Internacional

Las normas para la reapertura de los colegios en EEUU desatan una nueva guerra entre Trump y su Gobierno

  • Critica las normas de seguridad por ser "duras y costosas"
Donald Trump. Foto: Reuters

No hay día de tranquilidad en la Casa Blanca de Donald Trump. Este martes, el Centro de Control de Enfermedades (CDC), dirigido por el doctor Anthony Fauci, recordó a los estados sus recomendaciones para la reapertura de los colegios este otoño. Y en apenas 24 horas, el presidente desautorizó a su departamento y amenazó con retirar los fondos públicos a los colegios que no reabran en las fechas normales, aunque no sean capaces de cumplir los estándares de seguridad.

Como suele hacer con absolutamente todo lo que ocurre en el país, Trump decidió convertir la reapertura de los colegios en una batalla política. El martes, en una reunión con los gobernadores de su partido, les pidió meter a todos los niños que pudieran en los colegios, argumentando que, en su opinión, "los demócratas quieren que no haya clases para atacarme".

Sin embargo, las normas del CDC son claras, e incluyen situar las mesas a un metro de distancia de cada una, evitar el contacto entre alumnos de diferentes clases, mascarillas obligatorias permanentemente o dar comidas en las clases en vez de en los comedores. Unas normas que han llevado a algunos estados, como Nueva York, a anunciar un programa de reapertura "híbrido", en el que los alumnos solo acudirían a clase la mitad del tiempo y la otra mitad participarían de forma digital.

El anuncio ha enfurecido al presidente, que este miércoles tuiteó que "en Alemania, Dinamarca, Noruega o Suecia, los colegios están abiertos sin problema", y que "los demócratas creen que sería malo para ellos políticamente si reabren los colegios". A continuación dijo que "estoy en desacuerdo con las duras y costosas reglas del CDC", y terminó diciendo que "Quizá quite los fondos a los colegios que no reabran".

Los demócratas, por su parte, proponen incluir en el próximo paquete de medidas de estímulo ayudas extraordinarias de más de 430.000 millones de dólares a las escuelas para, precisamente, compensar el gasto extraordinario provocado por las "costosas" normas de seguridad. Una opción que los republicanos rechazan: lo que Trump prefiere es simplemente no tomar ninguna medida de prevención.

El problema detrás de este debate es la resistencia de Trump a aceptar la gravedad de la crisis del coronavirus. Miembros importantes de su partido lamentan que el presidente vea la situación como una disyuntiva entre 'atajar el virus' o 'reactivar la economía', en vez de aceptar que la economía solo volverá a ponerse en marcha al completo cuando el virus desaparezca. Pero Trump, que desde el primer momento tachó las advertencias sobre la gravedad del coronavirus como "un bulo de los demócratas", no parece dispuesto a dar marcha atrás, aunque suponga luchar contra su propia Administración. La pregunta que flota en el ambiente es qué pensarán los votantes de todo esto.

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