grafitis artísticos acumula de la capital -con ejemplos destacados como el citado mono de la calle Embajadores o las piezas de la antigua fábrica de la Tabacalera-, los precios del metro cuadrado a la venta se han incrementado un 35,8% desde que el mercado inmobiliario tocó suelo en 2015 hasta la actualidad, de 3288,5 a 5124,2 euros, según la evolución de las compraventas de viviendas que recoge el portal Fotocasa. La subida que ha sufrido esta zona es la tercera mayor en este periodo en Madrid -solo por detrás de Salamanca y Arganzuela-, supera en casi 6 puntos porcentuales la media de la ciudad y multiplica por tres la del conjunto de España, del 13,2%.

En Barcelona se cumple la misma regla. Según los mismos datos y también desde 2015, el distrito en el que más han subido los precios de la vivienda, hasta un 34,5%, es el de Sants-Montjuïc, donde entre otros notables ejemplos de arte urbano sobresale el museo al aire libre en el que se han convertido los Jardines de las Tres Chimeneas, el esqueleto de la otrara conocida como La Canadiense -la fábrica donde las luchas obreras conquistaron por primera vez la jornada laboral de 8 horas a principios del siglo XX-. La pauta se repite en Sevilla, donde la aparición de los murales del Paseo Juan Carlos I y la decoración del aspecto de la Alameda o de la calle Feria han coincidido con un incremento en el mercado inmobiliario de compraventa del 18,4%, el segundo mayor entre todos los distritos de la capital andaluza y cinco enteros por encima de su promedio. En Valencia, el diferencial de Ciudat Vella, donde conviven las obras de numerosos grafiteros, con la media de la ciudad es de cerca de 4 veces.

La protesta es clara en este mural de la calle Embajadores de Madrid. (Daniel Yebra)

"La subida de los alquileres y de los precios de vivienda y locales comerciales va pareja a la aparición de todo este escenario urbano, y, lógicamente, es un tema de oferta y demanda: ¿dónde quieres vivir? ¡Pues en los barrios más monos y más de moda!", reconoce Lola Ripollés, profesora de EAE Business School, quien recuerda que "son procesos de transformación urbana y movimientos que siempre han existido en las ciudades", y que "ahora los medimos más fehacientemente con datos, pero siempre ha habido cambios en los barrios porque las ciudades son seres vivos". "Lo hemos visto antes en Brixton, en Londres, en Nueva York, en Buenos Aires, en Medellín, en Hamburgo... El arte callejero añade interés cultural a las zonas low cost atrayendo a público nuevo y, junto con la construcción de museos, centros culturales y hasta conservatorios, puede tener un impacto sobre la demanda de vivienda y el incremento del precio de venta, así como la subsecuente revalorización del barrio", añade el equipo de expertos del comparador financiero HelpMyCash.

¿Causa o consecuencia de la gentrificación?

Los datos muestran que el arte urbano prolifera en los distritos en los que más suben los precios del mercado inmobiliario y los expertos no niegan este hecho, pero sí se preguntan si los grafitis son causa o consecuencia de este proceso. "Primero se da la gentrificación y el incremento del valor de las viviendas y luego llega el arte como un complemento del nuevo espíritu que emana el barrio", opina una fuente del sector que prefiere no ser citada, quien explica que "una zona que concentra determinado perfil vecinal y de comercios, normalmente vinculados al diseño (galerías, moda...) y la healthy food (comida saludable) está más abierta a la llegada de este tipo de iniciativas de grafiti cool".

"Forma parte de la leyenda urbana decir que primero llegan los artistas y luego los yuppies y se aburguesa el barrio, pero ¿ocurre realmente así? ¿son los artistas el pelotón de avanzada de la gentrificación y el desplazamiento de los más pobres? Existen estudios que nos confirman que no y los datos de los precios se toman cuando ya el proceso se ha iniciado: es testar a posteriori", advierte Lola Ripollés, quien hace referencia a un informe de la revista Urban Studies realizado en Estados Unidos sobre una muestra muy amplia de ciudades que remarca que efectivamente es al revés: "Si bien el arte florece en el contexto de la gentrificación, la presencia de las artes no es la que condiciona esta relación; antes compete a los ambientes gentrificados fomentar el crecimiento de las artes".

