Inmobiliaria

La necesaria e "impuesta" digitalización del sector inmobiliario

  • La pandemia originó dificultades en compañías basadas en las relaciones presenciales
  • El sector inmobiliario se renovó acelerando el proceso de cambio

El coronavirus ha tenido como consecuencia importantes y numerosos cambios tanto a nivel social, como económico. Nuestra vida se ha visto modificada, nuestros hábitos han tenido que adaptarse a una nueva realidad y las empresas se han enfrentado a retos hasta ahora desconocidos. Sin duda, la Covid-19 ha marcado un hito en la historia, y aunque sus efectos están siendo devastadores, también nos ha traído algunas lecciones y ha acelerado cambios que ya estaban en marcha.

Uno de esos grandes cambios ha sido el avance en materia de digitalización al que muchos sectores se han visto abocados para poder sobrevivir la situación. A todos nos viene a la cabeza la profunda transformación que ha vivido el retail, abanderada por la restauración y los pequeños comercios de proximidad. Pero también ha supuesto una importante sacudida para el sector inmobiliario.

La llegada de la pandemia, acompañada de los meses de confinamiento y restricciones, originó serias dificultades para muchas compañías que basaban su modelo en las relaciones presenciales. La gran incertidumbre que se generó en ese momento sobre cuál sería el alcance de la situación hizo el resto.

De la noche a la mañana desaparecieron las visitas a los inmuebles y los procedimientos presenciales. Algunas operaciones se vieron inevitablemente afectadas. Tocaba renovarse, y el sector inmobiliario se renovó, acelerando ese proceso de cambio ya iniciado, adaptándose a los nuevos condicionantes de un mercado que hasta la fecha se había mostrado tímido en su transformación... Y, en mi opinión, todo indica que ha superado la prueba, y con nota.

Que el mercado inmobiliario llegó a esta crisis con la lección aprendida es un hecho. Pero su capacidad para capear el temporal también se ha visto beneficiada del proceso de digitalización en el que ya estaba inmerso. Tras la burbuja inmobiliaria el auge de las proptech sirvió de acicate para que las compañías más tradicionales se dieran cuenta de que tenían que innovar en sus estructuras y procesos. La forma de comunicarse y transaccionar empezó a incorporar poco a poco modelos que ya estaban perfectamente implantados en otros sectores de actividad y, de repente, llegó la pandemia.

Me gustaría creer que, desde esta perspectiva, 2020 ha sido un año de inflexión para el inmobiliario. El año en el que las compañías de siempre han roto sus esquemas, en el que las proptech han afianzado sus propuestas y en el que se ha abierto una vía de colaboración entre ambas esferas. Es, probablemente, el inicio de una nueva era en la que la Inteligencia Artificial, el Big Data, la realidad virtual, el blockchain, la domótica…, dejan de ser la novedad para incorporarse en el día a día.

Ahora firmamos hipotecas digitales, nos apoyamos en el machine learning para predecir la demanda y el crowdfunding se consolida como una alternativa de financiación para proyectos inmobiliarios potencialmente rentables pero que no consiguen respaldo bancario en tiempo y forma.

Desde Urbanitae también estamos jugando un papel importante en este proceso de cambio, creando nuevas vías de financiación como el crowdfunding inmobiliario que, si bien no son nuevas, sí han registrado un crecimiento exponencial en estos últimos meses. La crisis de la Covid ha llevado al inmobiliario a convertirse en un valor refugio para muchos pequeños y medianos inversores, recelosos de la inestabilidad de los mercados financieros.

A su vez, la banca, condicionada por las consecuencias de la última burbuja, ha puesto freno a la concesión de préstamos y ha incrementado sus exigencias a los promotores. Un caldo de cultivo para que la financiación participativa haya tomado posiciones incluso durante la pandemia, como activo de inversión seguro y como vía de continuidad solvente y ágil para las promotoras.

La digitalización en el sector inmobiliario todavía debe seguir progresando. El ciudadano ha tomado ventaja y será implacable en este sentido, por lo que, a partir de ahora, no tiene cabida la relajación. El futuro se vislumbra en un marco de colaboración entre el modelo tradicional, afianzado y con una larga trayectoria, y las nuevas fórmulas capaces de abrir otras puertas y responder a esa demanda de cambio que exige el mercado. Si algo positivo nos ha traído la pandemia, ha sido embarcarnos en un viaje apasionante.

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