Industria

Diez millones de toneladas anuales de residuos generan ya un negocio 2.500 millones en Andalucía

  • Pese a las trabas burocráticas, el sector emplea a más de 30.000 personas y aporta el 2% del PIB regional
  • Nuevos proyectos de economía circular con base tecnológica añaden valor estratégico
  • Malas prácticas de reciclaje y obstáculos administrativos limitan las posibilidades
Vertedero de residuos sólidos urbanos.

Hay quien sólo ve montañas de basura. Nada menos que 10 millones de toneladas de residuos que se generan en Andalucía cada año. Y hay quien ve en esos 10 millones de toneladas una oportunidad de negocio, economía circular y soluciones a problemas ambientales. Según la Asociación de Gestores de Residuos de Andalucía, el sector está conformado en Andalucía por más de 10.000 entidades entre autónomos, pymes, transportistas, agentes, consultoras y grandes empresas que se dedican al sector ambiental. Es el 18% de la cuota nacional. Éstas entidades generan empleo para unas 30.000 personas y tienen una facturación aproximada de 2.500 millones de euros. Andalucía es la comunidad con mayor porcentaje de empresas dedicadas a este sector. A nivel nacional la gestión de residuos supone más del 1% del PIB (en Andalucía supera el 2%), y es el primer sector ambiental en generación de empleo.

Y aún podría aportar más riqueza si se sacase un mejor rendimiento a los 'tesoros' que hay en esos 10 millones de toneladas y que ahora en se desaprovechan.

Prácticamente 4 millones de toneladas son consideradas residuos urbanos: el 42 % corresponde a materia orgánica, el 15 % es papel y cartón, el 9 % es plástico y un 8 % vidrio, que pueden tener una segunda vida. Tienen valor si se reciclan.

Sobre el volumen de materiales reciclables que se desaprovechan, en unas jornadas organizadas recientemente por Onda Cero sobre residuos sólidos urbanos, Lucrecio Fernández, gerente de la empresa pública Lipasam encargada de la limpieza y la gestión de residuos en Sevilla, expuso la situación en la capital hispalense: sobre 331.000 toneladas anuales, 90.000 van a parar al sistema de recogida selectiva. Se ha conseguido pasar de 45.000 toneladas en 2014 a las 90.000 actuales. Pero aún quedan lejos los porcentajes previstos en normativa de alcanzar el 50% en selectiva en 2030, con un 65 % de materiales recogidos listos ya para ser reintroducidos en la cadena de valor de la economía.

"Muchos materiales reciclables van al contenedor gris", admite Fernández. Según los datos de Lipasam, el 50% del vidrio desechado por los hogares no acaba en el contenedor verde, ni entre el 60 y el 70 % del papel que las familias tiran a la basura.

Y aún hay más. Los 500 contenedores para ropa que hay en la ciudad recogen anualmente 2.000 toneladas, mientras que en el gris -sin posibilidad de reciclado- acaban unas 6.000 toneladas. En España se generan anualmente más de un millón de toneladas de residuos textiles, pero se recogen 110.000 toneladas. Casi el 90% desaprovecha su segunda vida, bien como segunda mano o bien aprovechando los tejidos para nuevos usos. Las principales compañías de retail en ropa tienen desde hace años programas de economía circular para alargar la vida de sus prendas. Pero las familias no participan como primer eslabón de la cadena de recuperación.

La conclusión de Lucrecio Fernández es que "hay que aumentar la recogida selectiva" con modelos de gestión "que han pasado en los últimos años de basarse en la salubridad a centrarse en la sostenibilidad y en el desarrollo económico".

De residuos a recursos

"Se ha pasado de hablar de residuo a recurso. Los vertederos van a ser las nuevas minas", afirmó en ese mismo foro de Onda Cero María García de la Fuente, presidenta de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA)

Las oportunidades van mucho más allá de los materiales clásicos que se reciclan en los contenedores de recogida selectiva. Ese concepto de "mina" en los residuos lo ha entendido literalmente Atlantic Copper, con su proyecto CirCular que arranca este año. La empresa explotará en su planta de Huelva la mina que todos llevamos encima: teléfonos móviles, tabletas y aparatos electrónicos.

Se estima que un smartphone está construido con 75 elementos de la tabla periódica. Algunos, de gran valor, como el oro o la plata. Otros de gran poder estratégico, como ha demostrado la actual crisis de precio en las materias primas, como el cobre o el níquel. La empresa del grupo internacional Freeport-McMoRan va a procesar 60.000 toneladas al año de residuos de aparatos electrónicos y eléctricos (RAEE), con una inversión de 280 millones de euros.

