Internacional

Las empresas españolas no deben temer otro 'Caso YPF' en Argentina... al menos hasta 2022

  • El nuevo presidente necesita apagar fuegos, no echarles gasolina
Alberto Fernández, presidente electo de Argentina. Foto: Reuters

El regreso del peronismo a Argentina, tras la victoria de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner el pasado domingo, ha resucitado los temores de que vuelvan las peores prácticas económicas vividas durante los mandatos de la que ahora será vicepresidenta del país. Y lo que más temor provoca entre los inversores extranjeros es una repetición de las expropiaciones ordenadas por Kirchner, especialmente la de la petrolera YPF, entonces propiedad de Repsol, o la de Aerolíneas Argentinas, del desaparecido grupo Viajes Marsans. Pero, por suerte, la situación es diferente y no parece probable que haya movimientos en ese sentido en al menos dos años.

Aunque tengan el mismo apellido, el presidente electo no es exactamente igual que su compañera de Gobierno. Fernández es considerado uno de los moderados del peronismo, una ideología que abarca un enorme espectro político y que es capaz de privatizar empresas, como hizo Carlos Ménem, como de renacionalizarlas 20 años después. Así, el futuro mandatario fue crítico con las medidas de Fernández de Kirchner, a la que acusó de "tirar por la borda todo lo que hizo" su difunto marido y predecesor, Néstor Kirchner.

A eso se le suma la delicada situación en la que se encuentra el país ahora mismo, con un gran crédito del FMI sobre la mesa, una larga recesión, la inflación sobre el 50%, la bolsa en caída libre, el peso intervenido y los inversores extranjeros temblando. Es más fácil hacer movimientos costosos, como la nacionalización de una empresa clave, cuando la situación política y económica es positiva que cuando el incendio lleva ya activo desde hace un año. Fernández ha sido elegido para apagarlo, no para ir con el lanzallamas a incinerar la poca confianza que todavía queda.

Lavagna, persona clave

En ese sentido, las miradas están puestas en Roberto Lavagna, exministro de Economía en los años del postcorralito y considerado uno de los artífices de la recuperación argentina, que Fernández quiere en su Gobierno para refozar su imagen y dar confianza a los mercados. De aceptarlo, es muy poco probable que el economista porteño diera el visto bueno una expropiación de ese nivel bajo su responsabilidad, precisamente por los efectos que tendría sobre los sectores que necesita tranquilizar.

Pero, aunque no se sume al Gobierno, Lavagna tendrá al Gobierno atado en el Congreso. Los resultados legislativos dejaron al peronismo y al 'macrismo' empatados, por lo que el partido del exministro, pese a tener solo 7 escaños, tendrá la última palabra en cualquier ley que se apruebe. Una expropiación, como fue la de YPF en su momento, necesita el visto bueno parlamentario. Y la oposición, que ya se opuso a la de YPF y que no perderá una oportunidad de debilitar al nuevo presidente de cara a 2023, no se lo pondrá fácil.

Por supuesto, el momento clave sería a partir de 2022, después de las próximas elecciones legislativas, cuando el peronismo intente recuperar la mayoría absoluta que tuvo hasta 2013. Si lo consiguen, las opciones pueden crecer de nuevo.

Aun así, hay un temor que atenaza a los empresarios: que la voz cantante en el nuevo Gobierno no la tenga Fernández, sino Kirchner. En principio, la creencia es que la expresidenta ha decidido convertirse en vicepresidenta para, principalmente, salvarse de los numerosos juicios que tiene abiertos por corrupción, blanqueo y otros delitos económicos presuntamente cometidos durante su estapa en la Casa Rosada. Pero, ¿y si aspira a más? La rama del peronismo de la que procede es mucho más izquierdista y radical, como ya demostró durante sus mandatos. Y su ala, construida en torno a la organización La Cámpora, que dirige su hijo, Máximo Kirchner, tendrá un fuerte peso dentro del grupo parlamentario peronista, con unos 40 miembros.

Si al final el 'florero' de los dos acaba siendo Fernández, con Kirchner manejando los hilos desde la sombra, las posibilidades de un descontrol económico crecerán bastante. En ese caso, no sería ninguna sopresa que desempolvara las medidas más dañinas y polémicas de su mandato, como las expropiaciones.

2019 ya no es 2012

Pero, si eso ocurre, los empresarios pueden tener un consuelo: los tiempos han cambiado y la situación actual es muy diferente a la de entonces. Por ejemplo, la expropiación de Aerolíneas Argentinas se produjo en medio de la crisis de Viajes Marsans, sus dueños por entonces, que habían intentado vender la aerolínea sin éxito. Políticamente, la decisión de recuperar la empresa antes de que se hundiera con el resto del grupo turístico era mucho más comprensible, aunque la oposición protestó igualmente.

Y en 2012, Kirchner coqueteaba con la idea de conseguir una mayoría de dos tercios y poder reformar la Constitución para eliminar el límite a la reelección de los presidentes, lo que llamaban "Cristina eterna". La expropiación de YPF, una empresa simbólica, que los ciudadanos sentían como 'suya', era un acto más de propaganda política, más allá del interés del estado en gestionar un sector como el del petróleo.

Ahora, dos derrotas electorales después, Kirchner conoce los límites de su apoyo electoral, y el hecho de que renunciara a liderar su candidatura indica que es consciente de ello. Además, ya no existe una empresa clave de la que espere obtener un gran rendimiento político. Y expropiar pequeñas compañías puede tener un coste mucho mayor que cualquier beneficio esperable. Por ahora, Fernández estará ocupado en apagar el fuego y evitar más pánico. Las locuras, si es que llegan, lo harán mucho más adelante.

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forum Comentarios 1

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Sperly
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Jajaja. Que chiste. Nadie con un minimo de estudios, mete 1€ de inversion en casa de Cristina ladrona Peron para que lo apropien Ali baba y los 40 ladrones cuando se les antoje.

Que no somos tontos hombre...

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