Internacional

La marcha oficial de May aumenta la opción de un 'Brexit' sin acuerdo

Theresa May, ex primera ministra. Imagen: Reuters.

Theresa May forma ya oficialmente parte de la lista de mandatarios conservadores derrotados por el yugo que Europa supone para la derecha británica. Su solitario regalo de despedida ha sido la desafortunada debacle de los conservadores en los comicios parciales celebrados en la circunscripción de Peterborough, donde fueron relegados a una humillante tercera posición tras el Laborismo, que logró mantener el escaño que defendía, y el Partido del Brexit, que apenas meses desde su constitución quedó a solo 683 votos de su primer asiento en Westminster.

Theresa May forma ya oficialmente parte de la lista de mandatarios conservadores derrotados por el yugo que Europa supone para la derecha británica. Su solitario regalo de despedida ha sido la desafortunada debacle de los conservadores en los comicios parciales celebrados en la circunscripción de Peterborough, donde fueron relegados a una humillante tercera posición tras el Laborismo, que logró mantener el escaño que defendía, y el Partido del Brexit, que apenas meses desde su constitución quedó a solo 683 votos de su primer asiento en Westminster.

Cumpliendo con lo prometido hace dos semanas, la primera ministra cesó ayer formalmente de un cargo que abandona contra su voluntad, tras haber perdido la marginal autoridad manejada tras los sucesivos varapalos que el Brexit asestó sobre su mandato y sin haber cumplido la misión principal que la había llevado al Número 10. Su último día discurrió lejos de los focos que durante casi tres años habían escrutado cada uno de sus movimientos, con el objetivo de descifrar el enigma que sigue constituyendo la segunda mujer en reinar en Downing Street.

Un mero intercambio de cartas con el vicepresidente del organismo que aglutina a los parlamentarios tories ha quedado como el epitafio político de una dirigente que se va con los deberes sin hacer. Todas las incógnitas de la carrera que la había aupado al poder tras el referéndum de junio de 2016 continúan, con la única diferencia de que, en la actualidad, el tiempo se acaba. La ruptura está prevista el 31 de octubre y la narrativa de la sucesión se centra en quiénes están dispuestos a respetar el plazo.

El descalabro en la votación del jueves, aunque esperado, ha dado más alas todavía Boris Johnson, el único candidato cuya verborrea populista puede equipararse a la de Nigel Farage, el líder del Partido del Brexit al que los conservadores culpan de su hemorragia electoral. Las dudas sobre su capacitación para ponerse al frente del Ejecutivo semejan el único obstáculo para su ambición de mudarse al Número 10, por lo que el refrendo creciente que sigue recabando de los parlamentarios tories, responsables de completar la criba eliminatoria hasta que queden dos aspirantes, favorece sus expectativas.

Su popularidad aumenta las posibilidades de un divorcio no pactado, pero dada la aritmética parlamentaria que hereda, la única alternativa para superar el bloqueo podría acabar resultando, paradójicamente, el segundo referéndum que los más acérrimos practicantes del frente pro-UE demandan. La única certidumbre es que la salida blanda parece descartada, en beneficio de las dos opciones opuestas en el espectro de la salida, ya sea un Brexit abrupto, o la cancelación tras un potencial plebiscito en el que venza la opción de permanecer en la UE.

El fracaso de May podría acabar convertido en un sacrificio necesario para facilitar un compromiso que, hasta ahora, había resultado imposible. La división ha comenzado a provocar brechas, una deriva que podría permitir que el pragmatismo actúe como la pauta de guía de un espectro político en el que las lealtades de partido han sido sustituidas por la trinchera impuesta por el referéndum.

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