En ese mismo segmento despunta también Éxxita Be Circular, start up sevillana que recupera más de medio millón de dispositivos electrónicos al año, y prevé llegar al doble para una facturación de 44 millones en 2026. En el pasado World Mobile presentaron su alianza con el grupo industrial vasco Mondragón para profundizar en procesos de recuperación de todo tipo de aparatos electrónicos, en los que aportan su conocimiento y una base tecnológica ya rodada.

Residuos industriales y agrícolas

En el terreno de los residuos industriales, hay también proyectos en marcha en Andalucía apoyados en el I+D+i que han logrado la consideración de estratégicos o el compromiso de impulso administrativo de la administración regional.

El más importante tal vez sea el de Cepsa en Huelva, con 1.000 millones de euros de inversión para convertir biomasa resultante de la actividad agrícola y aceites usados en biocombustibles para transporte pesado por carretera, para mover barcos y para impulsar aviones. Meses atrás, en la presentación de un biocombustible SAF para aviones fabricado con hueso de aceituna, los responsables de Cepsa ya adelantaron que sus necesidades de materia prima excedían a lo que pueden encontrar en Andalucía.

Olivia Energy Group tiene un proyecto en Puerto Real (Cádiz) para reintroducir en la cadena de valor aceites comestibles e industriales usados y residuos marpol (los que se generan durante el servicio, mantenimiento o limpieza de los buques), precisamente para que otras industrias los aprovechen en los procesos para generar biocombustibles. Las inversiones superan los 50 millones de euros para este proyecto.

Hay actualmente multitud de proyectos de investigación en marcha para valorizar elementos de la agroindustria, como los plásticos de invernaderos, y la biomasa. En el sector ya se habla de subproductos, no de residuos.

Trabas administrativas

La Asociación de Gestores de Residuos de Andalucía viene alertando de la excesiva carga burocrática y fiscal que limita el crecimiento de un sector que es estratégico para la economía y que en pandemia fue considerado esencial por parte del Gobierno.

Una ley de residuos muy exigente y poco realista, cuellos de botella administrativos que eternizan los trámites con sistemas informáticos que no funcionan son algunos de los problemas habituales para las empresas, según la patronal. Circunstancias que limitan el desarrollo de un sector llamado a tener mayor peso en la nueva economía.

Residuos peligrosos

De especial sensibilidad ambiental y social son los residuos considerados peligrosos. Según datos facilitados recientemente por el presidente andaluz, Juanma Moreno, en el Parlamento autonómico, en 2020 se gestionaron en la comunidad un total de 939.777 toneladas de residuos peligrosos. Hasta 188.000 proceden de otras comunidades autónomas (el 20%); 73.000, de otros países, principalmente europeos (7,8%); y la amplia mayoría, 678.000, proceden de industrias de la comunidad.

La comunidad tiene competencias para aceptar o rechazar residuos peligros procedentes de la Unión Europea, pero en ningún caso puede rechazar residuos peligrosos de terceros países, ya que esa decisión corresponde al Gobierno de la nación.

El 68% de los residuos peligrosos en Andalucía se valorizaron, mientras que un 36% se destinaron a operaciones de eliminación.

Nerva y el Cabril

En los últimos meses ha habido movimientos sociales contra el vertedero de Nerva, creado en 1995 por gobiernos autonómicos anteriores cerca del núcleo urbano. La empresa ha sellado ya el vaso número uno, que abarca un total de 6,1 hectáreas, un 21% de la superficie del vertedero. La Junta está tramitando la modificación de la autorización ambiental integrada que se hizo en la anterior legislatura, con un estudio que determine la densidad de los residuos, con el objetivo de que la empresa presente un nuevo proyecto y determine el ciclo de vida de la instalación para un procedimiento progresivo de cierre. La llegada de nuevos residuos, derrames sufridos durante el transporte y denuncias de ecologistas han puesto el foco en estas instalaciones.

Y días atrás ha trascendido la apertura de un expediente sancionador por parte de la Consejería de Medio Ambiente, que puede acarrear multas de 1,68 millones a la empresa que opera el vertedero, DSM, por exceder la capacidad de varios vasos. DSM ha anunciado que recurrirá la sanción, a su juicio fundada en informes técnicos "carentes de todo rigor".

Otra instalación crítica en este sector es el cementerio nuclear del Cabril. A finales del año pasado el Gobierno central anunció que se está valorando la opción de mantenerlo abierto más allá de 2035, con lo que podría llegar a duplicar el almacenamiento actual de residuos de baja y media intensidad. Desde la administración andaluza se ha criticado la opacidad del ejecutivo central en este asunto, y pide que se evalúen bien todos los detalles, como el efecto en el transporte de que todos los residuos de toda España vinieran a El Cabril, un enclave rodeado de espacios naturales protegidos.

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