Internacional

Johnson toma el control directo del Tesoro y entrega todo el poder al 'Rasputín' de la campaña del Brexit

  • El nuevo ministro no nombrará a su propio equipo: se lo impondrá Johnson
Dominic Cummings (I) sale de Downing Street, siguiendo a Boris Johnson (C). Foto: Reuters

La aplastante victoria electoral de Boris Johnson le liberó las manos para hacer lo que quisiera con su Gobierno. Y su primera gran decisión ha sacudido la política británica. La remodelación de su Gabinete, que se esperaba, ha sido mucho más dura de lo que nadie podría haberse imaginado. Pero lo más relevante, la salida de su ministro de Finanzas, Sajid Javid, deja una cosa muy clara: el poder, ahora mismo, lo tiene el director de la campaña del Brexit y asesor principal del Gobierno, Dominic Cummings, establecido como el 'Rasputín' de Johnson.

Tradicionalmente, los Gobiernos británicos han sido una coalición entre el primer ministro y el ministro de Finanzas, hasta tal punto que viven juntos: el número 11 de Downing Street está reservado para el encargado de las cuentas públicas. Y sus luchas históricas se han cobrado grandes víctimas. Por ejemplo, Margaret Thatcher comenzó su declive tras la dimisión del suyo, Nigel Lawson, y fue finalmente reemplazada por el que nombró a continuación, John Major. Y Gordon Brown fozró a Tony Blair a abandonar el Gobierno y dejarle paso tras grandes luchas internas.

Pero Johnson, que hace apenas tres meses había prometido solemnemente mantener a Javid si ganaba las elecciones, ha decidido poner coto a ese foco de poder rival. El exalcalde de Londres exigió a su ministro que cesara a todos sus asesores y pusiera el Ministerio bajo la supervisión directa del Número 10 y a las órdenes de Cummings. Y Javid se negó: "ningún ministro que se respete a sí mismo podría haber aceptado esas condiciones", dijo a la BBC, en un mensaje dirigido a su sucesor, Rishi Sunak, que sí las aceptó.

Pero lo más importante del movimiento es que, desde ahora, todo el aparato del Gobierno estará bajo el control de Cummings, asesor aúlico de Johnson y mente pensante detrás de sus decisiones más polémicas, como cerrar el Parlamento o echar a una veintena de diputados rebeldes del partido. Cummings, que se declara a sí mismo como un revolucionario, quiere hacer una reorganización absoluta de la Administración, y para ello ha pedido a todos los funcionarios que lean un libro, Administración de Alto Desempeño (High Output Management), para acercar más al Estado a una empresa.

Pero la toma de control del Tesoro también deja a Johnson las manos libres para hacer los presupuestos que él quiera y aumentar el gasto sin los límites que los últimos ministros se habían autoimpuesto. Por supuesto, este es un mayor problema en un país como Reino Unido, que emite su propia moneda y necesita de toda la confianza en su divisa que sea posible. Javid lo advirtió en su carta de dimisión: "Es fundamental que el Tesoro mantenga su credibilidad". Y Nick Macpherson, exfuncionario y director del Tesoro entre 2005 y 2016, también mandó una advertencia: "Los primeros ministros que buscan debilitarlo acaban lamentándose".

Lo que ya es un hecho es que la alianza de Johnson y Cummings, la cara y el cerebro del Brexit, va a marcar los próximos años de la política británica. La pregunta es solo hasta qué punto llegará esa revolución.

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