Internacional

Una acción de marketing y 12 millones de pesetas: así llegó el Muro de Berlín a España

  • El periodista Manuel Romero compró hasta ocho bloques tras su caída
  • Madrid fue la primera ciudad española que acogió los trozos del Muro
  • 30 años después de la reunificación, aún existe una brecha Oeste-Este
Madrid

El 9 de noviembre de 1967 el Ayuntamiento de Madrid inauguró el Parque de Berlín en el distrito de Chamartín. Lo que no sabían en ese momento las autoridades franquistas es que, un día como ese de 23 años después, el lugar albergaría tres piezas reales del muro que separó durante más de dos décadas la capital alemana. Una hazaña que tiene detrás a un periodista con vocación de publicista y a un editor y un alcalde que le compraron su particular visión del marketing.

Hace 30 años, Manuel Romero estaba cubriendo la visita de Felipe González a Hungría. Era la noche del 9 de noviembre de 1989, y en un encuentro informal con periodistas preguntó al por aquel entonces presidente del Gobierno español cuánto pensaba que aguantaría el Muro en pie. González contestó que para eso aún habría que esperar. Ninguno de los presentes lo sabía todavía, pero el socialista estaba equivocado.

No tardaron demasiado en descubrirlo. A la mañana siguiente, sin la rapidez de la era del internet actual, la noticia llegó a Budapest: el Muro había caído mientras todos debatían acerca de su fecha de caducidad. Romero no se lo pensó ni un momento y reservó el primer avión a Alemania Oriental. El mismo 10 de noviembre pudo cruzar varias veces el Muro en una y otra dirección sin necesidad de visado, sumergido en la multitud que pisaba un terreno vetado durante décadas por las autoridades de la República Democrática Alemana (RDA). Familiares separados por unos pocos metros, a pocas manzanas de distancia, por fin podían encontrarse. Un hecho histórico que el periodista cubrió para la revista Panorama, un viaje que volvería a repetirse.

A Romero la idea le asaltó ya de vuelta en Madrid. Alemania Oriental necesitaba dinero y vio en la venta de segmentos del Muro un filón. "Yo empezaba a colaborar en acciones de marketing en la revista Tribuna que dirigía Julián Lago, y le dije que por qué no traíamos el Muro, lo partíamos en trozos y lo repartíamos", relata para elEconomista.es. Lago aceptó y Romero se puso manos a la obra.

El periodista contactó con la embajada de la RDA en Madrid y voló otra vez a Berlín. Allí, la empresa estatal encargada de la venta, Limex Bau, le llevó a un escaparate muy especial: "Me recibieron y me llevaron a un descampado de un complejo militar en el norte de la ciudad. Elegí los segmentos que quería, el transporte lo puse yo desde Alemania Occidental". En total, cuatro pedazos de 2.750 kilogramos cada uno que fueron reducidos a 200.000 trozos con una gran taladradora en España después de cruzar toda Europa en un camión. En las ediciones de Tribuna salieron en una bolsa que contenía el siguiente mensaje: 'Tribuna te regala un trozo de historia'.

Acto seguido, Romero contactó con el alcalde de Madrid, Agustín Rodríguez Sahagún, al que propuso comprar algún bloque: "Le dije: '¡Pero si aquí tenemos el Parque de Berlín!'. Le pareció fenomenal la idea, entonces Tribuna había repartido sus trozos y él se fiaba de mí". Nuevo viaje a Alemania y nuevo proceso de compra. En esta ocasión fueron cuatro bloques más: tres para Madrid...y uno más para Autopistas de Navarra, que se sumó a la iniciativa para hacer un monumento a la paz y a la libertad en las proximidades de una gasolinera en la localidad de Zuasti. Cada uno de ellos costó tres millones de pesetas de la época, en total, doce.

Madrid se llevó el honor de ser la primera ciudad española en colocar restos del Muro en su espacio urbano. El 9 de noviembre de 1990, el alcalde veía cumplido ese deseo, en compañía del embajador alemán en la ciudad, Guido Brunner, y el propio Manuel Romero. Meses más tarde, el 4 de mayo de 1991, se instalaba el monumento de Zuasti.

Otros llegaron más tarde al albur de la Exposición Universal de Sevilla de 1992 (la organización donó restos a Utrera y a Isla Mágica), donaciones personales (como el caso de Redondela, en Vigo) o del Ayuntamiento de Berlín (en el Parque Europa de Torrejón de Ardoz). Ninguno de ellos, sin embargo, puede presumir del peculiar aura que envuelve a los que trajo, con una Alemania aún en reunificación, Manuel Romero.

La caída del Muro de Berlín no fue un hecho inesperado, más allá de los posibles fallos en la predicción de las fechas. Las escasez democrática (con una importante persecución política por parte de la Stasi, servicio de inteligencia de la RDA) y la asfixia económica y demográfica (que generó infinitos intentos de fuga que causaron aproximadamente 170 muertes) existente en las décadas de los 60, 70 y 80 en Alemania Oriental, unidas a las políticas de glásnost y perestroika desde la Unión Soviética implantadas por Mijaíl Gorbachov fueron determinantes para una reunificación que tuvo su caldo de cultivo en los años anteriores a 1989.

La salida de cientos de miles de ciudadanos de Alemania Oriental rumbo a Checoslovaquia y Hungría en los meses previos a noviembre en un contexto de grave crisis económica tuvo un regalo sorprendente: las declaraciones de Günter Schabowski, secretario del politburó del Partido Socialista de la RDA, asegurando que se concedía la libertad de tránsito a todos los ciudadanos con "efecto inmediato". Fue la ficha definitiva que desencadenó el efecto dominó: muchos habitantes de Berlín Este fueron de manera espontánea a los controles de la frontera con el Oeste y cruzaron un Muro que desde ese momento ya era historia.

Las palabras de Schabowski, que lanzaron a decenas de miles de personas a las calles, fueron el kilómetro cero de una reunificación que, 30 años después, no ha sido capaz de sanar la brecha entre un Este que sigue aún por debajo en varios de los índices macroeconómicos de relevancia.

De acuerdo con el informe anual del DIW (Instituto de Investigación Económica de Alemania), los lander pertenecientes a la antigua RDA tienen tasas de desempleo más altas, más porcentaje de salarios considerados 'bajos' y una menor proporción de ingresos brutos por persona, renta media de los hogares, así como de empleados cualificados o en puestos directivos.

Aunque el organismo asegura que cada vez es menos útil la dicotomía Oeste-Este en términos comparativos, sí reconoce que existe la "necesidad de ponerse al día en Alemania del Este respecto al poder económico, la participación de personas altamente cualificadas y la reducción del riesgo de pobreza". Es decir, que los avances existentes en las últimas tres décadas todavía no son suficientes.

La demografía es un ejemplo de que la reunificación se sigue atascando por los problemas económicos del Este. Según el instituto Ifo, la población en el este de Alemania ha caído a su nivel más bajo desde el año 1905 y solo acumula 13,6 millones de habitantes de los cerca de 82 que tiene el país. Aunque ya no hay Muro, las migraciones se dan en el mismo sentido que en la década del 80.

Angela Merkel, que nació en la RDA y vivió allí durante varias décadas, declaraba recientemente que todavía una mayoría de los habitantes del Este se sigue sintiendo "de segunda clase". Y eso es, precisamente, contra lo que Alemania continúa luchando 30 años después.

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