Industria

La guerra trunca la venta de la filial rusa de GB Foods a una firma nepalí

  • La compañía ya había anunciado a los trabajadores la desinversión en el país
Ignasi Ricou, consejero delegado de GB Foods.
Barcelona

A la familia Carulla se le cayó una operación que creía hecha. La saga propietaria del grupo GB Foods -la empresa que comercializa marcas como Gallina Blanca, Yakisoba y El Pavo- daba por cerrada desde hacía meses la venta de su filial rusa al conglomerado nepalí Chaudhary Group. Todo parecía acordado e incluso la firma española comunicó la desinversión a la plantilla, pero el estallido de la guerra truncó todas las previsiones.

GB Foods y Chaudhary Group llegaron a un acuerdo a finales del año pasado para sellar una operación que rondaba los 30 millones de euros. Ambas partes se estrecharon la mano y dejaron rubricado el contrato a la espera del visto bueno de las autoridades de competencia. Sin embargo, el inicio de la invasión a Ucrania provocó que la compañía asiática se topara con problemas a la hora de financiar la adquisición. O esa fue la versión oficial.

Aunque la organización no quiso hacer comentarios a preguntas de este medio, fuentes internas explican a elEconomista.es que desde hace semanas se da por hecho que la operación ha caído. Ocho meses después de anunciar la venta a la plantilla, la filial todavía depende de la empresa española a pesar de las dificultades para operar debido a las sanciones impuestas por Occidente por la guerra. Y eso que los cálculos auguraban que el trato se zanjase el pasado mes de febrero.

Si bien es cierto que no existen limitaciones en las operaciones comerciales entre Nepal y Rusia, el comprador se pudo ver afectado por las restricciones impuestas por Europa y Estados Unidos y la inestabilidad de la economía dirigida por Vladimir Putin. Tampoco se descarta, eso sí, que el paso atrás sea una maniobra de Chaudhary Group para volver en unos meses exigiendo un precio inferior por la unidad de negocio visto el bloqueo.

Según informó el medio ruso Kommersant en diciembre, la filial rusa de GB Foods ganaba dinero. Contaba con una fábrica en la ciudad de Nizhny Novgorod, ocupaba a 171 trabajadores, el año pasado facturó 28 millones de euros y tenía unos beneficios que rozaban el millón. La familia Carulla hacía tiempo eso sí que sondeaba la desinversión debido a la situación económica del país en los últimos años y la subida de los costes de las materias primas por culpa de la debilidad del rublo.

Pese a los números negros, el grupo tuvo que anotarse un deterioro de 11,9 millones de euros en sus cuentas por la filial en 2021. En los últimos años había tenido que revisar a la baja el valor de la sociedad en 19,2 millones por los problemas de la economía del país. No es un drama para una organización que el último ejercicio ganó 134 millones y vendió por 1.293 millones

GB Foods es la última de las compañías afectadas por la invasión. Más allá de suspender la actividad, hubo empresas que tomaron medidas drásticas tras ver cómo no podían operar en el mercado. La firma de moda Mango cedió las 55 tiendas que tenía en el territorio de forma directa a sus franquiciados. Una solución similar tomó el grupo de baño Roca, que se desprendió de sus siete fábricas en el país y las vendió a la dirección local por un precio simbólico.

comentarios0WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin
FacebookTwitterlinkedin