Internacional

La dirección tory pone fecha de caducidad a May y su plan del Brexit: el viernes decidirán su futuro

  • May se negó a reunirse con sus ministros y pidió dos días más
  • Nadie apuesta porque se llegue a votar de nuevo el plan del Brexit
Theresa May. Foto: Efe.

Reino Unido lleva meses sumido en una crisis de Gobierno sin precedentes, pero este miércoles, la debilidad de Theresa May ha alcanzado un punto que parece de no retorno. Tras semanas de debates y varios intentos de deshacerse de ella, la dirección del Partido Conservador fijó una reunión con la primera ministra para el viernes, el día después de que celebren las elecciones europeas, en la que amenaza con cambiar sus reglas para permitir una nueva moción de censura interna si no ha dimitido antes. La publicación del nuevo proyecto de ley del Brexit, prevista para el viernes, está en el aire, y la sensación es que difícilmente llegará a votarse.

Los miembros de la dirección, según anunció la cadena ITV, votaron en sobres cerrados sobre si aceptaban el cambio de normas. Los sobres solo se abrirán si May no ha dimitido para el viernes, advirtieron. Se da por hecho que hay una mayoría a favor, y que la primera ministra perderá la moción que se iniciaría a continuación.

La jornada empezó con May presentando oficialmente su último intento de aprobar el acuerdo del Brexit, que incluye la posibilidad de celebrar un segundo referéndum, y compromete oficialmente al Gobierno a organizarlo si el Parlamento vota a favor. Esta cláusula desató la furia entre sus filas, que empezaron a desertar en masa. Por la mañana, en la sesión de control, la bancada del Gobierno apareció medio vacía, mientras casi medio centenar de diputados que apoyaron su acuerdo de salida en la última votación anunciaban que retiraban su apoyo.

El acuerdo, que, en el improbable caso de votarse, podría sufrir una derrota mayor aún que en los dos últimos intentos, está planeado para el 7 de junio, viernes. El diputado conservador Michael Fabricant advirtió que ese jueves -cuando Donald Trump hará su visita de Estado- y viernes los diputados los tenían como festivos, y denunció que su líder había fijado esa fecha con la esperanza de que Westminster estuviera vacío y pudiera aprobar su acuerdo solo con los apoyos de los 200 diputados con disciplina de voto gubernamental.

Tras el debate en el Parlamento, en el que May respondió a las preguntas de cientos de diputados furiosos de todos los partidos -especialmente el suyo- durante casi cuatro horas, la primera ministra huyó a su residencia oficial. Allí se encontró con las peticiones de reunión de media docena de ministros para exigirle la retirada del acuerdo del Brexit. Una estrategia de presión que recuerda a la que derribó a Margaret Thatcher, y que May decidió contrarrestar negándose a aceptar ninguna de las reuniones que le pedían. Su plan, advirtieron muchos analistas políticos, es aguantar hasta el día 7 a toda costa, y el hecho de que el Parlamento no se vuelva a reunir hasta el día 3 juega a su favor.

Pero una amenaza pendía sobre ella: la reunión prevista del Comité 1922 -la dirección de los tories- en la que, por tercera vez, iban a debatir un posible cambio de reglas para permitir una segunda moción de censura interna antes de que se cumpliera el año de la anterior, como exige el reglamento del partido. Según relataron varios asistentes a los medios, el jefe del grupo parlamentario tory, Julian Smith, acudió durante apenas dos minutos para anunciar que May no se marcharía esta noche, y pidió aplazar cualquier decisión al viernes para evitar entrometerse en la campaña de las elecciones europeas, que los británicos votan este jueves.

La reacción, poco después, fue la dimisión de Andrea Leadson, la líder de la Cámara de los Comunes -básicamente, la portavoz parlamentaria del partido-, con rango de ministra, que anunció que no podía defender en el Parlamento un proyecto de ley, el del Brexit, "con el que estoy fundamentalmente en desacuerdo". Leadsom, candidata a líder del partido en las próximas primarias, pidió en su carta de dimisión a May que "tomara las decisiones correctas por el bien del país", lo que claramente es una incitación a marcharse también. No se descartan que más ministros sigan su camino, en una rebelión dentro del Gabinete.

En la guerra interna por sobrevivir un día más, la sensación es que May ha superado la crisis de hoy. Pero la furia entre sus propias filas hace cada vez más difícil imaginar que la primera ministra pueda escapar mucho más, especialmente si las elecciones de mañana terminan en la ctástrofe para su partido que prevén todas las encuestas. Y, aunque lo haga, ya no se sabe para qué: después de lo ocurrido hoy no hay ninguna posibilidad de que su acuerdo del Brexit sea aprobado. Las opciones para el futuro del Brexit parecen haberse reducido un poco más: el próximo líder 'tory' tendrá que elegir entre un segundo referéndum, salir sin acuerdo o celebrar unas elecciones y que sea otro Parlamento el que decida.

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