"El arte callejero añade interés cultural a las zonas 'low cost' y tiene un impacto sobre la demanda de vivienda y el precio"

"El arte puede ser una palanca pero las instituciones artísticas tienden a ubicarse en áreas ya prósperas y gentrificadas, y el arte urbano surge en medio de este proceso: puede que se adelante al institucional pero también indica que el cambio está ya en marcha", continúa la profesora del EAE Business School. Un ejemplo claro de esta perspectiva es el reciente cambio de nombre de la estación de Metro de Atocha a Estación del Arte, en Madrid, y la lluvia de nuevas galerías de arte, que han surgido en torno a ella y en las riberas del Museo del Reina Sofía y del Prado, pero también del mejor arte urbano de la ciudad, "y entonces empezamos a encontrar cafés hipsters, restaurantes veganos y locales de ocio alternativos", inciden desde HelpMyCash, desde donde añaden que "si las zonas urbanas contienen obras realizadas por artistas lo suficientemente famosos y se publicitan en tours de arte en portales como TripAdvisor, esto podría atraer un flujo de público a nivel nacional e internacional, lo que a su vez es un indicador de que es un barrio interesante en cuanto a la compraventa de vivienda".

"Otros síntomas de gentrificación son la aparición de tiendas alternativas y más sofisticadas que conviven con las tradicionales, de peluquerías y barberías, de locales de tratamientos para la salud relacionados con medicina natural, mercados que tienen los clásicos puestos junto a gastrobares o puestos convertidos en restaurantes más alternativos, tiendas de ropa independiente o complementos de moda más singulares; también tiendas de bicis, patinetes y otros modos de transporte, tiendas vintage de todo tipo en las que se pueden comprar cosas a las que no diste valor de casa de tus abuelos a un precio más caro, restaurancitos, sitios de tapas internacionales, delicatessen; en fin, toda una oferta atractiva para aquellos con poder económico y preocupación por lo trendy o de moda", concluye Lola Ripollés.

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Comentarios 5

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Hurl
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Si se trata de murales urbanos seguro que sí. Por desgracia, la mayoría de grafitis son del tipo gamberro, sucio... o sea, firmas, tags, letras mas o menos interesantes... solo escritas para enaltecer el ego del grafitero y para jo.der al resto de vecinos.

Puntuación 11
#1
que si que si
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vaya gilipollez mas gorda, sube Lavapiés por que es barato y la población media y joven de Madrid no sabe donde meterse, y eso que es un suburbio, gente joven empujada por esta sociedad de buitres que se han dedicado a la especulación masiva y sin control a pos de estallar otra burbuja y salir llorando a las calles cada uno con sus tres hipotecas del buitrismo.

si coincide que hay grafitis, no es mas que por eso, por que son barrios cutres y baratos y donde es mas fácil que suban.

pero tampoco me preocupa esta situación, esta a punto de pinchar esta supe burbuja dada por los salarios metidos a la gente joven, la condición hipotecaria, la futura subida del Euribor y el reventón de la economía a nivel mundial, suerte!

Puntuación 3
#2
Hppp
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La pintura vale para ocultar una gotera. Cuesta menos levantar la brocha que los ladrillos para un nuevo edificio. Economía laboral.

Puntuación 5
#3
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luis apostua
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Los equinocciales estafadores inmoniliarios disfrazados de esclavos libertos desangran a la clase media que es homeless.

Puntuación 0
#4
Usuario validado en elEconomista.es
Diabolo
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Arte urbano??? por favor...

Esa mi.er.da en las paredes no hace más que empobrecer más, si se puede los barrios donde se encuentran y donde residen los delincuentes que las crean !!!!

Puntuación 7
#5